Las parejas que llegan a consultar por problemas conyugales lo hacen con frecuencia por problemas de infidelidad. En los relatos de vida de los pacientes aparecen otras y otros, culpables de que el matrimonio de sus padres se haya destruido. Es difícil, frente a la evidencia, no pensar que el modelo conyugal es útil para dar estabilidad a las familias, pero no para mantener una relación viva, interesante y monógama. Pero generalizar siempre es un error lógico y, por lo tanto, no puede afirmarse que el matrimonio conduce al aburrimiento de modo irremediable. Ni tampoco que un matrimonio abierto sea el camino hacia la realización emocional y sexual.
Algunos perfiles de las parejas que están interesadas en un matrimonio abierto pueden ser personas que tuvieron poca experiencia amorosa y sexual antes de casarse y que se perdieron de una etapa de ligue durante la adolescencia y la juventud; logros adolescentes no resueltos e ideales de libertad frustrados a veces están detrás del deseo de libertad sexual y amorosa; parejas en crisis que ven en abrir el matrimonio una forma de salvar la relación; buscar en la nueva relación una forma de castigo para una pareja que ha fallado; narcisistas necesitados de atención, gratificación y confirmación de sus poderes de seducción; la voracidad o hambre insaciable de quienes se han sentido abandonados a lo largo de la vida y que ven en la relación abierta una oportunidad para reparar viejas necesidades de atención; la tendencia al aburrimiento (con todas sus causas subyacentes).
Lo que realmente importa es que la pareja sea capaz de establecer pactos igualitarios y recíprocos. Sin convicción será muy difícil que una relación abierta funcione y no debería aceptarse sólo por satisfacer a la pareja o por miedo a perderla.
Juzgar la vida de los otros y sus elecciones jamás será un opción que nos ayude a construir sociedades más civilizadas.
Escribir sobre este tema no equivale a promoverlo como si se tratara de una religión a la que conviene adherirse o de un movimiento que necesita nuevos adeptos.
“A favor o en contra” es la forma más simplona de relacionarse con las ideas, con el mundo, con las elecciones humanas y con la diversidad.