Recientemente tuve la oportunidad de pasar algún día en Querétaro (más apropiadamente debería decir en Santiago de Querétaro), una ciudad con algo más de un millón de habitantes, situada en una meseta a unos 1.800mt de altitud; su centro histórico de calles a la vez sinuosas y geométricas es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO; en él, se mezcla con sorprendente gusto visual, el barroco y el colonial.
Disfruté muchísimo paseando sin rumbo en sus calles, fijándome en todo lo que reforzaba mi “teoría del color” Mexicano, observando las costumbres de la gente, husmeando las mezclas de olores que inundaban el aire a las diferentes horas del día, escuchando su música callejera que, sobre todo de noche y en los días festivos, alegraba los ánimos y permitía entrenar el baile.
El centro histórico de Querétaro está en plena restructuración, una restructuración bien hecha y en total respeto de la arquitectura original; en algunas zonas del centro es como ver carteles de “abierto por obras” por todos los lados, que transmiten energía, optimismo en el porvenir y propensión al cambio.
La semana que viene el post será sobre Emotionage la escritura de la luz…