Hablemos de 101 discos de los 2000 clásicos y no tan clásicos
¿Aburrido de las listas de siempre, confeccionadas copiando en bucle otras listas de siempre? Te ofrecemos esta alternativa nada ortodoxa con una selección de los mejores álbumes de la década de los 2000, clásicos y no tan clásicos.
Tienes a tu disposición en Spotify nuestras playlists exclusivas con los temas de cada entrega para que disfrutes de la experiencia completa mientras lees 👂
He aquí la esperada octava entrega. ¡Dale al play y disfruta!
Los discos que analizamos en esta Parte 8:
- The Chemical Brothers – We Are The Night (2007)
- Novastar – Another Lonely Soul (2006)
- Dark Was the NIght (2009)
- Budapest – notTo Blind To Ear (2002)
- Shearwater – Rook (2008)
- DeVotchKa – How It Ends (2004)
- Leonard Cohen – Ten New Songs (2001)
- The Dears – No Cities Left (2003)
- Interpol – Turn on the Bright Lights (2002)
- The Dandy Warhols – Thirteen Tales from Urban Bohemia (2000)
71- CHEMICAL BROTHERS – We Are the Night, 2007
Aunque su época de mayor relevancia ya había quedado atrás, con esta sexta entrega el dúo demuestra que era capaz de mantener un ritmo creativo, cuanto menos, meritorio. ¿Estaban regenerando la electrónica big beat o haciendo decaer el status conseguido en los noventa? Qué más da cuando puedes disfrutar de una joya tan Bowie, sugestiva y alienígena como "All Rights Reversed", donde cuentan con una de las sorpresas de aquella temporada: Klaxons. Quizá Tom Rowlands y Ed Simons no estuvieran ya en la década adecuada, pero el krautrock y la electrónica dance híbrida de temas como "We Are The Night", "The Salmon Dance" o "Do It Again" tampoco la necesitan.

72- NOVASTAR – Another Lonely Soul, 2006
Joost Zweegers es el artesano del pop-rock melancólico y atmosférico que se esconde bajo un nombre tan genérico. Lo del belga son los paisajes íntimos, suaves y reflexivos —como en "Lend me Love", otra vez a-ha—, construidos sobre melodías cautivadoras ceñidas a lustrosos pianos, guitarras acústicas y sugestivos sintetizadores ("Rome") que logran encontrar recovecos tan astutos como los de "Never Back Down". Ozark Henry, otro orfebre notable, ayuda a reelaborar y perfeccionar gemas del brillo de "Wrong" gracias a una producción pulida y vitalista. El resultado es un trabajo sólido que fluye por la senda de Coldplay sin llegar a empalagar por un instante.

73- DARK WAS THE NIGHT, 2009
El mejor álbum recopilatorio de la segunda mitad de la década describe a la perfección las tendencias y estilos más representativos de su era: folk, rock, electrónica y art-pop, siempre con la etiqueta de indie por delante. La escena independiente se celebra aquí lanzando joyas inéditas, rarezas y versiones para recaudar fondos en beneficio de la lucha contra el olvidado, pero aún existente, SIDA. Un verdadero arsenal de talento y creaciones de la mano de Bon Iver, The Decemberists, Arcade Fire, Sufjan Stevens, Grizzly Bear, Cat Power, My Morning Jacket o Feist, donde destaca sorpresas como "Knotty Pine" de Dirty Projectors junto a David Byrne y, sobre todo, la contagiosa "So Far Around the Bend" de The National. Imprescindible.

74- BUDAPEST – Too Blind to Ear, 2002
En plena invasión del indie heredero del britpop, el sonido convencional se pagaba caro: crítica y público te condenaban al ostracismo. Daba igual que tuvieras melodías redondas, una voz evocadora, estribillos de velcro y la angustia existencial más alta que la bilirrubina: la etiqueta de "cliché" caía sobre ti cual guillotina. Así pasó con la banda de John Garrison. Su debut, además, nacía de la tragedia: durante las mezclas, su guitarrista y co-compositor se suicidó. A lo largo de sus diez cortes puedes intuir ese dolor latente luchando por salir indemne. "Censored Memories" fue un sencillo incontestable, pero había otras joyas: "Evade the Pain", "Life Gets in the Way" o "Look you in the Eye".

75- SHEARWATER – Rook, 2008
Sobrecogedor tratado folk-rock orquestal con imaginería tenebrista pastoral que impacta desde su sobria belleza. Un viaje sonoro como sacado de un cuento gótico, a través de la característica voz de Jonathan Meiburg (entre Scott Walker y Jeff Buckley) sobrevolando una mezcla elegante de estilos limítrofes: arreglos de cámara, post-rock y barroquismo minimalista. La inusual mezcla fluye orgánica y solemne con sus melodías épicas teñidas de romanticismo apocalíptico y naturalista. Cumbre creativa del combo texano: una experiencia telúrica entre la calma tensa y el estallido salvaje en piezas como "Rooks" y las descomunales "The Snow Leopard", "Century Eyes" o "Leviathan, Bound".

76- DEVOTCHKA – How It Ends, 2004
La genial banda sonora de Little Miss Sunshine (con "How It Ends") los dio a conocer fugazmente. Un viaje sonoro guiado por una voz rica y teatral que aborda una mezcla tan creativa como abrumadora de estilos fronterizos: música gitana del Este, sonidos circenses, mariachi, valse musette, spaghetti western y cumbia. Un torrente que vapulea al oyente con su exuberante e inusual instrumentación para revestir épicas melodías empañadas de cierto romanticismo añejo. Los de Denver iban sobrados de energía y dramatismo en su tercera producción: un viaje caleidoscópico que fluye como un río desbordado en títulos como "The Enemy Guns", "We're Leaving" o "Such a Lovely Thing".

77- LEONARD COHEN – Ten New Songs, 2001
Nueve años después de su última entrega, el poeta estrenaba siglo esparciendo su sabiduría de la manera más minimalista hasta la fecha. La veterana corista Sharon Robinson es la encargada de formar dúo creativo a merced de la visión poética de Cohen, arreglando el material y armonizando con el canadiense. Un tapiz sonoro monocromo pero altamente sugestivo, basado en texturas electrónicas que barnizan la palabra de modernidad, da paso a la voz del profeta, que ha ganado, si cabe, en profundidad al adecuar sus poemas a la sobriedad musical. Dos de sus piezas testamentarias más brillantes y aclamadas lucen aquí: "In My Secret Life" y "A Thousand Kisses Deep". Y nosotros te escuchamos.

78- THE DEARS — No Cities Left, 2003
Este es el ejemplo perfecto de álbum infravalorado. Una obra cinematográfica y pesimista, una criatura híbrida nacida en Montreal entre el indie-rock y el chamber-pop. La voz de Murray Lightburn podría definirse como "Damon Albarn despojado de frivolidad en su día más depre", sobresaliendo en maestras melodías dramáticas y exuberantes arreglos orquestales, cierta oscuridad en el ambiente y guitarras crudas. Ecos a Suede y Smiths en "Don´t Lose the Faith" o "Lost in the Plot" y elegantes sorpresas con "Expect the worst", "22. The death of All the Romance" y "Never Destroy Us". Como ya anunciaran en su EP de presentación: Orchestral Pop Noir Romantique. En fin, tremenda película.

79- INTERPOL — Turn On the Bright Lights, 2002
Resucitar a las tenebrosas hordas de Joy Division en un mundo post-11S tenía sentido. La oscuridad nutre el debut de Paul Banks y los suyos. Su voz desganada aborda una montaña rusa de composiciones sorprendentemente magistrales. El cuarteto funciona cual reloj suizo: cada instrumento capta tu atención y hace hervir la sangre erizando los sentidos. Una arquitectura brutalista de guitarras envolventes dan paso a un bajo que abre serpenteantes melodías en busca del santo grial del clásico instantáneo. Atmósferas inquietantes, casi litúrgicas, dominan un álbum que desborda intensidad: no hay corte desechable. "Obstacle 1", "Say Hello to the Angels" y "Hands Away" son pura alquimia oscura.

80- The DANDY WARHOLS — 13 Tales From Urban Bohemia, 2000
Una obra maestra del "rock actitud" para el cambio de siglo. Si "Bohemian Like You" se convirtió en el primer himno cool de la nueva centuria, presentando un álbum que es el manual definitivo del rock clásico y chulesco (glam, space rock, garage, folk lisérgico, country, psicodelia, shoegaze); la bailable y enérgica "Get Off", la magnética "Nietzsche" y la épica "Godless" son los pilares sobre los que se fundamenta este ecléctico, adictivo, audaz y divertido muestrario de rock´n´roll perfecto para recién llegados. Todo releído con una voz perezosa, la del irónico y trasnochado Courtney Taylor-Taylor, complementando su arrogancia con el descaro sensual y peligroso de Zia McCabe al teclado.

© David de Dorian, 2026
