Filarmónica del Elba, Hamburgo / Herzog & de Meuron

Por Pallares

Ubicada en pleno centro de la HafenCity de Hamburgo, la Filarmónica del Elba se emplaza en una pequeña península triangular, donde se conserva la estructura de un antiguo almacén portuario de cacao, té y tabaco que permaneció en uso hasta finales del siglo pasado.

Este volumen presenta una envolvente robusta de ladrillo y actúa como basamento de una construcción contemporánea vidriada, ofreciendo una plataforma sólida para las actividades de la filarmónica y una fachada icónica identificable desde varios puntos de la ciudad y del puerto.

El proyecto, desarrollado por Herzog & de Meuron, reproduce la planta del almacén para el volumen superior, pero modifica de forma radical su geometría y materialidad. La cubierta ondulante, compuesta por ocho secciones de curvatura cóncava, alcanza una altura máxima de 110 metros en el extremo de la península.

Entre el basamento de ladrillo y el volumen superior se inserta la plaza, un espacio público de 4.000 m² situado a 37 metros de altura, concebido como punto de transición entre el entorno urbano y las funciones internas del edificio. Desde este espacio, se aprecian vistas panorámicas de 360° hacia el río Elba, el puerto y el centro histórico de Hamburgo.

A partir de la plaza, un recorrido perimetral exterior rodea el edificio, mientras que en el interior se distribuyen los accesos a la gran sala principal, la sala de recitales, el vestíbulo del hotel y otras áreas de uso público. El programa se completa con un estacionamiento de varios niveles con unas 500 plazas, zonas de backstage, salas de conferencias, instalaciones de spa y un tercer auditorio con capacidad para 170 personas.

La fachada constituye uno de los elementos más representativos del proyecto. Su superficie de más de 21.000 m² está compuesta por paneles de vidrio aislante, de los cuales un cuarto corresponde a unidades de doble acristalamiento curvo con acabado plateado brillante.

Cada panel fue diseñado individualmente con dimensiones y espesores ajustados a su posición y curvado mediante un proceso térmico controlado a temperaturas de entre 550 y 600 °C.

El vidrio base se caracteriza por su alta transparencia y neutralidad cromática, al que se incorporaron recubrimientos para control solar y aislamiento térmico. Algunos paneles superan los cinco metros de altura, anchos de hasta tres metros y un peso aproximado que supera la tonelada.

La superficie exterior está tratada con un patrón de puntos reflectantes de color gris basalto, calculado digitalmente según la orientación y la función de las distintas piezas. Este patrón reduce la ganancia térmica y genera efectos visuales que varía según las condiciones de luz natural y la posición del observador.

La composición formal de la fachada se enriquece con perforaciones y aberturas orgánicas, lo que genera relieves superficiales que sugieren movimiento. Además, los paneles en conjunto conforman una envolvente continua que reacciona a la luz del cielo, el agua y la iluminación urbana, integrando la imagen del edificio con su contexto portuario.

El techo, de 7.000 m², se compone de ocho secciones esféricas cóncavas recubiertas con elementos reflectantes que potencian el brillo y la percepción volumétrica desde el exterior.

Su estructura está formada por un entramado de acero en forma de estrella que permite cubrir la Gran Sala sin necesidad de pilares intermedios. Las piezas estructurales soportan la cubierta exterior, la envolvente interior, las plataformas técnicas y la “piel blanca”, un revestimiento acústico que integra paredes y techo de la sala.

La integración de tecnologías avanzadas en acristalamiento, un sistema estructural de gran envergadura y un programa arquitectónico que combina usos públicos, culturales y residenciales consolidan al edificio como una obra singular dentro del panorama arquitectónico contemporáneo.