Como ya se ha sugerido, la elección inicial de nuestros primarios va a determinar el resultado de sus combinaciones, cosa más que lógica. Por ello, se muestran tres pruebas de los resultados de las mezclas ya apuntadas partiendo de un amarillo, azul y rojo diferentes.
En la acuarela hay que tener siempre en mente que la más alta intensidad de la luz es el blanco del papel. Cada capa de color que añadimos resta luminosidad y transparencia al resultado final. Cuantos más colores mezclemos para obtener el tono deseado, más oscuro, menos brillante y transparente será. El resultado puede eliminar totalmente el inicial brillo del papel, quedando un color turbio, opaco. En inglés le llaman "mud", (lodo, barro, fango), es decir enfangado, enlodado.
Por eso convendría ser capaces de aplicar a la primera el color adecuado en la intensidad idónea. Se dice muy pronto pero, al menos a mi, me resulta muy difícil. Nuestra vista percibe infinitos tonos, matices y valores que nosotros intentamos sugerir con los pigmentos disponibles, disueltos en la cantidad de agua conveniente y siendo el papel el máximo de luz posible. Cuando empezamos a valorar los distintos elementos de nuestra composición, yendo de claro a oscuro no es raro que cuando vamos por lo que la naturaleza nos muestra como un valor medio hayamos requerido ya toda nuestra artillería. ¿Cómo pintamos lo que aún es naturalmente más oscuro en nuestro modelo o intención? Es el momento de cargar las tintas y arruinar completamente nuestra acuarela recurriendo a tonos y mezclas excesivamente espesos, cubrientes y opacos. Ya tenemos el mud. Otra manera de obtenerlo es la inversa. Quedarse corto en las primeras zonas pintadas, teniendo que volver sobre ellas y oscurecerlas a costa de brillo y transparencia.
Un color sólo cuando se sitúa al lado de otro muestra su verdadera valoración tonal. Añadiendo a esto el hecho de que los tonos se aclaran cuando se secan, se añade inquietud al proceso. La práctica continuada es la única manera de no estar continuamente desagradablemente sorprendido por los resultados que obtenemos. Y ¿que tiene esto que ver con la paleta y los pigmentos usados? Pues mucho, pues cuando se trabaja con pocos colores, siempre los mismos, acaba uno conociendo sus posibilidades: cómo mezclarlos, qué colores y matices se obtendrán, acertar con el valor tonal adecuado.... Dominar las posibilidades del azul ultramar con el siena tostado, por poner un caso, ya es un avance gigantesco. Con esos dos colores se puede pintar una acuarela casi en su totalidad, como en la que se muestra a continuación. Algunos detalles podrían haberse presentado en otros colores, pero para la mayor parte del tema basta con las mil y una variaciones sutiles de la mezcla entre siena tostada y ultramar.. Tomando otros dos ocurre igual. Cuando dominemos unos pocos colores y sus casi infinitas posibilidades de mezcla, ya estamos al cabo de la calle.