Parodia

Publicado el 01 julio 2011 por Alma2061




ParodiaParodia (del griego, odé, ‘canto’, y pará, ‘al lado de’, ‘contra’), así pués la parodia significa el canto de lado, el contracanto o contrapunto. Entre los griegos, a través de la interpretación de Aristóteles, la parodia estaba asociada a lo cómico y, con tal perspectiva, incluía la ridiculización de lo heroico. Al propio Homero se le atribuye la breve epopeya Batracomiomaquia, que narra la lucha entre ranas y ratones, que ofrece el contraste entre el estilo elevado y la comicidad del tema y, al mismo tiempo, acude al procedimiento propio de la fábula: dar voz a los animales. Otra posibilidad sería tratar un asunto noble y reescribirlo con un estilo popular (versos cortos en lugar de versos largos); introducir detalles más familiares y coloquiales; practicar, en suma, la técnica del anacronismo. Éste es el caso del género burlesco, que se inicia en el siglo XVII en Italia y en Francia con diversas obras que travisten la Eneida y al propio Virgilio.A finales del siglo XVIII aparece en Francia el término pastiche, aplicado a la pintura. Este recurso tiene que ver con la posibilidad de imitar y combinar otros estilos y se conecta con la deliberada falsificación de textos ajenos, incluso de aquellos desestimados por su escaso valor literario. La reescritura de un texto, introduciendo cambios en el léxico, haciendo desplazamientos metafóricos o metonímicos, es en sí misma una forma de parodia, como lo es la tan popular costumbre de deformar refranes.Ironía y parodia van unidas. El cuento de Jorge Luis Borges Pierre Ménard, autor del Quijote es una demostración por el absurdo de que la reescritura de un texto, aun sin modificaciones, supone que el original no volverá a ser el que era. La parodia sería, en definitiva, una forma de la intertextualidad, la afirmación de que toda obra literaria remite (y repite) a otras obras. Y en este caso el ejercicio paródico no es siempre manifestación de lo cómico. Como ejemplos de parodia, mezcla de lo cómico y lo serio, merece la pena citar el Ulises de James Joyce, el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, la Antología apócrifa de Conrado Nalé Roxlo o Falsificaciones de Marco Denevi.