La autoestima puede definirse como el amor, la estima, que cada uno siente por sí mismo. Por cierto, es uno de los elementos de nuestra personalidad que más determinan nuestra conducta.
La autoestima se va forjando ya en la niñez a partir de lo que dicen de nosotros y a través del trato que recibimos, especialmente de nuestros padres, el espejo en el que nos miramos. Si nos alaban y tratan con cariño creceremos sintiéndonos capaces, seguros y dignos de amor. En cambio, si los mensajes que recibimos son negativos, si recibimos poca atención, nos sentiremos inferiores y poco merecedores de lo bueno.En consecuencia, en el primer caso viviremos las relaciones con los demás como algo satisfactorio y tenderemos a rodearnos de personas que demuestren interés y afecto por nosotros. Habremos adquirido la seguridad suficiente para afrontar las dificultades con que nos vayamos encontrando en la madurez.En cambio, en el segundo caso consideraremos al mundo como algo hostil ante lo que sentir temor y tenderemos a relacionarnos con aquellos que reproducen las conductas a las que estamos acostumbrados; personas que no nos tengan en cuenta y que confirmen la idea que nos hemos hecho de nosotros mismos: que no valemos lo suficiente.¿Cuál es el nivel de autoestima adecuado?El nivel de autoestima adecuado es el que nos conduce a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo, a apreciar nuestras capacidades y destrezas, y a asumir nuestras carencias. A mirar al pasado con orgullo por lo conseguido, y al futuro con confianza. A aprender de los fracasos, y no tener miedo de buscar soluciones si nos topamos con nuevos problemas. A ser capaces de otorgarnos la aprobación a nosotros mismos sin esperar constantemente el reconocimiento de los demás.A dar sin esperar nada a cambio, a ser independientes. A asumir que sólo nosotros somos los responsables de nuestro propio bienestar. A llevar las riendas de nuestra vida.