La sonrisa del niño que fuimos no se marchó con los átomos que entonces estructuraban nuestro cuerpo, en algún lugar de nuestra conciencia sigue viva y disponible ¡Pura ciencia! Este claro conocimiento, ocultado a nuestra mente por el materialismo que hemos vivido, viene abalado por nuestro sentir cuando al contemplar hoy la sonrisa de un niño la sentimos como propia.
La sonrisa del niño que fuimos no se marchó con los átomos que entonces estructuraban nuestro cuerpo, en algún lugar de nuestra conciencia sigue viva y disponible ¡Pura ciencia! Este claro conocimiento, ocultado a nuestra mente por el materialismo que hemos vivido, viene abalado por nuestro sentir cuando al contemplar hoy la sonrisa de un niño la sentimos como propia.