Revista Educación

Hijos bilingües

Por Mamaenalemania

 

Uno de los temas más recurrentes entre madres expatriadas es el bilingüismo de los hijos. Sobre todo cuando la familia es mixta, o sea, uno de los padres español y el otro de la nacionalidad del país en el que se vive.


Yo siempre di por hecho que mis hijos hablarían español perfectamente y no me informé sobre el tema (ni me preparé para lo duro que es). Lo hice intuitivamente.
Con mi marido hablo en alemán, siempre. Intentamos hablar español una temporada un día sí un día no (él habla español peor que yo alemán) y al final resultó que el día que tocaba español no nos dirigíamos casi la palabra, reservando los temas importantes para el día alemán.
Lo que yo he hecho:
- Hablarle al niño siempre siempre siempre en español. Da igual quién esté delante (la gente sorprendentemente suele ser muy tolerante con este tema y les parece estupendo), el niño no oye una palabra mía dirigida a él en alemán jamás. Si la persona que está delante no habla español se le traduce después (o lo entiende por el contexto).
- No dejar que el niño me conteste en alemán, o sea, hacer como que no le entiendo cuando me habla en alemán. Esta es la parte más complicada o en la que yo he visto que otra gente ha “flaqueado” más. También es la más difícil, por cierto. Cuando el niño es pequeño y sólo balbucea palabritas, no distingue idiomas. Es decir que elige la palabra más fácil para él para decir, por ejemplo, “agua” y esa es la que usa indistintamente con sus padres. Si la palabra en cuestión era alemana y el niño es muy pequeño como para saber cómo se dice en español, no le ignoro completamente o le digo que no le entiendo. Lo que hago es “jugar” con él, por ejemplo, “qué quieres, agua? Ah! Es que a mamá se le dice agua y no Wasser. Lo puedes decir? Repite conmigo a-g-u-a, puedes?” mientras le pongo o le alcanzo el agua, claro. No es cuestión de que el niño odie el idioma, sino que lo vea como un juego, así que así es como hay que planteárselo. Es como tenderle una “trampa”: si va aprendiendo español y vas viendo que sabe decirlo y él también, llega un momento en el que no hay excusa para usar el alemán contigo y ya le puedes decir, directamente y sin escrúpulos “no te entiendo cuando me hablas así”. El niño no es tonto y sabe que su madre habla alemán porque es así como habla con su padre, pero ya se ha acostumbrado y no concibe hablar conmigo en alemán, así que, da igual quién esté delante, siempre siempre siempre se dirige a mí en español. Cuando aprende una palabra nueva en la guardería y no la sabe en español me pide que se la traduzca.
- Está tan acostumbrado que, cuando estamos sentados los 3 en la mesa por ejemplo, el niño cambia de idioma sin pensárselo: si se dirige a mí es en español y si es a su padre es en alemán. Para esto es importante que los 2 padres entiendan bien los dos idiomas, porque si no es casi imposible. Al niño no hay que sobrecargarle; si estamos teniendo una conversación amena, no le puedo hacer que me traduzca todo a mí, o sea, que si le cuenta o pregunta algo a su padre y tengo que contestar yo, no le hago repetirlo todo en español, me doy por entendida. Su padre, eso sí, lo hace igual. Es verdad que a veces está más vago y que tiene épocas en las que utiliza una palabra en alemán compuesta para evitar decir la frase correspondiente en español. Si sé que el niño sabe decirlo en español, le digo “qué?” y se da cuenta en seguida de que no cuela. Hay veces que una palabra en alemán no tiene traducción, así que la españoliza y yo se lo consiento.
- Me he dado cuenta de que los niños aprenden mucho de otros niños así que le viene muy bien pasar temporaditas aquí en España relacionándose con otros niños españoles. Por supuesto canciones, películas y demás, siempre se las pongo en español. Incluso si se emperra en una canción infantil alemana, la versionamos y punto.
- Lo que sí que hago es corregirle también el alemán. Una cosa es que yo no lo hable con él y otra muy distinta que le deje hablarlo mal con otros, así que si veo que está hablando con otro en alemán y dice algo mal, le corrijo (eso sí, la frase para corregir es en español).
Tengo que reconocer que el niño habla mejor alemán que español, que incluso tiene un ligero acento en español (en la entonación, no en la pronunciación), que a veces construye las frases a la alemana…etc. Me desespera, pero supongo que es normal. Lo que más me desespera es cuando la gente aquí me dice “tiene acento” y cosas así. No lo hacen con maldad, claro que no, por lo menos no todo el mundo, pero si supiesen lo duro que es ser la única fuente de español de tu hijo en el extranjero (todo el día corrigiendo, esforzándote por hablar perfecto, repitiendo y demás) se darían cuenta de que esos comentarios desesperan y frustran bastante. Me resultaría mucho más fácil dejarle hacer, que construya la frase a la alemana (con el verbo al final, el adjetivo antes del nombre…etc.) o darme por entendida con la palabrita compuesta de turno, pero sé que si bajo la guardia, el niño se acabará acostumbrando (porque para él es más cómodo hablar en alemán) y su español se resentirá (cosa que, estoy segura, me recriminaría cuando fuese más mayor).
Ahora tengo un nuevo reto: El lenguaje entre hermanos. Como su padre está todo el día trabajando y viaja mucho, me paso casi todo el día sola con los dos, así que el niño, de momento, ha aprendido a dirigirse a su hermano en español. Me imagino que cuando el pequeño empiece a ir a la guarde (todavía le quedan años) y a hablar alemán con regularidad, les será más fácil hablar en alemán o mezclar los idiomas entre ellos. Pero por lo menos me conformo con que les resulte natural dirigirse el uno al otro en español y que sea una opción para ellos, sobre todo si sólo estoy yo delante.

 

Foto de portada: Reflexionsonora


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