En Semana Santa me atreví a mostrar en mi página de facebook el caos de mis telas y me propuse ordenarlas en esos días. Le di un buen empujón pero hasta hace poco no he logrado que tenga apariencia de orden. El antes y el después es tan llamativo que he hecho un montaje donde se puede ver perfectamente.
Pensé identificar las cajas con etiquetas monas, monísimas que yo preparara, pero la verdad es que ya he comenzado a manipular las cajas y no me hacen falta. Con la de veces que busco, guardo, pongo y quito telas a lo largo del día, ya he mecanizado los movimientos y sé qué telas contiene cada caja. Y no estoy yo para dedicar un tiempo valioso en algo que no es imprescindible.
El sistema de las bolsas me ha resultado comodísimo y al fin tengo juntos los trozos minúsculos de cada tela con otros grandes que me van sobrando de manera irregular con cada trabajo. Además, mantener el orden es fácil y cómodo, que es lo que me suele pasar a mí, que me desordeno enseguida.
Después de reestructurar baldas, pensé que en la primera quedaría bien colocar los bieses y cintas, así que me fui a la frutería. Sí, no me he equivocado, jeje.
Una nueva caja de fresas ha sido la solución. Decorándola igual quela anterior que pinté en una mañana de sol, forman un conjunto la mar de mono. Así que la desterré de su primer destino junto a la caja de gambas y la reubiqué en mi mueble de telas.
Ay, qué contenta estoy, me gusta cómo me ha quedado: me agrada a la vista, me resulta cómodo y soy capaz de mantener el orden de mis telas.
Pero como te decía al principio, no he terminado del todo. La parte baja del mueble está más ordenada que antes, pero tengo que comprar otro tipo de cajas más altas y lograr que el mueble en su totalidad sea un mueble de telas realmente ordenado, que tengo que mantener mi fama de persona ordenada.
Un beso a todas y feliz fin de semana!!!