Revista Cultura y Ocio

Quejío era un grito de disconformidad

Publicado el 06 enero 2012 por Elcabrero

La gira con Quejío duró varios meses. Yo creo que fue la vez en que más tiempo estuve sin coger el bastón y ya estaba agobiao de tanto asfalto: en cuanto gane aquí lo suficiente para comprar una tropa de cabras, lo dejo, y se reían de mí los del grupo pero la ciudad me aburría, me mareaba en los viajes y llegó un momento en que volver al campo se convirtió en un propósito y los tenía jartos de hablarles de lo mismo: ¡venga ya, cabrero, con las cabras! Y ¿cómo va a ser monótono viajar por toda Europa?  ¡Lo más monótono der mundo es el pastoreo! ¡Pues estaban equivocaos! Lo que cambia es cada amanecer y no hay una puesta de sol igual a la otra. La vida y la música del paisaje no son las mismas tos los días, ni tampoco lo son los olores, ni los pensamientos, ni la imaginación, que en el barullo de la ciudad yo la sentía atrofiada.

Luego, cuando me subía al escenario, se me olvidaba to eso porque el cante te reclama y las letras de lo que cantaba las sentía (si no, no hubiera estao allí ni un día): El mulo que me lleva, es el del amo, y se viene conmigo, cuando lo llamo. Viene conmigo, porque juntos sudamos, cargando el trigo. Y por la tarde, al dar de mano, duerme el mulo en la cuadra, y yo en el grano…¡Y no he dormío yo veces sobre los sacos de pienso! Y he sudao, cargando marojo, tanto como el mulo…

Quejío era un grito de disconformidad, aquello salía de las tripas y levantó muchas liebres y a Francia y otros países llevó una imagen de Andalucía y del flamenco con olor a choza y a rebeldía.

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París, 1972

 Los teatros se llenaban todos los días. En Madrid estuvimos un montón de tiempo ¡Llegué a aprenderme de memoria los diálogos de otra obra que se estaba representando allí! No recuerdo el título pero actuaba Paco Algora, alias Jonás; nos hicimos amigos y hasta ahora. En Francia fueron varias actuaciones en París, Toulouse, Nancy. Luego a  Roma y Florencia en Italia y de allí a Suiza. Teníamos que actuar, además de Ginebra, en otra ciudad que ahora no recuerdo pero los gendarmes suizos nos echaron de allí y se canceló la función.

Todo el viaje, desde Sevilla, lo hicimos por carretera. Távora, Liliane, una francesa que era la productora, y el bailaor con su mujer en un turismo y el resto, Pepe Suero, su mujer, Joaquín el guitarrista, Alfonso Jiménez Romero y yo, en una furgoneta mu vieja y destartalada donde llevábamos los chismes. Tenía los papeles en regla pero los gendarmes dijeron que los permisos servirían para España pero que por las carreteras suizas no se podía circular con aquel trasto y que nos dirigiéramos a la frontera más cercana.

El éxito de la gira fue grande y yo ya estaba hecho al toque de Joaquín pero eso de tos los días los mismos cantes, y sólo tres cantes, se me quedaba estrecho y además ya estaba jarto de pisar asfalto. De vuelta a Andalucía hicimos varias funciones más y me despedí del grupo.

Oración de la tierra

Volví a caer en el error, ese mismo otoñó, cuando Alfonso Jiménez me propuso Oración de la Tierra. Estuvimos un par de meses ensayando y conviviendo casi toda la troupe en un chalet en Sevilla y cuando llegó el estreno, que fue en La Puebla de Cazalla yo ya estaba cansado de repetir y repetir lo mismo cada noche y ahí lo dejé porque había tropezao en la misma piedra.

Lo que más me gustaba de Oración de la tierra era el baile de Fernanda Romero. Ella representaba “la tierra” y yo “el campesino”: Desde niño me enseñaron que el pan que me comía, debería arrancárselo a las mismas entrañas de la tierra (recitado) Y luego le cantaba “como la sal al guisao, tú me estás haciendo falta prima, como la ropa al encueros, como el agua a lo sembrao, como la mina al minero”, por taranto y ella lo bailaba, con mucha jondura, con los chinchines.

Pero a mí eso de recitar no me va y menos alternar recitao y cante. Hay quien lo hace muy bien pero yo me encuentro, en el cante, en una predisposición distinta a recitar, que no es lo mismo que si yo le hablo al público de lo que llevo en el morral. No sé si se me entiende: para el cante estoy yo, tos mis sentidos en él y lo que echo por la boca es lo que quiero, no es un guión escrito por otro. Me han propuesto varias veces trabajar de actor, para cine y para televisión y siempre lo he rechazado. Una era para interpretar el personaje de Manuel Torre en una obra de Antonio Gala. Les aconsejé que el que debía de hacer el papel de Manuel era mi compadre José de la Tomasa y no sé qué pasaría… Yo, lo que no siento, si puedo, no lo hago y desde siempre sé que lo mío son las cabras y el cante.

José El Cabrero, enero 2012


Filed under: 1972-1980 Tagged: flamenco, quejio, teatro
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