Nació en 1996. La oveja Dolly, de raza Finn Dorset, nació el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo (Escocia), después de que un grupo de científicos extrajera el núcleo con material genético de una célula adulta para introducirlo en un óvulo previamente «enucleado» de otra oveja. La existencia de Dolly no se divulgó hasta siete meses después, el 23 de febrero de 1997.
Comité de bioética. Bill Clinton, que pocos meses antes había designado una comisión nacional de bioética para asesorarse en dilemas que pudieran surgir en investigaciones médicas y examinar asuntos de genética, encabezado por Harold Chapiro, pidió el lunes 24 de febrero que la comisión se pusiera en funcionamiento para revisar, en sus propias palabras «los asuntos legales e ilegales vinculados al uso de la tecnología para clonar embriones», y pedía un informe en 90 días.
Canon también hace copias. La publicidad también se hizo eco de la clonación. Canon sacó un anuncio con dos ovejas idénticas. «¡Vaya acontecimiento! Nosotros llevamos años haciendo copias perfectas», decía el anuncio en alusión a las fotocopiadoras de la compañía.
De marinero a embriólogo. Cuando a Ian Wilmut, «padre científico» de Dolly, contaba su historia decía que a los 10 años decidió que quería ser marinero. Pero a los 14 años descubrió que sufría un tipo de daltonismo y tuvo que pensar en otra carrera, pero una que le permitiera pasar tiempo al aire libre. Se graduó en agricultura, empezó a trabajar en granajas, luego estudió biología y, en la Universidad de Nottingham, descubrió una nueva pasión: los embriones. Como cuenta Gina Kolata, «los misterios del desarrollo de los embriones, el afán de ver la vida en el momento mismo de su surgimiento» fue lo que le fascinó.
Embargo roto. El artículo sobre Dolly en Nature se publicaba el 26 de febrero de 1997. Estaba previsto hacer una gran conferencia de prensa el 25 de febrero, el día antes de que la revista levantara el embargo y los periodistas fueran libres para escribir sobre Dolly. Pero el sábado 22 de febrero, The Guardian rompió el silencio. El frenesí de los medios de comunicación tomó por sorpresa a Wilmut y a otros.