Ayer estuve en la sede de la Organización Médica Colegial, que aglutina a todos los colegios de médicos. Me habían invitado dos presidentes de colegios, el de Badajoz y el de Segovia, para participar en una jornada titulada Médicos y medicamentos: ¿Conflictos de intereses? Llegué tarde, lo justo para perderme la primera intervención a cargo de Joan-Ramón Laporte, catedrático de Farmacología, que debió de ser sonada pues tendría un par de rifi rafes con José Ramón Luis-Yagüe, responsable de las relaciones de Farmaindustria con las comunidades autónomas, uno de ellos tras afirmar Laporte que “la industria nos ha robado hasta el significado de las palabras” en referencia a cómo los daños provocados por los medicamentos para los laboratorios son una cuestión de “seguridad“.
La medicina está cada vez más influida por las industrias, no sólo por la farmacéutica, también por las alimentarias y/o de tecnología sanitaria. Baos criticó que la financiación de muchas sociedades científicas provenga de las industrias y dijo que algunas de estas asociaciones viven por ello. Habló también de una “soberbia prescriptiva” de los médicos que no actúan en beneficio del paciente, aunque es cada vez menor, según él.
Luis-Yagüe hechó un discurso, con mis respetos, manido y previsible (su “enfrentamiento” con Laporte le traería recuerdos a quienes nos hayan visto en directo a Julián Zabala, Director de Comunicación de Farmaindustria, y a mí):
“No prescribe la industria sino los médicos”. Está claro que o no se ha leído mi libro Laboratorio de médicos o el libro es tan malo que no le ha provocado el más mínimo efecto.
“El nuestro es un sector hiperregulado“. Y es cierto como que la industria mantiene conflictos de intereses e influencias con todos los actores del sector (administraciones, agencias reguladoras, médicos, asociaciones de pacientes, medios de comunicación, etc).
“Los pacientes son el centro de todo pero no se les pregunta”. También es verdad como que la industria lleva unos años acercándose a ellos para enseñarles a pedir a sus médicos los medicamentos que le interesa vender. De hecho Farmaindustria edita una revista que lleva por nombre Pacientes.
Así que ayer se habló mucho de ética. Y de visita médica (Pedro Rubio, presidente de la Sociedad Extremeña de Medicina Familar, quien me sustituyó en la mesa por un malentendido disculpable que tuve con la organización, fue todavía más lejos de lo que yo hubiera ido y se preguntó sobre prohibir la visita médica). Y de recuperar la independencia en el ejercicio de la medicina. Y de informarse por cauces independientes. Yo me quedé con buen sabor de boca. Parece que algo está cambiando, que las presiones que está sufriendo la medicina, en todos los ámbitos e interpretaciones de la misma, y por variados agentes que responden a intereses privados, está tocando fondo. Que existen ganas de cambiar las cosas y que no se puede parar la marea de indignación que también recorre este sector. Un sector que es algo más que eso pues en el fondo quien tira a dar sobre él a quien hiere o mata es al ciudadano necesitado de cuidados.
Más info: En el libro Laboratorio de médicos. Viaje al interior de la medicina y la industria farmacéutica.