"la fuerza ha sido vencida por la fuerza"
Cuando en el inicio del otoño de 1918 se vislumbraba el pronto final de la Guerra, El Socialista opinó sobre la paz que se avecinaba, una paz material, porque se consideraba que no llegaba la "paz de los espíritus", afortunadamente, desde el punto de vista socialista, porque se avecinaba una época de inquietud, es decir, de cambios profundos proclives al triunfo del socialismo, como interpretamos por la lectura de este artículo periodístico.
Con la paz llegaba el cadáver del imperialismo, uno de los enemigos de la democracia y del socialismo.
La segunda parte del artículo de fondo tenía que ver ya con el futuro, y con el socialismo. En primer lugar, se consideraba que no era cierto que el socialismo había fracasado hacía cuatro años, en alusión a que la Segunda Internacional no había podido parar el estallido del conflicto bélico, pero la derrota del imperialismo facilitaría el triunfo del colectivismo.
Ahora era el momento de preparar la paz, haciendo imposible la guerra, y esto solamente tendría lugar si se terminaba con los ejércitos y las armas.
La guerra había creado unos problemas gravísimos de signo económico y social, que las "doctrinas burguesas" (capitalismo) no podían solucionar. Aquí aparecía, por lo tanto, la solución del socialismo. Los Estados terminarían por acercarse al programa mínimo socialista, el camino que prepararía la llegada del programa máximo, es decir, el fin del capitalismo. Recordemos que los socialistas españoles y europeos siempre plantearon un doble programa: el reformista que iba arrancando derechos y mejorando las condiciones de los trabajadores, y el final, que llevaría a la revolución, aunque, como bien sabemos esto generaría grandes debates internos y no pocas contradicciones, siendo paradigmática en esta cuestión la Socialdemocracia alemana.
Los socialistas españoles valoraban positivamente la revolución alemana y la de los pueblos sometidos al emperador austriaco, de la misma manera que se saludaba a la Revolución rusa, y a cuantas revoluciones se pusiesen en marcha cuando se liquidase definitivamente la guerra. Las luchas nacionales serían sustituidas por las luchas de clases. Los hombres habían aprendido en las trincheras a no temer a la muerte, algo que era interpretado como un fortalecimiento de la conciencia de clase. Quizás estaba en la mente el de los soldados rusos que tanto habían sufrido en el frente, precipitándose la Revolución de Febrero.
Los socialistas españoles, en conclusión, eran optimistas. La Historia, como bien sabemos, fue más complicada.
Se puede leer el texto en el número 3370 de El Socialista. No olvidemos que para profundizar sobre el debate interno socialista español sobre la Gran Guerra debemos acudir a la monografía de Santos Juliá,