Un
estudio, de la Escuela de Medicina de Chicago Amiel Rosenkranz,
Departamento de Farmacología Celular y Molecular, publicado en la
revista Nature
Neuroscience,
arroja luz sobre el papel específico de la amigdala, del cerebro en
el comportamiento social y su patología con el autismo. Los
resultados cambian la conceptualización de las regiones del cerebro
importantes en la empatía y proporcionan el fundamento para orientar
la amígdala en ciertas formas de autismo. Los investigadores
midieron las respuestas de empatía entre roedores con un
comportamiento salton al que denominaron actor y roedores testigos.
El testigo desarrolló rápidamente comportamientos que hacían juego
con el tema de asombro, lo que refleja un comportamiento que es una
base para la empatía. Además, el testigo capto las señales
emocionales producidos por el roedor actor lo que indica que algo en
el ambiente puede ser peligroso. Sin embargo, cuando las partes de la
amígdala se cerraron, el testigo no mostró respuestas de empatía
como hacia el otro. En
concreto, se requiere la amígdala medial para que el testigo pueda
mostrar empatía, mientras que se requiere un circuito desde el
núcleo lateral de la amígdala a la medial (LA-MEA) para aprender
que el comportamiento del otro actor señala peligro en el medio
ambiente. Para
comprender mejor la relevancia de estos hallazgos , el estudio
examinó a continuación el deterioro de la empatía causada por la
eliminación experimental de NRXN1, un análogo de un gen asociado
con el autismo humano (NRXN). La Supresión de NRXN1 se asoció con
una falta de empatía comportamiento similar en el testigo, que los
investigadores han encontrado que se correlaciona con una mala
función neuronal en el circuito LA-AMA. Los hallazgos identifican
una anatomía específica en la amígdala que puede ser la base para
nducir problemas sociales causados por mutaciones relacionadas con el
autismo.