George Stephenson

Por Enrique @asurza

George Stephenson fue un inventor e ingeniero autodidacta británico del siglo XIX, cuya experiencia como mecánico en la rica región minera del norte de Inglaterra le bastó para realizar la revolución más importante del transporte de la era moderna: la construcción del primer ferrocarril. «Los que hemos vivido antes del ferrocarril y sobrevivimos como reliquias del mundo antiguo —escribió el novelista británico W. M. Thackeray—, somos como Noé y su familia fuera del arca.»

Acontecimientos importantes de George Stephenson

1781 Nace en Wylam, Inglaterra.
1815 Hace de la locomotora una auténtica «máquina viajera».
1825 Construye y pone en funcionamiento el primer ferrocarril de la historia: la línea de Stockton a Darlington.
1830 Se inaugura la línea férrea Liverpool-Manchester, que consagra el éxito definitivo de su obra.
1848 Muere en Chesterfield.

Un «caballo de fuego» por un «camino de hierro»

Si existió alguna vez, a los ojos del más consumado pregonero del «evangelio del trabajo», Samuel Smiles, alguien capaz de simbolizar los valores del hombre Victoriano, éste fue, sin duda, George Stephenson, el fundador del ferrocarril. Nada de lo que hizo se lo debió a la suerte, a la protección de los poderosos o a los beneficios de una educación esmerada. Su vida, al igual que su obra, fue la de un caballo de fuego por un camino de hierro.

George Stephenson, hijo de un fogonero en las minas de Newcastle, nació en Wylam el 6 de junio de 1781. Desde muy joven se familiarizó con el oficio de su padre y adquirió gran destreza en el manejo y la reparación de las máquinas de vapor. Ya cumplidos los dieciocho años tuvo ocasión de asistir a la escuela nocturna; allí aprendió a leer, escribir y poco más. En 1802 se casó con Frances Henderson, y un año más tarde nació su único hijo, Robert Stephenson. Bien poco duró este matrimonio, pues su esposa falleció en 1806, dejándolo solo ante la tarea de educar a su hijo. A ella se volcó Stephenson concienzudamente, y con no poco éxito, ya que consiguió hacer de él uno de los ingenieros civiles más importantes de su época.

Construcción del primer ferrocarril de la historia

En 1812 Stephenson comenzó a interesarse por las posibilidades del ferrocarril. Era mecánico jefe en las minas de carbón de Killing-worth, y no partía de cero.

Los raíles, por ejemplo, de madera o de hierro, eran de uso corriente en las explotaciones mineras, sobre ellos circulaban, arrastradas por caballos, las vagonetas repletas de mineral desde la bocamina hasta los embarcaderos. En cuanto a la locomotora, ya se habían conseguido importantes progresos, de los que él, sin duda, fue testigo. El ingeniero Richard Trevithick había introducido la alta presión en las máquinas de vapor, innovación que el propio James Watt había desechado por arriesgada y difícil de llevar a la práctica, y aplicando dicho principio construyó el primer locomóvil, el New Castle, en 1804. Sin embargo, este logro no despertó el interés que sin duda merecía, y Trevithick acabó por mostrar su invento a los ojos de todos, en exhibiciones públicas ad hoc, como la que realizó en Londres en 1808, cuando la Catch-me-who-can (‘Atrápeme-quien-pueda’), una de sus locomotoras de vapor, arrastraba un pequeño tren sobre una vía en circuito cerrado instalado cerca de Euston Square, y al público asistente, curiosos en su mayoría, se le permitía efectuar viajes por cinco peniques.

Ferrocarril

Stephenson se benefició, no obstante, de un hecho circunstancial. La elevación del precio de los forrajes, consecuencia de la guerra contra el emperador Napoleón Bonaparte, empujó a los arrendatarios de las minas a tomarse en serio la sustitución del secular tiro de caballos por los nuevos procedimientos de tracción mecánica. No desaprovechó Stephenson la ocasión, y en 1815 descubrió que si el vapor sobrante se hacía escapar por la chimenea, el tiro de la caldera aumentaba considerablemente. Fue éste un descubrimiento de capital importancia, ya que su aplicación permitía la construcción de locomotoras capaces de competir con éxito con el más veloz de los caballos.

En 1822 Stephenson fue contratado por un grupo de acaudalados cuáqueros para construir el primer ferrocarril, la línea de Stockton a Darlington, inicialmente concebido para el transporte de carga, y abrió un taller de material ferroviario en Newcastle. El 27 de septiembre de 1825 la Locomotion, construida por él mismo, realizó el viaje inaugural tirando de un tren cargado con hierro y carbón a la velocidad de 24 kilómetros por hora.

Construcción de la linea férrea Liverpool-Manchester

Stephenson confirmó el éxito en 1826, cuando le fue confiada la construcción de la línea férrea entre Liverpool y Manchester, el primer servicio regular de pasajeros. Concluida la obra tres años más tarde, se realizaron unas pruebas en Rainhill para elegir la locomotora, y en ellas la Rocket de Stephenson, equipada con una caldera tubular, superó los 50 kilómetros por hora y demostró su superioridad sobre las demás máquinas participantes. El 15 de septiembre de 1830 aquella locomotora circuló por vez primera entre ambas ciudades, inaugurando de ese modo la era del ferrocarril.

A partir de entonces, la railway mania, afán desmesurado en la construcción de nuevas líneas, asoló primero Gran Bretaña y después el mundo entero. La velocidad del ferrocarril no se detuvo ante nada. Una y otra vez eran superadas las barreras naturales. Fue una época dorada para la ingeniería civil, y los puentes, viaductos y túneles proliferaban por doquier. Stephenson se convirtió en el más solicitado de los ingenieros, participando en muchos de estos proyectos. Su actividad profesional se prolongó hasta 1841, cuando, ya cansado, fijó su residencia en Chesterfield, falleciendo allí el 12 de agosto de 1848.