Paquetes de azúcar, garbanzos, lentejas, fideos, arroz…garrafas de aceite, una tinaja de aceitunas “partías y aliñás”, fruta suficiente en cestas de esparto y productos que iba reponiendo cada cierto tiempo conforme se acababan.
Siempre tuve la certeza de que para ésa gran mujer que fue mi madre la tranquilidad consistía en tener la despensa repleta, sin lugares vacíos, no tener la incertidumbre de que no iba a pasar por lo mismo, por el sufrimiento del no tener.
Quizás la falta de alimentos en su cocina le recordaba los peores momentos de su vida. Y por desgracia, hoy, que debido a éstos terribles momentos que nos ha tocado vivir por un “virus” infernal que nos mantiene a todos “confinados” en casa, me acordaba de su cocina y pienso que estamos en tiempos de "guerra", de angustia, de preocupación y como ella, en “Mi Cocina” intento que nada falte en mi despensa.
Mi añorada madre, sin los recursos que hoy tenemos se las arreglaba como podía; ella había pasado por una situación real y dolorosa, no tener qué llevarse a la boca, no poder comprar nada porque no había nada para comprar.
Nosotros hoy podemos salir, aunque bien protegidos o pedir que te traigan los productos a casa a pesar de que no podamos hacer uso de ése gran tesoro: la maravillosa libertad.
Cada vez que abro las puertas de mi despensa, me detengo, respiro y sueño; siento que el mundo exterior aún existe, está allí fuera, que todo volverá a ser como “antes de”y que quizás sólo se ha detenido por pocos, muy pocos días. Mientras, intentemos tener ánimos, fuerza, hay que seguir viviendo y recordemos que todo en poco tiempo será un mal sueño y que cuando pase ésta pesadilla sigamos teniendo la alacena siempre llena.
Ella, mi madre, lo hacía y sin darme cuenta ahora sé que me lo había inculcado; siguiendo su costumbre, me doy cuenta que en mi cocina hay productos no perecederos que me sirven para preparar platos sin tener que salir en todo momento.
Hoy, con unos garbanzos de un puchero, cocidos, los he aprovechado y he preparado ésta receta vegana añadiéndole curry verde thai.
En sus orígenes, he podido leer, que el curry era una pasta y no un polvo, ésta premisa sigue viéndose en distintos países, incluyendo lógicamente India y cómo no, en Thailandia donde sus curries son populares y famosos.
Thailandia es uno de los países más famosos por su curry, sus variedades se identifican por su color: el curry rojo, el amarillo y el curry verde.
Hoy yo lo he usado para “reciclar” ésos garbanzos cocidos que quedaron de un buen puchero. ¿Se animan a probarlos?
INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
300 grms. de garbanzos cocidos (pueden servir los que ya venden en conservas, una vez escurridos), una cucharada pequeña(de café) de jengibre en polvo, un trozo de cebolla blanca dulce (tipo cebolleta), un diente de ajo, cinco granos de pimienta negra, el zumo de un limón, dos cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, una cucharada pequeña (tamaño café) de comino, media cucharada sopera de curry verde (en pasta, lo venden en las tiendas especializadas), 200 ml. de leche de coco, medio calabacín, unas hojas de cilantro, una cucharada pequeña de azúcar y sal.
LOS PASOS A SEGUIR:
En un mortero echar el comino, el ajo previamente pelado y cortado en trozos, la pimienta negra y él jengibre. Machacar bien hasta conseguir una pasta lo más fina posible, añadir el zumo de limón, remover a fin de que se integren todos los ingredientes. Reservar.
Colocar una sartén en el fuego y echar el aceite, una vez comience a humear incorporar los trozos de cebolla y pochar a fuego lento. Cuando comience a blanquear añadir los trozos de calabacín y remover durante medio minuto e incorporar la pasta de curry verde y seguidamente el “majaillo” de especias.
Lavar el rábanito y cortarlo en rodajas finas.
Para el emplatado colocar en el centro de un plato hondo el arroz, alrededor poner el curry verde con los garbanzos y para finalizar añadir unas hojas de cilantro en trocitos y unas láminas de rábano fresco.