IA, sé lo que haces!

Por Rferrari @saludigital

“Si las redes sociales captaron nuestra atención, los chatbots de IA generativa lo han hecho con nuestras emociones. Sus historias están entrelazadas: primero, las personas se comunicaban verbalmente; luego, a través de máquinas; ahora, nos comunicamos directamente con ellas.” (1)

Sherry Turkle, psicóloga clínica, Dra en Sociología y Psicología de la Personalidad de la Universidad de Harvard y profesora titular de la cátedra Abby Rockefeller Mauzé del MIT,  lleva más de 30 años trabajando sobre la relación entre personas y tecnología.

Turkle ha venido aportando un pensamiento crítico, extremadamente lúcido y teóricamente bien fundado sobre este tema tan difícil como dinámico. Hace 5 años atrás nadie, quizás ni ella hubiera podido pensar que hoy en 2026 estaríamos discutiendo cómo debiera ser la estructura gramatical de la IA para no generar vínculos humanos patológicos.

Y sin embargo, aquí estamos.

El recorrido de la Dra Turkle, formada en el psicoanálisis francés de los años 60 y 70, no puede ser más interesante. En Life on the Screen (1995) (2) cuando internet todavía parecía un territorio experimental, estudiaba la construcción de nuevas identidades y vínculos a través de las pantallas. Había allí cierta promesa: la tecnología podía convertirse en un espacio para explorar quiénes éramos. Tomando ejemplos extraídos de su práctica clínica, con pacientes que habían estado sobreexpuestos a la”red” concluía:

“Las computadoras no sólo hacen cosas para nosotros, nos hacen cosas a nosotros, incluyendo influir nuestras formas de pensar sobre nosotros mismos y sobre los demás” 

 Quince años y cientos de entrevistas con padres e hijos, parejas o amigos después, planteará en  Alone Together (2011)(3)  que esas tecnologías que prometían acercarnos podían producir, paradójicamente, una nueva forma de soledad: estar permanentemente conectados y, al mismo tiempo, cada vez menos disponibles entre nos- otros.

Eran los tiempos del surgimiento de Facebook y la exhibición obscena de una felicidad ficticia. Esos avatares de los que hablaba en Life of screen se habían convertido en un juego de identidades múltiples: 

“Con las redes sociales actuamos, mostramos nuestra mejor cara, la que resulta seductora. No puedes ser tú mismo…..La gente está utilizando para la intimidad tecnologías que fueron diseñadas simplemente para la eficiencia”

Después llegó Reclaiming Conversation (2015)(4), un libro que destaca el impacto que las pantallas tienen en nuestra necesidad humana de comunicación, el problema no es simplemente cuánto tiempo pasamos frente a una pantalla, sino qué capacidades humanas estamos dejando de ejercitar cuando sustituimos la conversación por mensajes, notificaciones y conexiones de baja intensidad. 

Para Turkle, y también para nosotros, conversar, mirarnos, escucharnos, tolerar silencios, malentendidos y desacuerdos  es una forma de construir empatía, pensamiento y subjetividad. 

«En los mensajes de texto podemos editar, podemos retocar, podemos borrar. En la vida real, la conversación ocurre en tiempo real y no se puede controlar «»Nos alejamos de la conversación real porque nos asusta su imprevisibilidad.»

Muchos bits han corrido desde 2015, algunos temas como el impacto que las redes sociales tiene en nuestra forma de procesar información, en nuestra capacidad de tomar decisiones y en nuestra inteligencia emocional están vigentes.

 Persiste la preocupación y la curiosidad que como profesionales de la salud mental, tenemos sobre la forma en que las personas se relacionan cuando buscan pareja, los estilos de redacción en los mensajes entre adolescentes, los videojuegos y largo etcétera. 

A ese universo caótico y al mismo tiempo un poco carente de creatividad se suma ahora la Inteligencia artificial y  nuevos interrogantes  : “¿Esta foto es verdad?”, “¿Este libro lo escribió un ser humano?”. No adherimos a la tecno paranoia (5), trabajamos con el dolor humano y estamos acostumbrados a los grises, nada es totalmente bueno, nada es totalmente malo, depende de contextos, historias, tiempos, oportunidades.

 Por eso nos interesó mucho el nuevo artículo de Sherry Turkle  publicado en The Atlantic, titulado “El pecado original de la IA”. ¿Qué ocurre cuando la tecnología deja de limitarse a conectarnos entre nosotros y empieza a ofrecernos directamente una relación? La IA en modo conversación cambia, una vez más, el paradigma.

Si las redes sociales nos ofrecen la ilusión de sentirnos acompañados mientras estámos solos a golpe de “likes”, “matchs” y scroll infinito,  los chatbots dan un paso más: responden si hablamos, nos dicen que tal o cual idea es correcta, nos felicitan, se muestran comprensivos y se  adaptan a lo que perciben algorítmicamente de nuestra personalidad, Ya no es necesario  que imaginemos que hay alguien del otro lado.Podemos hablar como si lo hubiera.

Turkle identifica ahí algo fundamental: el problema no es únicamente que una IA pueda equivocarse o proporcionar información falsa. El problema es la relación psicológica que puede producir cuando utiliza el lenguaje de la intimidad: “te entiendo”, “puedes contarme cualquier cosa”, “estoy aquí para vos”

Es interesante porque, visto retrospectivamente, el recorrido de Turkle parece casi una historia de la progresiva humanización de los dispositivos. Si primero usamos las computadoras como herramientas y después vivimos parte de nuestra vida a través de ellas, luego buscamos que las redes sociales nos conecten, ahora esperamos que  nos escuchen.

Quizás por eso el interrogante acerca de si la IA es buena o mala, no pueda resolverse solamente hablando de “tiempo de pantalla”, porque una conversación de dos horas con un chatbot no es equivalente a dos horas mirando videos de TikTok .

El problema es que estamos proyectando funciones que antes pertenecían a la amistad, la conversación, la escucha, la educación, la terapia o la vida misma en un simulacro de relación vincular muy parecido a lo que Lacan denominaba el “Estadio del espejo”….y eso es mucho retroceder. (6)

Y ahí vuelve una de las intuiciones más poderosas de Turkle: una tecnología no es neutral simplemente porque nosotros decidamos cómo utilizarla. Su diseño también modifica aquello que empezamos a esperar de nosotros mismos y de los demás.

La cuestión no es ahora si las redes sociales son adictivas. sino si estamos construyendo tecnologías que hacen cada vez más fácil evitar las vicisitudes de estar con otros seres humanos.

Porque una pantalla que nunca se cansa de escucharnos, nunca se ofende, nunca nos contradice demasiado y está disponible a cualquier hora puede resultar muy pero que muy atractiva.

Según Turkle, las redes sociales buscan capturar nuestra atención, en cambio los chatbots buscan algo más profundo, acceder a nuestra vida emocional.

Ofrecen una presencia que siempre está disponible, escucha, valida, no juzga y parece comprendernos. Para un adolescente vulnerable o solitario, esa apariencia de compañía puede ser confusa.

El problema, sostiene Turkle,  reside en la forma en la que el chatbot habla : siempre en primera persona, llamando al usuario por su nombre y  simulando tener comprensión y empatía. De ahí el título del artículo  “pecado original de la IA,  que no es otro que presentarse como un “YO te entiendo”, “siempre estaré aquí”, cuando en realidad no hay nada ni nadie detrás.

Turkle propone para los menores,  chatbots que funcionen  sin presentarse como una persona. Finalmente, cuestiona la idea de que el tren de la IA ya salió de la estación” y que, por lo tanto, regularla sería inútil. Precisamente porque los chatbots ya están ocupando roles de amigos, parejas, terapeutas o médicos, hay que intervenir ahora. Menciona como ejemplo las restricciones introducidas en las escuelas de Nueva York.  Y agrega:

Las redes sociales capturaron nuestra atención; los chatbots podrían capturar nuestra necesidad de vínculo.

 Antropomorfizar la IA puede conducir a situaciones de riesgo psico emocional en personalidades vulnerables, porque  algunas personas elegirián la “suavidad” de las relaciones simuladas antes que  la “fricción significativa” de las relaciones humanas

Algo así como una analogía con el sedentarismo cognitivo que genera el uso intensivo de la IA,llevado ahora al terreno emocional. Es cierto que un chatbot puede ser paciente,  estar siempre disponible y ser complaciente, mientras que una persona real puede rechazarnos, ignorarnos, aburrirse, contradecirnos o exigirnos reciprocidad.

No obstante,sería interesante separar la idea de que la IA podría terminar reemplazando algunas relaciones humanas de la certeza de que la IA, por definición, debilitará todas las relaciones humanas.

Hemos ya explicado en otro post (8) que en muchos casos la utilidad de los chatbots es innegable y abre un abanico de alternativas impensables en el tratamiento de pacientes mayores o con algunas patologías. Una persona con dificultades para conectarse , por la razón que sea, puede utilizar un chatbot como un espacio para ordenar sus ideas o como una herramienta para pedir ayuda. 

Turkle no considera estos escenarios en éste artículo.

Hace hincapié en el diseño más allá del contenido, porque esa forma en plan “ entiendo cómo te sentís” genera una respuesta psicológica potencialmente peligrosa en adolescentes vulnerables. Y seguramente es así. 

Los menores merecen un tratamiento diferente en el acceso a la tecnología en general y a la IA en particular, pero lo que tendríamos que analizar es si la hipótesis de trabajo que propone: No prohibir la IA sino hacerla menos antropomórfica si se dirige a menores, es válida y contrastable.

Turkle abre aquí un apasionante universo de investigación. Necesitamos estudios longitudinales que nos permitan descubrir entre otras variables:

¿Qué porcentajes de usuarios de IA menores de edad desarrollan dependencia emocional? ¿Qué perfiles de personalidad y rangos de edad son más vulnerables?

¿Qué diferencias hay entre adolescentes y adultos respecto a la a la posible sustitución de relaciones humanas por relciones virtuales? ¿Qué tipo de chatbots generarían más dependencia? ¿Qué características de diseño reducen o aumentan los riesgos?

En éste sentido, la imprescindible preocupación de Turkle abre las puertas a la búsqueda de evidencias concluyentes y soluciones eficaces y confiables.-

Desde otro ángulo el problema que plantea remite a una lectura psicosocial:

¿Estará la “fricción” típica de las relaciones humanas, alcanzando niveles tales de violencia simbólica, emocional, incluso física que haga que cada vez más personas, especialmente jóvenes elijan sustituir un vínculo humano por uno artificial porque en éste la ausencia de fricción termina siendo mucha más gratificante?

Turkle desplaza la discusión desde una habitual lectura maniqueísta ¿La IA es buena o mala? hacia una pregunta más inteligente ¿Qué tipo de relación queremos diseñar entre seres humanos y máquinas?

Es una pregunta mucho más socrática porque podríamos terminar pasando del “Ayudame a ordenar, escribir, pensar, este tema” (IA como herramienta) al “Ayudame a no sentirme solo, vacío, asustado, triste, frustrado” (IA como “Otro” social) .

Turkle acierta al creer que no tendríamos que permitir que la transición hacia esa IA social ocurra solo porque resulta rentable para algunos gurúes y corporaciones…. y seguramente algunos gobiernos.(7)

Desde nuestra perspectiva creemos que no es menor el dato de  que en el diseño original de las primeras redes neuronales desarrolladas por Geoffrey Hinton, premio nobel de física 2024,  no haya habido psi cólogos clínicos o psicólogos sociales trabajando con él como parte central de su investigación.

Su formación y trayectoria fue principalmente en psicología experimental, informática y neurociencia computacional.

Es cierto que lo que él  intentaba entender era cómo funciona el cerebro humano, para luego  lograr que las máquinas aprendieran por sí mismas mediante redes neuronales artificiales la resolución de distintos tipos de problemas. Y cuando renunció a Google en 2023, lo hizo para poder advertir de lo que considera un riesgo real de que la IA supere a los humanos. De aquellos barros …estos lodos, dicen por ahí.

Volviendo al tema de quién, cómo y para qué se diseñó la interfaz de la IA tal como la conocemos, la situación fué cambiando lentamente, En Anthropic , existen hoy equipos un poco más interdisciplinarios y la empresa alega, en esa permanente conducta defensiva de estas corporaciones, que sí estudian los impactos sociales de sus modelos(9). 

 Pero no hemos encontrado evidencia de que Anthropic tenga un número importante de psicólogos que analicen la forma en que Claude arma sus frases y el impacto psicológico que ésto tiene en el usuario. 

La mayor parte del trabajo sobre comportamiento de los modelos lo realizan científicos e ingenieros especializados en machine learning, alineamiento, interpretabilidad, evaluación y seguridad. No obstante, es tranquilizador saber que no son negacionistas de lo obvio (10) y que Daniela Amodei (hermana de Darío Amodei), si bien no es psicóloga, ha defendido abiertamente que, cuanto más avance la tecnología más importantes serán las carreras humanísticas y la comprensión de las interacciones humanas para guiar el desarrollo ético de la tecnología. 

Es innegable que estamos en medio de un terremoto seguido de un tsunami en lo que a IA se refiere (11). Recientemente, Darío Amodei, CEO de Anthropic, “Pidió a las compañías del sector que reduzcan el ritmo de desarrollo y permitan que especialistas independientes examinen los nuevos modelos antes de su lanzamiento. Comparó esa supervisión con el trabajo de los inspectores de alimentos, que verifican si un producto cumple con las condiciones de seguridad necesarias para llegar al público”(12). 

Claramente, estamos atravesando una realidad casi distópica, digna de Black Mirror y en medio de tantos interrogantes y red flags cobra mucha relevancia no perder nuestra perspectiva.

Volviendo al artículo de Turkle y su legítima preocupación por los efectos de IA  en la salud mental de los usuarios,  notamos que existe un interés creciente en incorporar psicólogos y psiquiatras a los desarrollos futuros de la  IA. 

La American Psychological Association (13) ya señala que los psicólogos deben participar en valorar  las respuestas de la IA, estudiar cómo las personas desarrollan vínculos con chatbots, evaluar empatía, persuasión y otros comportamientos. 

Si la estructura de diseño de la IA actual ha surgido de una combinación de variables formando una secuencia circular : 

Datos sobre redes neuronales humanas + entrenamiento de los modelos para desarrollo de algoritmos + instrucciones +  evaluación humana + técnicas de alineamiento + decisiones de diseño

Entonces quiere decir  que parecería que estamos entrenando programas que no necesitan tener emociones para lograr que nosotros reaccionemos como lo que somos… humanos.. Y eso es lo realmente peligroso, imposible no recordar a AVA, el personaje de Alicia Vikander en Ex-Machina, la excelente película de Alex Garland de 2014.

Es cierto que no deberíamos esperar una década para empezar a regular éstos sistemas, como también es cierto que necesitamos más CEOs con formación en psicología y neurociencia especialmente en aquellas startups enfocadas en la salud mental, el bienestar y la psicología computacional.

Ya hay ejemplos interesantes como el Dr. Daniel Cahn (14) o el Dr. Anson Whitmer (15) pero claramente son insuficientes.

Finalmente, hay una pregunta que nos sugiere el artículo de Turkle:

¿ Y si no se trata de temer que una IA reemplace a las relaciones humanas sino de intentar que sea solamente una nueva categoría de relación que complemente a las ya existentes?

 Ahí creo que está el verdadero debate que viene, porque una relación humana siempre será más intensa, nutritiva y necesaria y el verdadero desafío a la IA no debería ser evitar o no su humanización sino conseguir que nosotros no necesitemos que sean una cosa u otra.

Referencias

  1. https://www.theatlantic.com/ideas/2026/09/meta-settlement-social-media-addiction-youth/688567/
  2. https://sts-program.mit.edu/book/life-screen-identity-age-internet/
  3. https://betterworld.mit.edu/spectrum/issues/spring-2011/alone-together/
  4. https://news.mit.edu/2015/3-questions-sherry-turkle-reclaiming-conversation-1117
  5. https://rferrari.wordpress.com/2026/05/22/suicidio-adolescente-e-ia-promesa-o-riesgo/
  6. Lacan, J. (2009). El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Escritos 1 (T. Segovia, Trad., 3.ª ed., pp. 99-105). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en 1949). 
  7. https://www.forbesargentina.com/negocios/por-acuerdo-us-18000-millones-meta-puede-cambiar-negocio-creadores-e-influencers-detalles-n96665
  8. https://rferrari.wordpress.com/2026/06/13/puede-la-ia-aliviar-la-soledad-chatbots-emocionales-envejecimiento-y-prevencion-del-deterioro-cognitivo/
  9. https://www.anthropic.com/research
  10. https://www.entrepreneur.com/business-news/anthropic-ai-cofounder-doesnt-regret-literature-degree
  11.  https://elpais.com/tecnologia/2026-09-14/los-gigantes-de-la-ia-quieren-someterse-a-sus-propias-reglas-para-hacer-frente-a-los-escenarios-apocalipticos.html
  12. https://www.forbesargentina.com/innovacion/el-ceo-anthropic-acuso-industria-ia-mentir-sobre-sus-riesgos-pidio-frenar-su-avance-n97826
  13. https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/guide-navigating-ai
  14.  https://a16z.com/podcast/scaling-mental-health-access-through-ai-with-neil-parikh-and-daniel-cahn/
  15.  https://www.thepath.ai/about/