Estaba yo preparado con mis sobres blanco y salmón en una de las colas del colegio electoral, cuando entre el bendito hastío de tanta espera prácticamente no me dejé un solo cartel del pasillo escolar por leer. Entre saludos y lecturas me llamó la atención un aviso muy colorista de un menú escolar preparado para el mes de mayo. Como una especie de recuerdo a Alaska y los Pegamoides me vino a la mente: ¡Horror en el... comedor!
Tantos desvelos para intentar organizar una oferta saludable en los coles para que a la mínima de cambio, los principios nutricionales y las directrices de la administración queden en entredicho. Para muestra un botón:
Otro cartel, muy atractivo, anunciaba el "Menú del lejano Oeste" con "Celebrity salad (?)"; "Patatas del oeste" y "Cheese burger", para finalizar un "Tornado de vainilla y chocolate". Mucho me temo que hubiera sido mejor un "Menú del cercano Mediterráneo".
De unos años hacia aquí hemos observado un mayor cuidado (en general) en los menús escolares pero visto este ejemplo queda mucho por hacer. Me consta que existen profesionales de la nutrición en muchas empresas de catering asesorando sus menús. Me consta que la administración trabaja por establecer mecanismos de control de la oferta alimentaria. Me consta la preocupación de las madres y padres de los escolares por la calidad de la alimentación de los comedores escolares. Pero aún no es suficiente. Aún podemos encontrar lamentables menús, desaguisados que requieren de la consiguiente rebelión de los comensales, que escapan del ¿control? de los "encargados de comedor", que nacen de concepciones demasiado particulares de algunos cocineros, que se miden más por la aceptación que por la calidad. Necesitamos que todos los implicados en la ardua tarea de alimentar a nuestros niños y niñas nos tomemos aún más en serio la importante función nutricional y educativa del comedor escolar.