Las denuncias van en globo y surcan campos repletos de presuntos malhechores que vendimian litigios, jueces y abogados. Desde una cierta altura las cosas se ven diferentes, pues el bien pasa inadvertido y el mal no lo parece tanto. Es más, con un simple golpe de teclado doy en el blanco, y enseguida veo cómo llueven expedientes con historias repletas de miserias humanas sin resolver, hasta que un proyectil en forma de antivirus aparece por la parte derecha de la pantalla e impacta de pleno en mi come expedientes que, poco a poco, pierde su eficacia destructora. Yo intento salvarle pulsando Esc, sin embargo, cuando creo que he ganado la partida, veo cómo mi jefe abre la puerta de mi despacho. Pulso Ctrl+Alt+Supr y abandono a mi destructor de denuncias voladoras antes de que sea consciente de donde van a parar los recursos del juzgado, Él nunca entendería que, un vulgar auxiliar de justicia, se tomara la ídem por su mano,y de paso, le dejara sin trabajo.