Le preparé un Red Velvet relleno y cubierto de crema de queso mascarpone. Luego lo cubrí de fondant. Quería que fuera sencillo, pequeño y diferente; o sea, que lo forré con fondant negra. Me daba un poco de respeto y miedo pero cuando ví el resultado final me encantó. A mis compañeros y amigos que lo vieron han dicho que es muy elegante. Una pasada.
La decoración, que era prescindible, se me ocurrió que podía hacer una figura representando una Banda de Möbius (para el matemático) y la Piedra de Rosetta para los filólogos. Pues, éxito total. Una pasada. Os paso las fotos.
Por cierto, el pastel estaba buenísimo. No sobraron ni las migas.