Todo por la (pasta) Patria

Por Peterpank @castguer
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Puesto porJCP on Sep 21, 2013 in Autores

En 1942 el contexto en el que se dilucidaba el conflicto europeo experimentó una modificación sustancial con la entrada, en el mes de diciembre anterior, de EEUU en guerra. Esto acentuó la capacidad de presión conjunta anglo-norteamericana sobre España y permitió graduar mejor y endurecer, con altos y bajos, la política del palo y la zanahoria. Sin embargo, los sobornos no se vieron afectados. Esto es sorprendente y, que sepamos, no se ha analizado adecuadamente. Hubo, eso sí, numerosas dificultades técnicas y diplomáticas en razón de ciertas actividades comerciales de March en EEUU, que han estudiado Stafford y otros, y por motivo de una serie de manipulaciones monetarias del banquero que levantaron preocupación en Londres. No nos interesan.

En el verano la tensión entre militares y falangistas  volvió a crecer. Franco tuvo que aceptar algunas imposiciones de los primeros. El 2 de septiembre de 1942 modificó el Gobierno. Salió, por fin, Serrano Suñer y su puesto lo ocupó por segunda vez el anglófilo teniente general Francisco Gómez-Jordana. Pero también fueron destituidos Varela y Galarza, claves de entre los “amigos”. Sus sustitutos fueron el general Carlos Asensio Cabanillas y Blas Pérez González, muy leal a Franco.

Al día siguiente Eden telegrafió a Hoare. Reconoció que los “amigos” habían cumplido todas las obligaciones derivadas de los pagos secretos. Sin embargo, convenía renovarlas por otro año. Era de particular importancia mantener en la órbita a Orgaz, a la sazón alto comisario en Marruecos, y a Kindelán, capitán general de Cataluña.

El embajador inglés reconoció que los ‘amigos’ habían cumplido todas las obligaciones derivadas de los pagos secretos, pero convenía renovarlas por otro año. En esta coyuntura la embajada en Berna telegrafió el 11 de septiembre noticias inquietantes. Afirmó que March, al que evidentemente se le habían seguido los pasos en Suiza, creía que la Falange podía imponerse a Franco, aunque una restauración monárquica inmediata podría contener el peligro. Él tenía miedo de volver a España y prefería irse a Portugal o Inglaterra.

Hillgarth tranquilizó los ánimos: en realidad, March no creía en lo primero consideraba que la restauración sería una buena cosa pero no en aquel momento y si se retrasaba en regresar a España es porque no estaba seguro de si le dejarían volver a salir al extranjero.

El 17 de septiembre de 1942 el ministro consejero Yencken telegrafió a Eden resumiendo la situación. La operación se había previsto inicialmente por seis meses. Los objetivos se habían alcanzado. Los sobornos debían haberse pagado a finales de junio de 1941. Se habían retrasado, aunque ya se habían desembolsado algunos importes en pesetas relativamente pequeños. Se habían obtenido tres millones de dólares adicionales para distribuir entre generales más jóvenes y algunos almirantes.

Lluvia de millones

No identificó nombres, pero del contexto se desprende que Orgaz y Kindelán habían recibido pagos en moneda nacional. Kindelán, de seguro, cuatro millones. De Orgaz todavía no se conocía el importe. Son aspectos que, sin duda, manejaba Juan March y de los que nadie ha dicho ni pío hasta el momento.

La renovación de los sobornos se hizo excluyendo esta vez cualquier conexión con EEUU. En octubre se pensaba en que la operación podría durar un año más. Esto es muy notable porque precisamente por aquella época estaba ultimándose el desembarco aliado en África del Norte (Operación TORCH), que tuvo lugar al mes siguiente. Los aliados habían extraído de Franco la seguridad de la neutralidad española. Era obvio que si TORCH tenía éxito, el riesgo de que España pudiera bascular hacia el Eje desaparecería, pero ¿y si los alemanes invadían?

Era necesario consolidar la posición británica y atraer a los vacilantes. Para ello Hoare sugirió que se le enviara la autorización inmediata para utilizar hasta un millón de libras

Hoare, como ha recordado Messenger, se opuso tenazmente a los planes que iba madurando el SOE. Este quería organizar la resistencia en el supuesto de que el desembarco aliado pudiera llevar a la beligerancia española. Indudablemente el embajador confiaba mucho más en el instrumentario político, diplomático, económico y… en su arma oculta.

Por ello abordó personalmente en Londres la dimensión política de la continuación de los sobornos. En Whitehall se era consciente de que habría que prever la necesidad de realizar los pagos con la menor dilación posible. Vuelto a Madrid, Hoare envió sus recomendaciones en sendos telegramas el 14 y 15 de noviembre de 1942. Les precedió un informe sobre las conversaciones que él y el agregado militar habían tenido el 13 con Kindelán.

Este habló de la próxima llegada a Madrid de Muñoz Grandes, ya convertido en un hombre de Hitler y agitando a favor de las reclamaciones españolas sobre Gibraltar y Marruecos. Dijo que a Yagüe se le enviaría a Melilla para evitar un contacto entre ambos. Orgaz debía vigilarle estrechamente. Así fue. Los generales estaban sólidamente detrás de la política neutralista de Gómez-Jordana.

Oro a discreción

Hoare concluyó que la situación era un tanto lábil. Era necesario consolidar la posición británica y atraer a los vacilantes. Para ello sugirió que se le enviara la autorización inmediata para utilizar hasta un millón de libras. March suministraría el contravalor en pesetas contra el equivalente en oro que quedaría depositado en Londres hasta el final de la guerra y a su disposición. Esto constituyó una importantísima innovación técnica.

Cadogan resumió la situación para conocimiento de Eden y de Churchill el 15 de noviembre. Con los alemanes presionando a Asensio Cabanillas, Yagüe, Barrón y Muñoz Grandes, estaba de acuerdo con Hoare.

Las recomendaciones se aceptaron, probablemente teniendo en cuenta la información, suministrada por alguien próximo a Nicolás Franco, de que Asensio Cabanillas había propugnado una política contra los intereses británicos. Se recordará que al principio se le había mencionado entre los “amigos” pero si había llegado a formar parte de ellos, lo que desconocemos. La nueva información implicaba que tal vez se había descarriado un tanto.

La operación debía prolongarse un año más y lograr el nuevo objetivo no era nada fácil. Implicaba influir en el sentido del equilibrio del propio Franco. Algo que debía realizarse con medios no ya sutiles, sino hipersutiles

El confidente de Nicolás añadió después que este estaría en contacto ocasional con Asensio (cuatro días más tarde Hoare telegrafió que su fuente los había visto juntos y que no había nada que temer). Nicolás prefirió, sin embargo, que su nombre no lo conocieran los otros generales. Había visto a su hermano y le encontró decidido a oponerse a las presiones de dentro y de fuera.

En tales condiciones Hoare destacó que merecía la pena asegurarse de que Orgaz y otros generales continuasen en sus puestos. Como se ve, la operación ampliaba su orientación. Duraría, según informó Cadogan a los jefes de Estado Mayor el 22 de noviembre, hasta finales del año siguiente. Lograr el nuevo objetivo, en las turbulentas aguas españolas, no era nada fácil. Implicaba influir en el sentido del equilibrio del propio Franco. Algo que debía realizarse con medios no ya sutiles, sino hipersutiles.

Hoare señaló que los pagos tendrían que ser sustanciales e inmediatos aunque no se produjeran antes del 1 de julio del año siguiente. Estarían condicionados a que España no demostrase intenciones agresivas hacia los aliados. Poco después telegrafió que el hijo de Kindelán le había dicho el 15 de noviembre que su padre había visto a Franco y que este estaba dispuesto, apoyado por Vigón, Asensio Cabanillas y otros ministros, a resistir a una eventual petición de Hitler de que se autorizara el paso de tropas por España. Sobre tal gestión, conocida, pudo gravitar la influencia de los sobornos.

Churchill da luz verde urgente

Eden se puso en contacto con el canciller del Exchequer y le pidió que los arreglos técnicos se hicieran con la máxima rapidez. Wood no disintió pero el mismo 16 de noviembre replicó diciendo que era de la mayor importancia que el Tesoro continuara informado, con la mayor antelación posible, de los gastos confidenciales. En la urgencia, el Foreign Office se había saltado al Tesoro. Esto llevó a Eden a responder con un acto de contrición. El canciller del Exchequer reconoció que podía basarse sin límite alguno en el voto secreto a favor del presupuesto para el MI6.

Ahora bien, como tales gastos no los auditaba la correspondiente comisión parlamentaria sentía una especial responsabilidad en que su empleo se hiciera de la forma más rigurosa. Los gastos secretos habían aumentado considerablemente desde el comienzo de la guerra y, con ello, tal responsabilidad.

En el Foreign Office debió satisfacer la reacción inmediata de los “amigos”. Una fuente segura comunicó a Hoare que Nicolás Franco se había entrevistado separadamente con Asensio Cabanillas y Yagüe. El resultado fue que el ministro atendería las peticiones y se ocuparía de Yagüe, Barrón así como  de otro general cuyo nombre no era conocido. A la par ahogaría cualquier intento de Muñoz Grandes por armar barullo.

Carlos Asensio Cabanillas, ministro del Ejército y jefe de la Casa Militar de Franco, atendería a las peticiones del Reino Unido y se ocuparía de convencer a Yagüe y Barrón

Asensio reconoció que él y algunos de sus compañeros habían pensado en tratar de convencer a Franco de dar un ultimátum a los británicos y atacar Gibraltar. Confesó que eran proyectos un tanto estúpidos pero que los alemanes no le habían dejado en paz un momento. La fuente añadió que Asensio Cabanillas era un hombre bastante simple y que Muñoz Grandes estaba aislado.

En esta ocasión la documentación desclasificada contiene los compromisos asumidos por Asensio Cabanillas y Orgaz. Recordemos que se trataba del ministro del Ejército y del alto comisario en Marruecos. Los comunicó Hoare el 17 de noviembre de 1942. Consistían en resistir a cualquier movimiento, interno o externo, que pudiera conllevar el riesgo de involucrar a España en una guerra con los aliados.

Esto comprendía resistir, incluso con las armas, a cualquier petición del Eje para que sus tropas cruzasen España o utilizar aeropuertos o puertos españoles en la península y territorios ultramarinos. A fortiori, se resistiría, de nuevo con las armas, todo intento alemán de invadir el territorio español y se tomarían las medidas de precaución necesarias para hacer frente a cualesquiera de las contingencias indicadas. No debe sorprender este tipo de planteamientos. Como ha indicado Ros Agudo, ya en el mes de marzo anterior Aranda había contactado con la embajada norteamericana solicitando armas para un golpe que podría producirse en el caso de que Alemania invadiera España o si Franco no se oponía.

Más dinero, más espías

Es obvio que los británicos, a pesar del éxito de TORCH, no querían arriesgarse lo más mínimo. Se congratularon en particular de que los arreglos con Asensio Cabanillas estuvieran a la altura de los que les habían ligado con Aranda. Esto hace pensar que el ministro del Ejército se situó a su lado sin la menor compunción por su conducta pasada. No fue menor la congratulación que debieron sentir cuando las fuentes informaron que la influencia de Nicolás Franco sobre su hermano había aumentado extraordinariamente. En contra, Juan Vigón seguía recalcitrante, convencido de que Alemania podía ganar la guerra. No sabemos si está documentado que tal fuera el caso pero para los británicos reforzaba la necesidad de continuar con los sobornos.

Con los sobornos y… con otras cosas. Esto explica que precisamente en aquellos momentos se expandiera, por si las moscas, la misión del SOE en España. De dos agentes se pasó a cinco. Los planes continuaron, a pesar de las opiniones contrarias de Hoare e incluso de los Jefes de Estado Mayor en Londres. Como ha señalado Messenger, el nuevo jefe de la Sección H, responsable de España, mayor L. J. W. Richardson, revitalizó la planificación desde su nombramiento en octubre de 1942.

Los británicos no estaban decididos a poner mínimamente en riesgo la estabilidad geoestratégica de España. Su máxima fue que “la sección H tenía que estar preparada para esperar lo inesperado”. Incluso se había lanzado una nueva operación (REPROACH) en contacto con Aranda, Kindelán y Orgaz. La mentalidad del worst case scenario no fue un patrimonio exclusivo de Hoare o de Hillgarth. Por razones obvias, los británicos no estaban decididos a poner mínimamente en riesgo la estabilidad geoestratégica de España.

El nuevo papel de Juan March

¿Cuál sería el papel de March en el tema de los sobornos a partir de ese momento? Hoare y el agregado financiero Hugh Ellis-Rees lo clarificaron el 8 de diciembre de 1942. El banquero entregaría el maná a los beneficiarios con cargo a sus propios fondos. El ritmo y el montante los fijaría de tal manera que la embajada obtuviese el máximo provecho de las informaciones y de  las acciones que se pusieran en marcha.

De entrada, March había aceptado una nueva sugerencia británica de retrasar el grueso de los pagos hasta 31 de diciembre de 1943. La embajada reconoció la necesidad de fiarse del mejor juicio del financiero. Los funcionarios del Tesoro concibieron reglas más estrictas pero no eran aconsejables. Todo lo que antecede era desconocido y evidencia el reforzado papel de March en la operación.

Hacia la mitad de 1943 se reconoció en Londres que el riesgo había desaparecido e incluso el SOE puso fin a sus planes. La política británica, como habían señalado Makins, Hoare y Hillgarth, había siempre estribado en evitar que España entrase en la guerra. No en favorecer un golpe contra Franco. Un año más tarde, el propio Churchill lo insinuó ante los Comunes.

En este sentido, las esperanzas que albergaba la oposición tras el triunfo británico en la segunda guerra mundial estaban condenadas a sufrir la más profunda decepción. El mundo ganó a consecuencia de la victoria aliada pero no los anti-franquistas. La estabilidad geopolítica y geoestratégica española primaba sobre cualquier otra consideración y en 1945 el nuevo Gobierno laborista no cambió de orientación. Realpolitik es Realpolitik.

Los pagos se mantuvieron desde su chispa inicial, en mayo de 1940, hasta su renovada plasmación en junio de 1941. Sus coletazos debieron continuar hasta diciembre de 1943

La operación sobornos terminó diluyéndose en largos telegramas entre Londres y las embajadas en Madrid y Washington para dilucidar la necesidad de mantener sus secuelas en el más estricto secreto. Los funcionarios del Tesoro británico pensaron incluso en cómo salvar eventuales contingencias, entre ellas un prematuro fallecimiento de March. La correspondencia es interesante desde el punto de vista de los arreglos técnicos internos pero probablemente no para el lector de estas líneas.

La desclasificación de documentos británicos hasta ahora secretos ha permitido perfilar el desarrollo de los sobornos desde su chispa inicial en mayo de 1940 hasta su renovada plasmación en junio de 1941. Sus coletazos debieron continuar hasta diciembre de 1943. Un período absolutamente crítico en la política interna y externa española y en la conducción de la guerra por parte del Reino Unido.

En todo lo que antecede hemos tratado de destacar los más importantes de aquellos aspectos que hasta ahora no habían aflorado en la literatura o lo habían hecho insuficientemente y sin apoyo documental directo. Naturalmente hemos integrado aportaciones de otros autores que han arrojado luz complementaria.

¡ Ardor guerrero, vibran nuestras voces, y de amor patrio henchido el ….!