El escultor Henry Moore

Por Jriquelmeib






Henry Moore nació en 1898 en Yorkshire, Castleford, Inglaterra. A pesar de su temprana atracción por la escultura, respetando los deseos de su padre, se convirtió primero en maestro de escuela de su pequeño pueblo. Entonces, estalló la I Guerra Mundial y formó parte del 15 Regimiento de Londres. Sin embargo, se envenenó con los gases tras un ataque en Bélgica y fue enviado de vuelta a Inglaterra para su recuperación.

Tras el armisticio, gracias al dinero que le fue otorgado por el Gobierno británico para su rehabilitación, pudo inscribirse en la Escuela de Artes de Leeds, donde estudió durante dos años. Allí conoció a la escultora Bárbara Hepworth. La relación entre ellos fue muy productiva; ambos intercambiaron ideas y se influyeron artísticamente.
Posteriormente, se marchó a Londres y continuó sus estudios en el Royal College of Art hasta 1924. Fue una época de intensa actividad y desarrollo de ideas, muchas de ellas recogidas en el cuaderno de notas que ha sobrevivido de aquella época. Tras finalizar sus estudios, fue nombrado profesor del mismo colegio y obtuvo una beca para viajar por Italia y Francia, gracias a la cual tuvo la oportunidad de descubrir a los grandes maestros. Fue profesor del Royal College entre 1925 y 1932 y fue allí donde conoció a Irina Radetsky, estudiante de pintura, con quién se casó en 1929.
Lejos de las tendencias académicas tradicionales y del realismo de Rodin, Henry Moore encontró en los pueblos primitivos y en el arte egipcio y etrusco su fuente de inspiración. El posterior descubrimiento de la escultura de las civilizaciones maya y azteca ejercería una influencia decisiva en la obra del escultor británico. Durante esta época creó una colección de figuras femeninas reclinadas, en las que realizó toda clase de experimentos que iban desde un modelado redondeado o geométrico hasta casi tocar la abstracción. En la década de 1920 destacan Maternity (Maternidad, 1924) y Mother and Child (Madre e hijo, 1924-25).
La primera exposición de Moore fue apoyada y presentada por Jacob Epstein, pero no tuvo éxito alguno. Sus obras fueron criticadas violentamente y Moore se vio convertido en una figura de escándalo. La tradición escultórica inglesa era muy pobre en aquel momento y las corrientes de vanguardia que cultivaban artistas como Moore eran mal vistas por el público y la crítica conservadora.
-Figuras reclinadas y maternidades
A partir de la década de 1930 las figuras reclinadas y la maternidad serán los dos temas predilectos de Henry Moore; después se sumarán a éstos pequeñas cabezas y grupos de familia. Siguió experimentando y en su obra cultivó dos corrientes opuestas: La abstracción y el surrealismo. En 1933 comenzó a tomar parte en diversas actividades de los surrealistas y así se convirtió en uno de los fundadores del grupo surrealista de Inglaterra. Entre 1932 y 1939, además, fue profesor de la Escuela de Artes de Chelsea.
Entre las obras de esta época son destacables Composition (1931), Head and ball (Cabeza y pelota, 1934); Bird and egg (Pájaro y huevo, 1934) o Mother and child (Madre e hijo, 1936), etc. La pieza Head and ball , por ejemplo, refleja una estrecha relación con los movimientos surrealista y constructivista.
-La importancia del vacío
En 1934 Moore comienza a horadar los materiales y a partir de 1940 los agujeros o vacíos y las masas tendrán la misma importancia en las obras de Moore, en la búsqueda de la complementariedad de la forma y el espacio.
Entre 1937 y 1939, inició un nuevo tema basado en construcciones geométricas o de volúmenes redondeados, con cuerdas o hilos que recorren los espacios. El uso de la cuerda o el hilo tenía como objetivo mejorar la visibilidad interior de las estructuras, más orgánicas y antropomórficas, como es el caso de Bird basket (Cesta de pájaros, 1939).
-Sus dibujos sobre refugios antiaéreos, reconocidos por el público

Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez de materiales lo obligó a realizar esculturas de pequeñas dimensiones y a dedicarse al dibujo. A partir de 1940 comenzó una serie de dibujos basados en la experiencia vivida por los británicos, que tuvieron que buscar refugio en el metro londinense para defenderse de los bombardeos. Irónicamente, fueron estos dibujos de los refugios antiaéreos y no sus esculturas los que le otorgaron el merecido reconocimiento al escultor británico. Por primera vez la gente tomaba en cuenta su obra, y su reputación comenzó a extenderse a otros países. Además, en 1941, el entonces director de la National Gallery, Kenneth Clark, nombró a Henry Moore artista oficial de guerra.
Por otro lado, entre 1943 y 1944 realizó para la iglesia de St. Matthew en Northampton, una estatua de la Madonna con el Niño y, en 1946, nació su única hija Mary, hechos éstos que le inspiraron para seguir tratando el tema de la maternidad. En esa época empezó también a crear una serie de grupos familiares, por lo general en bronce.
Después de la guerra, el arte de Henry Moore fue finalmente aceptado y el arte moderno, en general, fue reconocido en Inglaterra como parte de la tradición artística nacional.
-Premios y reputación

En 1948 Henry Moore recibió el Premio Internacional de Escultura en la XXIV Bienal de Venecia, lo que aumentó la reputación internacional del artista. El aislamiento y las críticas sufridas durante los primeros años se traducirán a partir de entonces en premios y honores. Además recibirá encargos importantes, la mayoría de ellos para exteriores, que le llevarán a aumentar el tamaño de sus obras. Por ejemplo, King and Queen (Rey y reina, 1952-53), la escultura que le fue encargada para la coronación de la reina Isabel II o Reclining figure (Figura reclinada, 1958) realizada por mandato de la UNESCO.
Convertido en uno de los más grandes escultores del siglo XX, Moore continuó realizando esculturas hasta que en 1986, a la edad de 86 años, murió en Much Hadham, Hertfordshire. Sus obras pueden ser admiradas en los principales museos de arte moderno del mundo y en muchos países, en edificios, plazas, parques y jardines.
-La figura humana como centro de su preocupación

La intensa observación de la naturaleza y la figura humana como centro de su preocupación son constantes en la obra de Moore, que siempre ha oscilado entre la figuración y la abstracción. Su universo de formas parece venir de la más remota antigüedad, sin embargo, son una expresión profunda y vital de la realidad contemporánea.
Su escultura se caracteriza por la incansable investigación de formas y materiales y por la fuerza y profundidad de sus figuras (que parecen animadas por una intensa vida interior), en las que opone con maestría los volúmenes cóncavos y convexos. Y es que, en las esculturas de Moore, el espacio forma parte de la obra.