Renoir siempre vuelve

Por Felipe Santos

En Le Déjeuner sur l’herbe (1959) puede percibirse lo que de verdad sentía Jean Renoir cuando volvía a Collettes, en Cagnes-sur-Mer, para reencontrarse con el viejo fantasma de su padre, que murió cuando él decidió volver a enrolarse en la Gran Guerra, esta vez como aviador, tras haberse recuperado de una herida en la pierna en el frente que arrastraría toda su vida. Aquella primera vez se encontró con su viejo padre magullado por el dolor, al que debían atarle los pinceles a unas manos deformadas por la artritis para poder hacer su trabajo.

Cojo y sin rumbo fijo, comprobó cómo el insigne Pierre-Auguste Renoir, sin apenas manos para pintar, conseguía bosquejar un cuadro a pesar de todas las dificultades. Quizá no encontró mejor lección en aquella convalecencia que la de un padre para quien siempre hay un último cuadro que pintar, una última luz que contemplar, unos colores que admirar.

El director francés Gilles Bourdos ha escogido esta historia entre padre e hijo para su cuarto largometraje, basada en la novela Le tableaux amoureux (Fayard, 2013) escrita por un biznieto del pintor, Jacques Renoir. El autor ya dejó claro cuando la presentó que solo pretendía hacer un ensayo no biográfico y encontrarse un Renoir que fuera más allá de las convenciones históricas. Bourdos se afana en crear una atmósfera que permita al espectador adentrarse en la relación entre padre e hijo a través de los sentidos. Lo consigue en gran medida a través de la cuidadosa fotografía del taiwanés Mark Ping Bin Lee, que ya ha trabajado con cineastas como Wong Kar-wai.

La cinta se aferra al trabajo interpretativo de Michel Bouquet como Renoir y a la presencia botticelliana de Christa Theret como Andree Heuschling, la última modelo del pintor y futura mujer de Jean Renoir, con quien empezará a rodar sus primeras películas. Es ahí, en la irrupción de la joven en el mundo de los dos, donde se encuentra el meollo de la película y donde se echa de menos el remanso suficiente para que los personajes se desarrollen en toda su dimensión. Lo mismo le ocurre al personaje del hermano de Jean Renoir, lamentablemente desaprovechado.

Aún así quedan en la retina imágenes bellísimas, el azul y el amarillo de la pesca con antorchas en el crepúsculo, o el rojo de los tomates fundiéndose con los vestidos. La naturaleza rodea a un pintor que siempre se rindió ante tan magno espectáculo. No es extraño que pensara que, en tales circunstancias, pegarse un pistoletazo habría sido una coquetería imperdonable.

RENOIR. Dirección: Gilles Bourdos. Guión: Jérôme Tonnerre, Gilles Bourdos. Fotografía: Mark Ping Bing Lee. Montaje: Yannick Kergoat. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Michel Bouquet, Christa Theret, Vincent Rottiers, Thomas Doret, Michèle Gleizer, Romane Bohringer. Duración: 111 min. Distibuidora: Golem. Accesible en alquiler a través de Filmin.

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Artículo publicado en Fila Siete.

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