Mastitis

Por Gabriel Giner @esaludcom

La mastitis puerperal, asociada a la lactancia, es uno de los principales desencadenantes del destete precoz, privando al bebé de los beneficios físicos y afectivos de la lactancia materna: las bacterias presentes en la leche de la madre son probióticos para el intestino del niño, así como un importante refuerzo para sus defensas.

El mal agarre del pequeño, la reincorporación de la mujer a su puesto del trabajo o las molestias mamarias pueden conllevar espaciar las tomas demasiado o que los pechos no se vacíen del todo facilitando esta inflamación mamaria.

Qué es y cómo se produce la mastitis

Uno o ambos pechos se inflaman por la obstrucción de los conductos de la leche o por infección del tejido mamario. Afecta mayoritariamente a las mujeres lactantes, aunque puede presentarse fuera de la lactancia o en hombres.

De hecho, la mastitis no puerperal está relacionada con la infección mamaria tras un golpe, por una alergia o la entrada de bacterias, virus u hongos a través de heridas o grietas en el pezón.

La mastitis debida al estancamiento de la leche es más habitual que la no puerperal y suele presentarse a pocos días del parto o durante la lactancia. En el primer caso, el bebé suele tener menos de 2 semanas de vida y la infección contraída en el hospital afecta a ambos pechos.

Causas de la mastitis

Un mal agarre del pequeño que impide el completo vaciado de la mama, la ingurgitación mamaria de las primeras semanas del postparto, la lactancia a gemelos, el reducir las tomas o espaciarlas suelen causar la sobre acumulación de la leche.

En algunos casos la entrada de bacterias de la piel como el Staphylococcus aureus o la Escherichia colli causan también esta dolorosa infección.

El tabaco es un destacado factor de riesgo, ya que más del 90% de las mastitis ocurren en madres fumadoras.

Síntomas de la mastitis

Los síntomas habituales son los propios de cualquier proceso infeccioso:

  • Fiebre súbita.
  • Escalofríos.
  • Dolor en el pezón o la areola acompañado de calor, enrojecimiento, sensibilización o bultos palpables.

Tratamiento de la mastitis

Ante cualquier indicio se debe acudir al médico especialista para que determine su causa y adecúe el tratamiento correspondiente. Si no se trata puede provocar un absceso y necesitar cirugía para revertirlo.

Como pauta general se recomienda no automedicarse y si se está lactando priorizar el drenado del pecho afectado. Siempre empezar por ese pecho, aunque moleste y aumentar la frecuencia de las tomas.

Masajear y aplicar calor con un paño antes de la toma y beber agua facilitan este vaciado, así como aplicar frío después de ésta para aliviar el dolor.

Durante la mastitis la leche tiene un mayor contenido en sodio y cloro por lo que su sabor será más salado y el bebé puede rechazarlo. Si esto ocurre, se recomienda sacar la leche manualmente y utilizar el biberón hasta que remita.

Si tras 24 horas no mejora, se recetarán antibióticos que ocasionalmente podrían provocar diarrea leve, al pequeño.

Ante el empeoramiento de los síntomas 48 horas después del tratamiento se recurrirá al cultivo de leche y se modificará el antibiótico.

Generalmente se recetan antibióticos como flucloxacilina y eritromicina.

Está contraindicada la aspirina por su relación con el Síndrome de Reye en el bebé.

Algunas pacientes sienten una notable mejoría una vez expulsada una sustancia marrón o verdosa de consistencia grasienta.

Consecuencias de la mastitis

Además del absceso mamario, la mastitis suele propiciar un destete prematuro por lo doloroso que resulta amamantar. La madre se siente culpable y el bebé confundido, si dicho destete no se realiza gradualmente.

Cómo prevenirlo

Existen una serie de hábitos coadyuvantes para mantener controlada la mastitis:

  • No conviene comprimir el pecho con ropa demasiado ajustada.
  • Colocar al bebé con la barbilla próxima a la zona afectada para facilitar la succión.
  • Procurar descansar.
  • Cuidar la hidratación, así como la dieta, incrementando el consumo de frutas y verduras por su capacidad preventiva de las enfermedades.
  • Limitar la ingesta de las grasas saturadas.
  • Tomar sal con moderación, pero sin ser excesivamente restrictivos al respecto.

Sin embargo, cuando la afección ya está con nosotras conviene tomar en consideración las siguientes prácticas:

  • Comenzar siempre por el pecho dañado y asegurar su vaciado antes de ofrecer el otro pecho.
  • Administrar lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del bebé.
  • Mantener alejados los chupetes y biberones para estimular la acción de succión del pequeño, de lo contrario se acomodan.
  • No dormir boca abajo.
  • Respetar la duración del tratamiento y cumplirlo hasta el final.
  • Reemplazar la crema para los pezones agrietados, porque podría estar contaminada.
  • Planificar el abandono de la lactancia de forma paulatina: se recomienda reducir 1 toma cada 5 días para permitir que el cuerpo se adapte a la nueva situación.

La O.M.S. o la Asociación Española de Pediatría reivindican la lactancia materna, al menos durante los primeros 6 meses del bebé. El actual ritmo de vida o la inexperiencia de algunas madres favorecen la aparición de la mastitis. Por suerte, sus molestias suelen remitir en apenas 24 con unas sencillas recomendaciones.