El calendario Azteca o Méxica

Por Enrique @asurza

La cuentas calendáricas empleadas por los mexicas tenían un origen muy antiguo. Puede decirse que provenían, en última instancia, de los tiempos olmecas. Siglos después, los cómputos originales se enriquecieron y perfeccionaron por sabios de origen zapoteca, asimismo y con la máxima perfección por otros, en particular los mayas y, más cercanos a los mexicas, los toltecas y mixtecos.
Entre los mexicas había dos sistemas de cómputo del tiempo. Uno era el tonalpohualli, cuenta de los días y destinos. Estaba integrado por 260 días con cuatro divisiones de 65 días, cada una, subdivididas en «cinco semanas» de 13 días cada una. La cuenta se desarrolla valiéndose de los numerales del 1 al 13 que se combinan con 20 signos de los días.
El sistema operaba en esta forma: 1-Lagarto, 2-Viento, 3-Casa, 4-Lagartija, 5-Serpiente, 6-Muerte, 7-Venado, 8-Conejo, 9-Agua, 10-Perro, 11-Mono, 12-Hierba, 13-Caña, 1-Ocelote, 2-Águila, 3-Zopilote, 4-Movimiento, 5-Pedernal, 6-Lluvia, 7-Flor. Continuaba luego con el primer signo de los días, pero con el correspondiente numeral, 8-Lagarto, 9-Viento, 10-Casa, 11-Lagartija, 12-Serpiente, 13-Muerte, para seguir de nuevo con los numerales del 1 al 13, pero con los siguientes signos de los días: 1-Venado, 2-Conejo, y así en adelante.

Funcionamiento del calendario Azteca

Para entender el funcionamiento de esta cuenta de 260 días es necesario entrar en algunas de las sutilezas del calendario solar de 365 días. El Xíhuitlf o año solar, consistía en 18 grupos o «meses», de 20 días cada uno, lo que da un conjunto de 360, a los cuales se añadían 5 días funestos, los nemontemi, al fin del año. Cada uno de los 18 meses estaba presidido por una deidad a la cual se dedicaba una fiesta especial. Estos 18 grupos de 20 días con los 5 al final eran el espacio de tiempo a lo largo del cual se desarrollaba el otro sistema, el tonalpohualli, o cuenta de 260 días.
Una primera consecuencia de esto es que en cada año solar había 105 casos de repetición en la combinación de los numerales y signos de los días (365 – 260 = 105 días). La manera de distinguir tales repeticiones de los días con igual designación era especificando su posición en los diferentes grupos de 18 veintenas que integran el año solar. En otras palabras, era necesario expresar, por ejemplo, si un día 7-Ocelote aparecía dos veces en el mismo año solar, si es que él caía en el primer mes llamado Atl cahualo, «Dejan las aguas», o en el decimotercero llamado Tepeílbuitl, «Fiesta de los montes».

Calendario Azteca o Méxica

Consecuencias de la interrelación de las cuentas calendáricas

Dos consecuencias muy importantes tenía esta interrelación de las dos cuentas calendáricas —la de 260 días y la del año solar—. Una era que, debido a los cinco días funestos al final de las 18 veintenas, solamente podía empezar el año solar con cuatro de los signos de los días. Estos eran así los introductores o portadores de los años. Para facilitar la comprensión de esto, supongamos que no se añadieran los cinco días funestos a los 360 días del calendario. En tal caso, el año comenzaría siempre por el primer signo de los días de la serie de 20 signos y no sería posible distinguir un año de otro. En cambio, al añadirse los cinco días funestos al final del año solar, sólo cuatro signos, apartados, uno de otro, en cinco posiciones, pueden dar su nombre al año en calidad de introductor del mismo.
La otra consecuencia se deriva de las posibilidades que se presentan al combinar las serie de numerales con los signos de los cuatro días que dan su nombre a los años. Los numerales, como en los otros cómputos calendárteos, van del 1 al 13. De esto se sigue que hay cuatro grupos de años, resultado de combinar 13 numerales con los 4 signos de los días, lo que integraba otro ciclo básico, el de 52 años solares conocido como xiuhmolpilli, «atadura de años». A su vez, dos «ataduras de años» componían una *huehuehtiliztli o «vejez» * de 104 años.
Los signos de los días, separados por cinco posiciones dentro de la serie de 20 signos de los días, y que operan como introductores o portadores de los años, son Calli, Casa; Tochtli, Conejo; Acatl, Caña; Técpatl, Pedernal. A lo largo de todos los ciclos los nombres de los signos de los días nunca aparecen en plural. Ocurre esto en forma parecida a lo que sucede en la cuenta calendárica adoptada por el mundo occidental. En ella, si un sábado cae en el octavo día del correspondiente mes, se dice sábado 8 y no sábados 8.

Los meses o veintenas de días

Interesa en este punto recordar los nombres de los meses o veintenas a lo largo del año solar. Se relaciona esto con el principio del año indígena, tanto en la serie de las veintenas como en su correlación con los años cristianos. Si bien hay en esto variedad de opiniones, optaremos aquí por el parecer del eminente estudioso de los calendarios prehispánicos doctor Alfonso Caso. Correlacionando varias fechas de la época de la Conquista con lo expresado en buen número de anales indígenas, llegó él a dos conclusiones fundamentales: una es que el año indígena comenzaba por la veintena llamada Atl cahualo, «Dejan las aguas»

Sociedad Azteca

Primer mes

La veintena llamada Atl cahualo, «Dejan las aguas», y que su principio coincidía con el día 27 de enero. Esa fiesta estaba dedicada a los tlaloque, o dioses de la lluvia. En ella se realizaban sacrificios en los montes cercanos a México-Tenochtitlan.

Segundo mes

La segunda veintena, llamada Tlacaxipehualiztli, «Desollamiento de hombres», estaba consagrada a Xipe Totee, El Señor desollado, y también a Huitzilopochtli, patrono principal de los mexicas.

Tercer y cuarto mes

Dos fiestas más guardaban relación entre sí. Una era Tozoztontli, «Pequeña vigilia», y Hueytozoztli, «Gran vigilia». En la primera volvía a hacerse fiesta a Tláloc, dios de la lluvia, y también a Coatlicue, madre de Huitzilopochtli. En la segunda, la deidad que se celebraba en especial era Cintéotl, Dios del maíz. Todos adornaban sus casas con ramos y ponían flores a las imágenes de los dioses.

Quinto mes

La quinta veintena tenía el nombre de Tóxcatl, que algunos interpretan como «Cosa seca». En ella se honraba a Tezcatlipoca, el dios del espejo humeante. Entonces sacrificaban a un joven que representaba al dios Tezcatlipoca y que había sido preparado para ello aprendiendo, entre otras cosas, a tocar muy bien la flauta.

Sexto mes

Etzalcualiztli, «Comida de maíz y frijol», era la sexta veintena del calendario solar. En ella se hacían ayunos y se ofrecían cañas tiernas. Había bailes, canto y diversas formas de regocijo. Todos comían entonces el manjar conocido con el nombre de Etzalli, hecho de maíz y frijol.

Séptimo y octavo mes

Tecuilhuitontli, «Pequeña fiesta de los señores», era el séptimo mes del año, al que seguía Huey tecuilhuilhuitl «Gran fiesta de los señores». En la primera se festejaba a la diosa de la sal conocida como Huixtocíhuatl, considerada como hermana de los dioses de la lluvia. Una mujer era sacrificada
entonces ataviada al modo de la diosa. También había bailes, cantos y regocijo. En la Gran fiesta de los señores, la deidad principal era Xilonen, diosa de la mazorca tierna.

Noveno mes

Tlaxochimaco, «Se hace ofrenda de flores», era la designación del noveno mes. Todos recogían flores en el campo para ofrecerlas al dios Huitzilopochtli. Había bailes en que participaban los grandes señores y los guerreros. Los ancianos podían consumir octli, la bebida embriagante. Se llamaba también Miccasilhuitoutli, Fiesta de los muertos.

Décimo mes

Xocotlhuetzi, que significa «Cae el fruto», era el décimo mes del año solar. En él se cortaba un gran árbol que se colocaba cerca del Templo Mayor, con adornos de papel blanco y también diversas formas de alimento. El dios festejado era Xiuhtecutli, Señor del friego. Se llamaba también Huey Miccailhuitl, gran fiesta de los muertos. Muchos eran los cautivos que se le sacrificaban.

Décimo primer mes

Ochpaniztli, «Barrimiento», era la undécima veintena del año. Hacían entonces fiesta a la Madre de los dioses, llamada Teteo Inan y también Toci, que significa Nuestra abuela. Había ofrenda de flores, bailes, cantos y sacrificios. En esta veintena se hacía alarde de toda la gente de guerra.

Décimo segundo mes

Teotleco, «Llegada de los dioses», se llamaba el duodécimo mes del año. Se decía que se festejaba a todos los dioses. Se enramaban y enfloraban los altares y se hacían ofrendas con maíz. Se decía que iban llegando, uno tras otro, los diversos dioses, el primero de ellos Titlacahuan, que era joven y caminaba mejor. Se creía que a la postre llegaban los dioses viejos.

Décimo tercera mes

Tepeílhuitl, «Fiesta de los montes», era el decimotercero de los grupos de veinte días. De nuevo se festejaba a los montes y a los dioses que en ellos moran, es decir, a los de la lluvia.

Décimo cuarto mes

La decimacuarta veintena tenía el nombre de Quecholli, que significa «Flamenco». El festejado era Mixcóatl, dios guerrero llegado del norte.

Décimo quinto mes

La decimoquinta veintena, Panquetzaliztli, «Levantamiento de banderas», estaba consagrada al dios Huitzilopochtli. Se actualizaba su nacimiento y la lucha que había sostenido contra sus hermanos los Guerreros del Sur.

Décimo sexto mes

Atemoztli, «Baja el agua». Así se conocía el decimosexto mes del año solar. En él se hacían súplicas para obtener la lluvia, dirigidas a Tláloc y a sus servidores los tlaloques.

Décimo séptimo mes

Títitl «Encogido o arrugado», era el decimoséptimo mes. Los festejos se dirigían a Ilamatecuhtli, la diosa anciana, conocida también como Tonan, Nuestra Madre. Una mujer, que era sacrificada, se vestía con sus atavíos.

Décimo octavo mes

Finalmente, el decimoctavo mes tenía el nombre de Izcalli, que significa «Resurrección». Nuevamente el dios del fuego y del tiempo, Xiuhtecuhtli, era la figura central de la fiesta.
Los días nemontemi, es decir los cinco considerados funestos al fin del año, lejos de celebrarse, eran de inacción casi total. Se decía que quienes nacían en alguno de ellos serían desafortunados en la vida.

Cuauhpipiltin

Fechas propicias o funestas

Estas eran las fiestas de las veintenas del año solar. Los sacerdotes llamados tonalpouhque, los que declaran los días y los destinos, tenían por oficio esclarecer el carácter propicio o aciago de cualquier fecha. Muchos eran los factores que debían tomar en cuenta para declarar el significado de determinado periodo del tiempo. En primer lugar tenían que atender al día, con su numeral y su signo calendárico, la deidad que lo presidía, su color asociado, las ofrendas y sacrificios que debían hacerse. También debían tomar en consideración la hora del día o de la noche. Trece eran las del día y nueve las de la noche. Cada una tenía sus correspondientes aves y señores. Además, cualquier día, dentro de la serie de los 260 días, tonalpohualli, o cuenta de los días, ocupaba una posición especial dentro del calendario.

Influencias de las divisiones del tiempo

Diversas influencias coloreaban por así decir cada una de las divisiones del tiempo, que además estaban orientadas hacia los diferentes cuadrantes del espacio. La suma de todo estos factores y otros que aquí se omiten implicaba presencias divinas que influían en los correspondientes momentos. Enjambres de símbolos, colores, árboles cósmicos, aves cósmicas, deidades y otros muchos elementos correspondían a cada uno de los cuadrantes del universo y al centro, su quinta posición.
El tiempo en el pensamiento indígena se iba especializando, de manera que surgían años del rumbo del Oriente, años del Norte, del Poniente y del Sur. En cada atadura de años, grupo de 52, existían 13 años con el signo Conejo, orientados al rumbo del sur. Otros 13 con signo de Caña, referidos al Oriente; 13 más con el signo de Pedernal, hacia el rumbo de los muertos, es decir, el Norte. Y finalmente otros 13 con el signo de Casa, propios del Poniente. Un texto náhuatl, ilumina esto:

Uno Conejo, se llama el signo anual, la cuenta de los años del rumbo del sur. Trece años porta, encamina, lleva a cuestas siempre, cada uno de los años…
Caña, se dice al día del rumbo de la luz (oriente), así como también se dice al signo anual del rumbo de la luz, porque de allá aparece la luz, el resplandor.
Y el tercer grupo de años:* Perdernal*. Se dice el signo del rumbo de los muertos… (el norte).
Y el cuarto signo anual, Casa se dice el día del rumbo de las mujeres (el oeste)…
Cuando todos los trece años terminaban, se acercaban, concluían, cuatro veces daban vueltas, se apartaban, iban entrando cada uno de año en año….
Expresando esto mismo en términos del pensamiento náhuad, puede decirse que, al espaciarse el tiempo, fue posible la Edad de Movimiento, es decir, la de la época actual. En ella se someten los años y los días al influjo de cada uno de los cuatro rumbos del universo.
Otro aspecto de los logros de los sabios nahuas para lograr una concepción matemática del mundo y del acaecer temporal lo constituye su adopción de una serie de cifras claves, como son, entre otras, las siguientes: 4, 5, 13, 20, 52, 260, 360, que les permitieron enmarcar con exactitud un sinnúmero de fenómenos astronómicos y calendáricos. En función de dichas cifras —no obstante lo limitado de los estudios hechos acerca de esto— se sabe que los sabios llegaron a crear verdaderos «relojes cósmicos» de asombrosa precisión, que les permitían conocer y aun predecir la marcha de los astros y, en una palabra, el ritmo de los tiempos.
Es cierto que en el estudio de esta forma de pensamiento náhuad han introducido algunos investigadores buen número de fantasías. Sin embargo, lo que hoy se conoce con certeza basta para hacernos admirar esta forma de pensamiento, enraizado en los cómputos matemáticos.

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