Un objetivo biologicista consideraba que la Pediatría como la medicina del desarrollo, debía de ocuparse de los seres humanos hasta que concluyera el desarrollo “biológico”. La propia indefinición envolvia desarrollo con crecimiento físico y eso podía llegar hasta los 21 o 22 años. La administración del “seguro”, sin duda influenciada por el nacional-catolicismo, habia muy arbitrariamente puesto el límite de la edad pediátrica en los 7 años, punto en que la iglesia Católica fijaba el “uso de razón” y que permitia a los menores hacer la Primera Comunión. Y así sigue en muchos sitios. Entre otras barbaridades he sido testimonio de cuando un afamado Director General de Sanidad proferia: “…es que si aumentamos la edad pediátrica de los 7 a los 18 años, ¿cómo se van a ganar la vida los pediatras privados?” en el entender que las familias que habían acudido a su pediatra de zona con la cobertura de la Seguridad social, a partir de los 7 años y para no perder el contacto con su médicos “de toda la vida”, seguirían yendo a la consulta privada del pediatra “de pago”. Estoy seguro que un buen puñado de colegas pensaban lo mismo. Ufff!
Pero todo esto son historias que forman parte de otro ámbito del conocimiento, como la historia o la etnografía. De manera que, acercándonos a la cruda realidad, traemos a colación un reciente artículo de la revista Lancet que habla de la infancia robada en el sentido que las vidas infantiles de millones de niños en todo el mundo pierden su condición de tales a edades muy tempranas. El informe End of Childhood Report 2017 de Save the Children revela siete causas del final precoz de la infancia, a cual más tremenda: la muerte antes de los 5 años de edad, la malnutrición severa, la desescolarización, la incorporación al trabajo infantil, los matrimonios infantiles y las víctimas de violencia extrema. Hay más, pero todas ella ponen un final abrupto a cualquier vida de niño.
Los datos describen una enorme pérdida de potencial humano. Estos fenómenos roban a los niños del futuro que merecen e imponen altos costos a sus familias y comunidades. Varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyen precisament los derechos de los niños, considerando la infancia un período protegido de nutrición, crecimiento y aprendizaje, y el informe, el primero de una serie anual, proporciona importantes estimaciones de línea de base para seguir el progreso en estas áreas. Asegurar que el derecho a la infancia se cumpla para los más vulnerables, debe ser reconocido como una base fundamental del desarrollo sostenible. Y una obligació de todos que se cumplan. Aunque parezca que todo eso pasa lejos, si miramos a nuestro alrededor más próximo con atención, veremos que tambien forma parte de nuestra realidad.
X. Allué (Editor)