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12. Pegamentos y contagios

Publicado el 11 marzo 2021 por Cabronidas @CabronidasXXI

    Aunque algunos lo tienen larvado, siempre se ha dicho que el cerebro humano es un órgano prodigioso. El mío, por ejemplo, no deja de sorprenderme y no es por su escaso cociente intelectual, sino que funciona con movimientos reflejos, como los pulmones, el corazón o los párpados. No depende en absoluto de mi voluntad. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo como un autómata cuya única programación es el tecleo. Pero cuando se cansa se queda al ralentí y cuando se relaja es peor: dibujo un encefalograma plano, mis facciones se diluyen en una inexpresión gelatinosa, no paro de desbabar y me comunico a base de uuungs y gñeees.

    Creo que este deterioro lastimoso tiene su origen en el hecho de que comiera tanto pegamento de pequeño. Un día, mi madre me llevó a la consulta del pediatra porque me dolía la barriga a horrores. El bueno del doctor Sabiniano, bregado en mil situaciones con no menos infantes, me preguntó: «¿Has comido algo que pueda haberte sentado mal?». Y yo respondí con inocencia: «Pegamento». Don Sabiniano adoptó unos rasgos que decían: «Collons, en la universidad no te preparan para casos así». Mientras que mi madre, visiblemente conmocionada, profirió un sentido: «Ay, verge. Con la de cosas que hay de comer en casa».

    Mi pegamento predilecto era el Supergen, que pese a ser incoloro desprendía un suave aroma adictivo y poseía una textura muy apetitosa, parecida a la del chicle varias veces mascado. El Bully era de un prístino color blanco y no es que no fuera apetecible, pero no se apelmazaba lo suficiente para masticarlo y tenía un retrogusto petroleado. El Nural me llamaba mucho la atención porque era de un intenso color naranja, pero maloliente como el sobaco de un troll, por lo que nunca llegué a catarlo. Y del pegamento Imedio para qué hablar, si era un miembro más de la familia ideal para complementar la merienda.

    Y a todo esto, como que en este país se hace todo tan bien y somos muy obedientes, no me queda más que estar tranquilo: la desescalada será un éxito y el biorriesgo no se dará lugar porque nadie me pegará el covid. 



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