Hace tantos, tantos años de ése día que mi recuerdo una vez más está nítido como si de una fotografía grabada en mi memoria se tratara. Miré hacia atrás y me fijé en una antigua casa de dos pisos que guardaba la esencia de las edificaciones andaluzas, marineras de principios del siglo pasado. Desde la misma puerta, una hermosa bouganvilla cubría su fachada desplegando sobre su blanca fachada una espectacular y vibrante floración color magenta. En la puerta un pequeño cartel indicaba “Casa Roberto”.
Y pendiente de cada detalle su dueño, Robert Lantsoght quien recaló en la Costa del Sol a mediados de los años 60 enamorándose de Málaga emprendió una gran aventura en la que fundió su afición por el golf y la restauración. Abrió su restaurante, al que le puso el nombre con el que cariñosa y familiarmente comenzaron a llamarle “Roberto”; así nació en 1968 “Casa Roberto”.
Él fue impregnando cada pared, año tras año, con fotos familiares, suyas de su preciosa mujer, de su hijo. Con muchos recuerdos de sus viajes, regalos de clientes y amigos, con cientos de botellas de buenos vinos distribuidas por todo el local, recopilando una gran bodega, animando a los miles y miles de clientes, unos anónimos otros famosos a dejar su firma, su dedicatoria personal por todas las paredes, lámparas e incluso en los originales zuecos de madera donde dejan la cuenta al finalizar. Atesorando así un legado de detalles curiosos que hacen peculiar y único éste restaurante malagueño.
Nosotros, mi marido y yo, también todos nuestros hijos a través de los años fuimos dejando nuestros comentarios, nuestros deseos, firma y fecha por todos los rincones
Y es en Casa Roberto donde ocurre algo insólito, llama la atención ése cielo de palos de golf que cuelgan y conforman los comedores de las dos plantas de “Casa Roberto”. Como apasionado de éste deporte fue reuniendo una increíble colección de más de 5.000 palos de golf con la que en 1992 batió un record Guinness consiguiendo que los aficionados al golf, en su restaurante, se sientan en el paraíso.
No puedo, no quiero olvidarme de “Paquito” todo un personaje que aún, a pesar de los años, pueden llegar a saludar.
Durante más de 50 años, éste peculiar restaurante llamado “Casa Roberto” sigue siendo una auténtica leyenda que conserva la esencia, la calidad, el estilo, la profesionalidad y la alta gastronomía gracias a Robert Lantsonght Jr quien hace unos pocos años recogió el testigo de su padre, del mítico belga, malagueño de adopción y de corazón que hizo de su restaurante un templo del Golf donde disfrutar de la buena mesa, sintiéndonos como años ha en nuestra casa, en unos de nuestros restaurantes favoritos.
Sólo ha cambiado el color de la fachada, pero su legado perdura en el tiempo y seguiremos firmando, dedicando nuestras palabras, dejando constancia de nuestras visitas por sus paredes y en mi memoria .
1 kilo de mejillones, 1 trozo de puerro (la parte blanca, 1 trozo pequeño de cebolla blanca dulce (tipo cebolleta), 3 trozos de apio (la parte central), 1 vaso pequeño de vino blanco (fino amontillado), 40 grms. de mantequilla, un vaso pequeño de nata especial para cocinar, 6 granos de pimienta negra, perejil fresco y sal.
Limpiar bien los mejillones, cortando las barbas con unas tijeras (sin tirar de ellas, ya que mataría al mejillón), raspar bien toda la superficie de las conchas. (Suelo raspar con un cuchillo, posteriormente pasar un estropajo específico para éste menester) y enjuagarlos tantas veces sea necesario hasta que el agua donde se laven salga limpia de impurezas.
Disfruten de la buena mesa, de la cocina, de la familia, de la amistad.
Tfno.952 465809