Cotidianamente sufro al ver en cualquier sitio, pero especialmente en los centros comerciales, como van las familias con criaturas totalmente silvestres y sin ninguna supervisión de un adulto, no digo control, que sería demasiado pedir, y van los pequeños saltando, gritando, corriendo, peleando y haciendo lo que se les viene el gana, como si estuvieran en el patio de su casa. A veces inclusive he preferido dejar el local en el que me encontraba para no amargarme la vida.
Es más, no sólo gritan, patalean y todo a vista y paciencia de sus padres, que parecen ciegos, sordos y mudos, sino que a veces cogen cosas ajenas, las ponen en peligro, en ocasiones las rompen también, y entonces viene la madre, les dice muy molesta, "mira lo que has hecho, ¿no sabes portarte bien acaso? qué terrible eres..." y luego se va a otro lado llevándose al crío para dejarlo hacer lo mismo un poco más allá...
Cuánto quisiera que en los comercios pusieran avisos como éste, por respeto a los demás clientes, que no deseamos compartir con hijos de padres irresponsables que no asumen su labor de EDUCADORES, y creen que su obligación se limita a alimentarlos, comprarles porquerías y darles todo lo que pidan.