Miedo al Covid-19: ¿Corremos el riesgo de una pandemia psicológica?

Por Clotilde Sarrió Arnandis @Gestalt_VLC

Artículo escrito por el Dr. Alberto Soler Montagud, en colaboración con Clotilde Sarrió.

Recién finalizado el aciago 2020, han transcurrido casi diez meses desde que las autoridades sanitarias internacionales declararon la situación de pandemia por coronavirus. Desde entonces, la globalidad del planeta soporta una situación turbadora por la incomodidad que supone cumplir las medidas preventivas necesarias.

Casi todo lo relacionado con la convivencia nos resulta tan nuevo como engorroso, sobre todo si lo comparamos con el cliché de la antigua normalidada la que seguimos tendiendo por inercia. El objetivo de este artículo esreflexionar—e invitar a que lo hagan los lectores—acerca de esa emoción que se convierte en sentimiento llamada miedo, y también sobre la relación causal y concomitante de la pandemia con la salud mental colectiva.

Miedo al Covid-19

El miedo es una emoción que surge como consecuencia de la exposición a situaciones que el ser humano percibe como un peligro potencial que pueda causarle daño.

No deberíamos considerar el miedo como algo necesariamente negativo, pues si bien nos hace sentir mal también promueve actuaciones preventivas de daños ocasionados por circunstancias ajenas a nuestra voluntad (por ejemplo, la adquisición de nuevos hábitos como recurrir al lavado frecuente de manos, evitar las aglomeraciones o usar mascarilla para evitar el contagio por coronavirus).

Si bien a veces, sobre todo en condiciones extremas, el miedo puede llegar a paralizarnos, en general este sentimiento activa una serie de mecanismos que nos ayudan a adaptarnos a lo nuevo y facilita la toma de decisiones que nos permitan salir airosos de situaciones conflictivas y no deseadas.

Cada persona tiene un distinto nivel de respuesta al percibir un riesgo. Si ese nivel es muy bajo se corre el riesgo de no tomar las medidas necesarias; por el contrario, si el nivel es alto puede propiciar respuestas desmesuradas ante estímulos no necesariamente peligrosos. La personalidad de cada cual (por ejemplo, quienes tienen rasgos hipocondríacos, tendencia obsesiva, fobias…) o las experiencias previas, influyen en el modo de actuar de cada cual ante una situación de emergencia.

El miedo al Covid-19, contemplado desde una perspectiva neuropsicológica

Según Enrique Lanuza, profesor de Biología Celular, Biología Funcional y Antropología Física de la Universitat de València, el miedo aumenta la supervivencia del individuo al manifestarse como una respuesta defensiva ante una amenaza al igual que sucede con el resto de animales. Los circuitos cerebrales que regulan la respuesta del miedo tienen como estructura clave a la amígdala cerebral. Este complejo amigdalino tiene la capacidad de extraer información de un modo ultrarrápido acerca de posibles amenazas que son detectadas a través una escena visual captada por el órgano de la visión.

Según Lanuza, la amenaza o el miedo al Covid-19 debería haber activado a la amígdala de la especie humana, sin embargo, nuestra actuación defensiva no ha evolucionado para ofrecer respuestas a este tipo de amenazas. El hombre está preparado para responder ante una agresión luchando o huyendo, pero carecemos de habilidades para defendernos ante un virus debido a que nuestro organismo deja esta parcela a cargo del sistema inmune. Por ello, nada puede hacer la amígdala para ayudarnos a reaccionar ante el miedo al Covid-19.

Sin embargo, en estas situaciones sí que somos capaces de detectar el miedo en los demás, sobre todo a través de sus gestos faciales. Nuestra condición de especie social nos predispone a que el comportamiento de nuestros semejantes más próximos nos influya considerablemente. Dicho de otro modo, detectar el miedo ajeno puede promover respuestas defensivas por nuestra parte, algo que a su vez transmitiremos a al resto del grupo fomentando así una respuesta colectiva de defensa.

Así, el sistema inmune es el encargado de protegernos ante el coronavirus, pero también la detección del miedo de los demás nos incitará a copiar las respuestas que observemos en nuestros afines más próximos. Un buen ejemplo lo hemos comprobado en la tendencia a las compras compulsivas en los supermercados durante el confinamiento por el coronavirus, al ver como el resto de la gente vaciaba estanterías de ciertos alimentos o productos de limpieza e higiene.

Para finalizar esta reseña neuropsicológica, reseñemos que la corteza prefrontal (situada en el lóbulo frontal) es la encargada del control de la amígdala cerebral tras valorar si los efectos de nuestro comportamiento han sido o no beneficiosos. Esto nos servirá en el futuro para programar cual deberá ser nuestro proceder en situaciones similares. La amígdala y la corteza están conectadas entre si, y cuando la amígdala se hace cargo del control (excepto en situación de gran peligro o en casos de crisis de ansiedad), la corteza prefrontal es la encargada de dirigir nuestro comportamiento.

En el caso que nos ocupa de la pandemia, la detección del peligro que supone ese predador que es el virus, se encarga de poner en marcha medidas (que nada tienen que ver con el ataque o huida propio de la amígdala) como guardar la distancia social, ponerse mascarilla, lavarse las manos o evitar los recintos cerrados y no ventilados.

Concluimos de todo esto que el miedo puede ser muy útil como mecanismo de defensa, al transmitirse socialmente y promover actitudes beneficiosas para la supervivencia.

Repercusiones de la pandemia en la salud mental de la población sana

Sin duda, el coronavirus nos ha afectado anímicamente a todos. Pero de ahí a vaticinar una catástrofe psicológica global hay un abismo. Desde la instauración de la pandemia, son evidentes alteraciones en el bienestar psicológico de un alto porcentaje de la población, sobre todo quienes más sensibles son al estrés. Ha aumentado en el porcentaje de personas —sin antecedentes psiquiátricos ni psicológicos— que demandan ayuda psicológica tras experimentar síntomas que les interfieren en sus actividades habituales. Los síntomas más frecuentes son: cansancio injustificado, apatía, ansiedad, tristeza, miedo, irritabilidad, preocupación, estrés, problemas de sueño.

Algunos pacientes son conscientes de la relación causa/efecto de lo que les sucede con la pandemia; manifiestan su miedo al Covid-19; miedo a contraer la enfermedad o a que enferme un ser querido; también se quejan del malestar que les ocasiona el cumplimiento de algunas medidas preventivas porque merman su vida de relación y su libertad de movimientos. Sin embargo, otras personas no son conscientes de que sus síntomas sean la consecuencia de los cambios que el coronavirus ha impuesto en sus vidas. En el primero de estos dos grupos, suele asociarse miedo a un nuevo confinamiento, la pérdida de su puesto de trabajo y los problemas económicos consiguientes.

Una situación muy bien identificada por quien la experimenta es el dolor por la enfermedad o la muerte por Covid-19 de un ser querido, sobre todo si no se pudo visitar al enfermo durante el ingreso o despedirse antes de su muerte. El duelo tras una muerte por Covid-19 es una causa muy frecuente de necesidad de ayuda psicológica y/o psiquiátrica.

¿Corremos el riesgo de una pandemia psicológica?

No hay conversación, informativos o tertulia en los medios audiovisuales donde la pandemia no sea el protagonista. Ha proliferado un tropel de falsos expertos que, sin haber pisado nunca una Facultad de Medicina ni un departamento de epidemiología, propagan hipótesis que siembran confusión y miedo por su desinformación tan amarillista y agorera.

Estos imprudentes divulgadores pronostican una inminente pandemia psicológica en forma de repercusiones patológicas en la salud mental de la población debido a los cambios que el Covid-19 ha impuesto en la comunidad. Si bien es cierto que la llamada nueva normalidad (en realidad es una nueva realidad) nos ha afectado anímicamente a todos al exponernos a un estrés por esfuerzo adaptativo, sería absurdo psiquiatrizar a todas aquellas personas que muestren respuestas mas intensas  para adaptarse a la nueva forma de vida impuesta por las circunstancias.

Sentir miedo al Covid-19, sentirse mal porque resulte incómoda la adaptación a los cambios impuestos por la pandemia, no es una enfermedad mental sino sólo una respuesta que, en función de su intensidad y duración, podrá o no requerir tratamiento.

¿Qué dicen los expertos acerca de la pandemia de salud mental?

La Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido (The Academy of Medical Sciencies), ha realizado un análisis en el que estudia como el Covid-19 puede estar afectando a la salud mental sobre todo en los grupos poblacionales más vulnerables.

La comunicación científica de este estudio se publicó en The Lancet, y enfatiza en la necesidad de fomentar la investigación para paliar las consecuencias de la pandemia en la salud mental de los grupos de más riesgo. Hasta el momento, se ha constatado en el Reino Unido un incremento en la prevalencia de problemas de salud mental relacionados con la pandemia. No es descartable que esta situación se esté dando también en otros países. La encuesta general realizada pone en evidencia muchos factores: las consecuencias negativas del aislamiento social; la repercusión en la sensación de bienestar; mayor predisposición a los trastornos de ansiedad, depresión y estrés; el factor de riesgo que la pandemia supone para la salud mental; el agravamiento de las patologías psiquiátricas previas; la dificultad de acceso a los servicios de salud mental debido a las circunstancias especiales que afectan a la sanidad en general, entre ellas el colapso.

La cuarentena y el distanciamiento social se han revelado como un factor de riesgo para problemas como el abuso de alcohol y de sustancias; propensión a los juegos de azar; abuso doméstico e infantil; tendencia a suicidio y autolesiones; desconexión social; acoso informático. Y a todo esto hay que sumar lo ya expuesto anteriormente como las preocupaciones económicas, el desempleo, la ruptura de relaciones, el duelo, etc.).

Dice el estudio de la Academia de Ciencias Médicas del Reino Unido que «una consecuencia importante de la pandemia de Covid-19 es el aislamiento social y la soledad —como se refleja en las encuestas—, que se asocia fuertemente a la ansiedad, depresión e intentos de suicidio». Por ello deberemos contemplar prioritariamente — con intervenciones lo más precoces posibles— el abordaje de soluciones que palien la soledad, ya que el aislamiento social y la soledad, pese a ser dos elementos independientes, están muy relacionados en estas situaciones por lo fácil que es que se solapen a través de diferentes vías de riesgo.


Dr. Alberto Soler Montagud – Psiquiatría Privada

Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Bibliografia:

–  The Lancet Psychiatry (Published:April 15, 2020). Multidisciplinary research priorities for the COVID-19 pandemic: a call for action for mental health science.

–   The Academy Of Medical Sciencie. COVID-19 and mental health: 5 things to know about our new project

Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis  y  Alberto Soler Montagud y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España

Imagen: Pixabay