'Españolazos', conflicto por La Roja en el País Vasco

Publicado el 02 julio 2012 por Jlmon


Domingo 1 de julio, 11´30 pm, Getxo, Vizcaya.
Después de disfrutar con un increíble partido de la selección española de futbol en la final europea, salgo a pasear con mi Bodeguera Andaluza a un parque cercano donde puede disfrutar correteando de un lado a otro. Al volver a casa, observó como un coche aparca precipitadamente y salen cuatro jóvenes mal encarados dirigiéndose a la entrada de la estación de metro cercana. Segundos después, escucho gritos: ¡Cobardes! ¡Cabrones! ¿Pero cómo podéis hacer esto con un niño delante? Me acerco y me encuentro con una escena que ya me temía… Un hombre con claros signos en la cara de haber sido agredido violentamente y, junto a él, su hijo de diez años vestido con la camiseta de la selección española.

Escucho gritos algo más adelante y antes de poder reaccionar, una tromba de jóvenes con camisetas de la selección de Euskadi y otros signos nacionalistas pasan huyendo junto a nosotros, algunos de ellos nos insultan sobre la marcha y hasta amenazan al niño que ya comienza a quitarse la camiseta de la Roja. Nos acercamos a la estación, un coche de la Policía Urbana y otro de la Policía Vasca, un joven con la camiseta de la selección española increpa al municipal: ¡Me han pegado y tú mirando! Comienzan a llegar jóvenes y vecinos con camisetas de la Roja y banderas españolas, aparecen nuevos jóvenes radicales, insultos, crece la crispación, el coche de los ertzainas ha salido en persecución de los agresores, el policía municipal apenas si puede contener a ambas partes, llegan más vecinos y finalmente los radicales deciden emprender la retirada…

Vuelvo lentamente a casa y recuerdo que el día anterior leía en la prensa local como el Diputado General de Vizcaya afirmaba que esperaba un 0- 1 a favor de Italia en la final después de que los alemanes le fallaran en el pasado… Acabo de presenciar un acto más de ausencia total de inteligencia por parte de personas con las que me veo obligado a convivir cada día. Soy consciente de que su respuesta sería algo así como “pues vete a hacer hostias a Burgos, ¡españolazo!” Por si no lo sabían, el término utilizado es “españolazo” y se atribuye a toda persona o cosa que no comulgue estrictamente con sus deseos y empleo este término porque hablar de ideas no viene a cuento en mentes que apenas han pasado más allá del estadio de desarrollo del feto.

El término “españolazo” es una actualización de aquellos hirientes epítetos que ya se inventaron hace décadas en estas tierras: maqueto, coreano… Pero su uso se ha generalizado más allá de los inmigrantes recién llegados a un País Vasco – Euskadi- Euskal Herria o cómo se diga. Ahora “españolazo” puede serlo cualquiera, da igual que haya nacido en esta tierra maltratada, acumule doscientos ochenta apellidos vascos, haya escrito una tesis doctoral sobre el cultivo del mango en tiempos de los banderizos o simplemente aspire a vivir en paz.

No, ni voy a tildar a esta gente de fascistas, ni voy a remontarme al origen maqueto de la señora esposa de Sabino Arana en lo suyo juaristiano. Mi vida es más importante que todo eso. Mi inteligencia no me perdonaría ceder a la tentación. Quizás acabé marchando de aquí, quizás alguien escriba una barbaridad en los comentarios de este post, quizás decida dedicarme al cultivo del malvavisco o me entregue a la causa de los gorilas de montaña. Pero, una cosa es cierta, la Vida no me pillará sin haberla vivido intensamente, sin haber aprendido de mis errores, sin haber buscado más allá de estos cuatro valles, sin haber renunciado a cualquier tipo de violencia por un trapo de color y cuatro idioteces trasnochadas, sin haber entendido que chorizos los hay en todos los lugares pero que también existe gente que necesito descubrir, sin sentirme orgulloso de haber llegado hasta aquí sin imponer a nadie aquello en lo que creo, sin esa necesidad constante de aprender del otro. No, no voy a caer en la tentación porque bastante tiene esta gente con lo que les espera, un final de sus días vacío, una agonía sin recuerdos, una muerte solitaria…