Años más tarde.
La rutina ha dado paso a otras inercias diarias.
Ya no hay cordel que sujete ningún sueño, sólo un puñado de llaves, que abren puertas y realidades.
El perro es un perro. No hay más. El caballo coge polvo en el desván a la espera de nuevas oportunidades. El palo hace tiempo que terminó en algún parque, o papelera. No hay combinación de colores. Gris, negro.
Y la pequeña deambula, adormecida por la ruidosa existencia, caminando sin rumbo fijo, sin encontrar el camino que la lleve de nuevo a aquella época.
Ansía ser rescatada de ese laberinto mitológico donde el egoísmo es el único alimento, y la vulnerabilidad es la única cama. Da vueltas sobre sí misma, tratando de embelesar los ensueños de antaño, pero no tiene brújula ni camino de salida.
Acepta la rutina, y no sabe ni dónde ni cuándo abandonó una rutina por otra.
Copia el código #150palabrashttp://diariodealgoespecial.blogspot.com/feeds/posts/default?alt=rss
