Todo el tiempo del mundo

Publicado el 11 agosto 2026 por Claudia_paperblog

-Imagínate, el finde en la Costa Brava, podrás ir a la cala que quieras, ¿no lo visualizas? Tirada en la arena de la playa, con tu libro, tendrás todo el tiempo que quieras para escribir. Por la noche te va a encantar el sitio donde cenaremos, tiene una terraza muy tranquila, comida sencilla, pollo asado, croquetas, patatas. Te llevaré al bar donde van los locales. Luego por la mañana, nos levantaremos e iremos a desayunar al bar de siempre, bocata de longaniza, donde el Babio. Y tendrás todo el día para ti, para seguir escribiendo.

El aire está cargado, la humedad debe superar el 80%, unos relámpagos iluminan el cielo de vez en cuando, pero, no sé por qué, no parecen amenazantes. Mis amigos ya se han ido de casa y me lo he pasado bien, pero a la vez he pensado en otras cosas mientras estaba con ellos. Ponen los pies descalzos encima de la mesa, su perro se sube al sofá, tiran la comida por el fregadero. Me he sentido irascible, seguro que es por el calor. En esta casa no corre el aire, hay que salir al balcón. Quiero dormir en la azotea si alguien me acompaña. Nadie está tan loco como para hacerlo. A mí no me parece una locura, simplemente una manera de salir de la rutina, de vivir una pequeña aventura un día cualquiera. 

Pero luego me asomo al balcón y les despido con un grito, me sabe mal no verles tanto como antes. Desde allí, mientras me lavo los dientes, veo una mantilla blanca tirada en el suelo de la acera, parece la de una Virgen. Un chico pasa a su lado y la esquiva. Me gustaría saber a quién se le ha caído.

Miro mi reflejo en el cristal del balcón y casi siempre recuerdo a Victoria, aquella foto que subió cuando estaba en el paro, algo de una mujer desparchada. Sé que siempre ha sido envidia y no me cuesta admitirlo, pero no me gusta saber que es ese el sentimiento que despierta en mí porque mi vida es increíble. Sé que es con ella con quien fue a la cala Ametller y no entiendo por qué me miente.

“Tendrás todo el tiempo del mundo para escribir”. Ni saqué el papel de la mochila. Nadie te cuenta que, cuando te haces adulto, ocultas tus pasiones. Estás tan cansado y absorbido por la rutina que ya nunca tienes tiempo ni ganas ni energía para hacerlo. Habrá quien dirá que son excusas, pero en realidad es simplemente dejarse llevar por la corriente, sucumbir a lo que esperan de nosotros. El trabajo es un yugo, llevamos también las anteojeras puestas, para no desviar la mirada a los lados, porque solo hay algo justo enfrente. J. también me dijo que tendríamos todo el tiempo del mundo y nunca es verdad, no sabemos cuándo se acabará todo.

Ya no apunto los sueños y me quedo todo el día desasosegada, una bola de energía, de color violeta me la imagino, rebota en mis estómago y quiere salir de allí, a veces llega hasta mi esófago, pero como no la he expulsado antes, ahora ya no puede escapar. Quiero recordar quién aparecía y ahora recuerdo a mi prima del pueblo, vivo con ella y con mi hermana en el piso del propietario. Este nos regaña porque hacemos mucho gasto de luz, yo se lo niego. Nos veo en el sofá de la casa, juntos, él es colombiano y aunque sea un capullo me pone mucho. Luego están todos sus amigos por casa, nadie le reclama nada. Ponen la calefacción muy fuerte y me preocupa que nos echen la culpa a nosotras. Creo que la calefacción son los veintinueve grados de temperatura con los que me despierto a las siete de la mañana.

Hay algo que no va bien.