ANNA: ¿Cómo puedes estar tan seguro de que le dices las palabras adecuadas a un actor?
VOGLER: No lo sé. Es una sensación.
ANNA: ¿Nunca tienes miedo de tener una sensación equivocada?
VOGLER: Cuando era más joven y debía haber tenido razones para tener miedo, no entendía que tenía razones para tener miedo.
ANNA: A lo largo del camino de muchos directores hay actores humillados y mutilados. ¿Te has molestado alguna vez en contar tus víctimas?
VOGLER: No.
ANNA: ¿Quizá no hayas causado víctimas?
VOGLER: No lo creo.
ANNA: ¿Cómo puedes estar tan seguro?
VOGLER: En la vida, o digamos mejor la realidad, creo que hay personas que llevan heridas de mi manera de proceder lo mismo que yo llevo heridas del comportamiento de otros.
ANNA: ¿No en el teatro?
VOGLER: No. No en el teatro. Quizá te preguntes cómo puedo estar tan seguro y ahora te voy a decir algo que suena sentimental y exagerado, pero que sin embargo es la pura verdad. ¡Yo amo a los actores!
ANNA: ¿Amas?
VOGLER: Exactamente, amo. Los amo como fenómeno en el mundo de los sentidos, amo su profesión, amo su valentía o su desdén por la muerte o como lo quieran llamar. Amo sus excusas, pero también su negra e implacable sinceridad. Los amo cuando me intentan manipular y les envidio su credulidad y su perspicacia. Sí, amo a los actores, incondicionalmente, grandiosamente. Por eso no puedo hacerles daño.
(guion de Ingmar Bergman.)