Leer es importante. Porque nos enriquece, porque hace nuestro mundo más grande, porque nos entretiene, porque nos hace sentir bien incluso en los momentos más bajos, porque nos da perspectiva, porque nos hace mejores personas.
Hasta hace unos años yo no tenía amigos que leyeran. Leer, para mí, era una actividad de lo más solitaria. Iba sola a la librería, le pagaba al librero de plástico y me iba; y leía sin parar porque en mi círculo no tenía a nadie con quien pararme a comentar lo que leía. Pero con el tiempo descubrí que había un lugar en el que se reunían los lectores solitarios como yo: Internet. Allí, entre foros, webs, blogs, tuits y facebooks, discutían sobre libros, comentaban qué les habían parecido sus últimas lecturas, charlaban sobre sus escritores favoritos y planeaban quedadas fuera de lo virtual. Compartían su afición. Me pareció maravilloso que tantas personas diferentes y de lugares tan dispares conectaran y disfrutaran tanto gracias a los libros. No tenía precio. Y sigue sin tenerlo.
Que si eres un lector que no sabe nada de la vida porque prefieres a Gale antes que a Peeta, que si no te atrevas a comparar esa porquería de Crepúsculo con Los Juegos del Hambre, que si como no comentes en mi blog (sobre libros) te dejo de hablar, que si hay que unirse contra las editoriales porque no publican a autores noveles españoles, que si nos puedes abrir un foro privado porque sólo nosotros somos verdaderos fans, que si eres una mentirosa porque ese libro que dices que es malo a mí me ha encantado, que si no vales para nada porque no me interesa lo que posteas… Y muchos más “que si” todavía más crueles e insultantes. Auténticas barbaridades que aquí no me apetece reproducir.
La gente lee… pero no toda aprende de los libros que lee.
Lo peor, lo más ridículo, lo más hilarante si queréis, es que los lectores que critican a otros por sus gustos, sus opiniones, su físico e incluso su existencia son lectores que se creen excelentes personas. Se rebelan contra personajes como Voldemort, se ponen del lado de los protagonistas más torpes, se indignan ante los típicos niñatos de instituto de las novelitas americanas, desean que venza el Bien, sueñan con tener una cicatriz en la frente y salvar al mundo como Harry Potter, anhelan la fuerza luchadora de Katniss, creen que harían buenas migas con Jo March, les encantaría convertirse en protagonistas de los libros de Jordi Sierra i Fabra, de pequeños querían formar parte del estupendo club de Los Cinco… Tienen todos estos sueños, pero no aprenden nada de los libros. Yo los llamo lectores de plástico, lectores de mentira. Lamentablemente han cruzado el límite de lo honesto y lo respetuoso. Ahora bien, siempre hay tiempo para probar a ser mejores personas, para demostrar que no leen en vano. Para convertirse en buenos lectores, en lectores de papel.
Cuando aparecen comentarios cavernícolas en este diario y en los blogs literarios más honestos, todas mis alarmas se ponen a pitar. “Aviso de trol”, dicen. Pero hasta los trols de David el gnomo tenían momentos de lucidez y se volvían buenos animalitos. ¿Qué tal si todos, sin excepción, empezamos a demostrar que leer sirve para algo? Yo tengo fe: en los buenos libros y en los buenos lectores.