Cuando terminan la comida y retiran los platos, dejan siempre los vasos para el postre, para el gelato. Esa sobremesa me transporta a una película, a las risas, las discusiones tontas, nadie coincide nunca con el mejor sabor de helado. Para mí, fue la primera vez que me comía un helado de avellana y pistacho en una taza. Me pareció práctico, igual que a ellos les fascina que cortemos la pizza con tijeras.
Tampoco había tenido nunca la ocasión de ducharme con la lavadora en marcha. Siempre me había parecido de piso de pobres. Compenso porque nunca había tenido un Mac. Nunca antes había perdido un vuelo, hasta hace un par de semanas, tampoco le había gritado antes al hombre del aeropuerto si sabía lo que era el karma, porque se lo devolvería. Sí que había gritado enfadada antes a otra gente. Enfadada y ebria.
Fui por primera vez a Lloret la semana pasada, donde mis amigos alemanes y holandeses de Erasmus habían hecho su viaje de fin de curso, pero esta vez me llevaron a los sitios más locales. En el bar donde nos pedíamos cada día un bocata de fuet para desayunar, les preguntaban por la familia, se sabían el nombre de sus amigos, les daban palmadas en el hombro. Mentiría si dijese que nunca había hecho un viaje con gente que acababa de conocer. Timor. Aunque sí que fue la primera vez que hice un viaje por una apuesta. Flamisell.
También fue por A., que me dice el día antes que no estamos en la misma página, que quiere “take it easier”. No le pregunto ni qué quiere decir con eso. Le contesto algo seca, pero agradeciéndole la sinceridad. Dos días después, me vuelve a escribir, que soy una persona increíble y una chica muy guapa y que le gustaría que pudiésemos quedar igualmente para ir a la playa o jugar a spikeball. Que no estoy enfadada, le contesto, que podemos quedar “someday”.
Luego hablo con unos amigos sobre el love bombing y la gente manipuladora, que se enfada si no reaccionas como ellos querían. Tal vez él quería que llorase, que le suplicase, que le pidiese explicaciones, que le insistiese para quedar en persona. Creo que eso ya no va a pasar nunca con nadie. Borré su contacto. Por borrarse, se borró hasta el único texto que escribí sobre él. Eso sí que me da lástima. Recuerdo su mano metida en mi escote mientras me miraba a los ojos y me pedía que siguiera contándole la historia.
Aunque me encantan las listas, no había escrito antes una con 50 cosas que quiero hacer este verano. Bueno, aún me quedan unas cuantas por rellenar.
-Esto dice mucho de mí -le digo a M.Z.-, que no sé lo que me gusta si solo soy capaz de pensar en 20 cosas.
Lo decía en broma, pero a la vez tiene parte de verdad.
Por primera vez le hablé a un chico en la playa para pedirle unas fotos de la luna, por primera vez hice un ritual de la luna llena, por primera vez he montado un mueble
Hace tiempo, pero muchísimo tiempo, escribí un texto sobre las primeras veces, seguramente aún lo tendré guardado por ahí. Me gusta pensar que, tantos años después, aún sigo viviendo cosas por primera vez.
No sé cómo explicarte que últimamente siempre tengo hambre, me imagino que es un hambre de todo, como Amelie Nothomb, hambre de conocer y de quedarme con todo el tiempo posible, más del que se me ha asignado.