¿Proteger el medio ambiente o hacer el idiota?

Por Jmmulet

Creo que estaremos todos de acuerdo en que el medio ambiente es uno de nuestros principales patrimonios y que no debemos escatimar esfuerzos en tratar de legar a nuestros hijos y nietos un planeta mejor del que nos dejaron nuestros padres y abuelos. Y esta noble intención es la que guía a muchos de nuestros políticos, pero el camino del infierno está pavimentado con buenas intenciones y quizás convendría pararse a reflexionar si la actual política medioambiental es la mejor para conseguir los objetivos propuestos.
El caso más sangrante es el del mercado del algodón. La Unión Europea no autoriza el cultivo del algodón transgénico resistente a plagas, no obstante, no dice nada de la importar este algodón de terceros países. Consecuencia: los algodoneros tienen que ver como los billetes de euro están hechos con un algodón cuya siembra está prohibida en la propia Unión. Y no solo los billetes, también la ropa, las compresas o los bastoncillos de los oídos se hacen con algodón transgénico. Mientras tanto, para sacar adelante una cosecha, en Europa tenemos que utilizar toda clase de pesticidas (autorizados) que encarecen el producto final tanto que ya no es competitivo. Encarecimiento no solo económico sino también ambiental, en términos de emisiones de CO2 y de utilización de pesticidas. De hecho, Australia pasó de ser importadora a exportadora de algodón gracias a esta tecnología y se jacta más de la disminución del impacto ambiental que del beneficio económico. Y mientras los agricultores australianos, indios o pakistaníes ven como todos los años aumentan las exportaciones, los pobres algodoneros andaluces tienen que pelearse con el gusano rojo y la normativa europea.

Campo experimental de algodon transgenico (derecha) comparado con el convencional.

Esta actitud de no querer sembrar pero si importar el producto elaborado beneficia a los productores españoles de maíz Bt, que exportan a Francia el maíz que lo agricultores galos no pueden sembrar. No obstante Francia nos devuelve la pelota en el mercado energético. Aquí estamos pagando la moratoria nuclear (es decir, el costo de no hacer más centrales), queremos cerrar las que están operativas y apostamos por la eólica y la solar, con un volumen de subvenciones insostenible. Hace poco, el anuncio del ministerio de industria que iba a revisar la política de subvenciones ha hecho montar en cólera al sector. Si un sector solo se mantiene con subvenciones públicas… algo está fallando. El principal error de la política energética española es que tras años de tomar decisiones de cara a la galería, poner parches a costa de dinero público e ignorar las recomendaciones de los expertos seguimos con déficit energético. Esto nos obliga a importar la energía que nos falta de Francia, país que apuesta decididamente por la energía nuclear. Resumiendo, estamos frenando la energía nuclear en España, pero se la compramos a precio de oro a Francia.

Una fuente de ingresos de Francia, a costa de España

Y no solo aquí se queda el tema. Pensemos en las leyes contra el maltrato animal. Estaremos todos de acuerdo en la necesidad de evitar cualquier sufrimiento innecesario y desde luego no seré yo el que llore el día que se prohíban las corridas de toros. Pero utilicemos el sentido común. La ultima normativa sobre granjas aviares impone unas condiciones tan draconianas de bienestar animal que la respuesta del sector ha sido cerrar las granjas en España y llevárselas a Marruecos. ¿Cual ha sido el resultado? Por una parte paro, por otra pérdida de la soberanía alimentaria. Ahora importamos algo que antes producíamos, y finalmente, unas gallinas con peor trato en Marruecos del que tenían con la antigua normativa en Europa. No parece que hayamos adelantado mucho en bienestar animal.
Y por último pasamos de las gallinas a las verduras. La próxima vez que vayas a un supermercado fíjate en la cantidad de pimientos, lechugas y hortalizas en general que se importan del norte de África. La razón es bastante crematística. La normativa de fitosanitarios en Europa es muy estricta, por lo que muchos empresarios prefieren cultivar en el Magreb, utilizar todos los pesticidas que no están permitidos en la sacrosanta tierra europea y luego vender los tomates en Europa. ¿Le hemos ahorrado pesticidas al planeta? No. En una actitud que parece más propia del colonialismo decimonónico solo nos hemos quitado la basura de la puerta de casa y se la hemos endosado a nuestros vecinos ¿No sería más justo cambiar la estrategia? Ya que hemos prohibido el uso de ciertos pesticidas, deberíamos prohibir además la importación de productos en los que se hayan utilizado ¿no? Ya te digo que los políticos no quieren ¿Por qué? Unas leyes de protección ambiental que aparten las cosas feas de la vista suponen réditos electorales en un mercado de votos tan goloso como el verde. Pero ser consecuente con estas leyes y aplicarlas a las importaciones supondría, por ejemplo, pagar 10 euros por una docena de huevos, algo que ya no reportaría votos. Así que por favor, si queremos proteger al medio ambiente, hagamos caso a los científicos y no a los políticos.

Balance de intercambios energéticos

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