Revista Historia

1914. Cuando la Navidad paró una Guerra Mundial

Por Ireneu @ireneuc

1914. Cuando la Navidad paró una Guerra Mundial

Recreación actual

La peor cara de la humanidad, la más oscura, la más destructiva, la más vergonzosa se expresa en todo su demoníaco esplendor en las guerras. Muerte gratuita, sangre sin sentido, dolor por mero dolor, recorren los campos de combate doquiera que se produzcan, dejando al descubierto la cara más horrenda del ser humano. Sin embargo, el común de los mortales no es así, sino que la espiral de demencia y destrucción envuelve y arrastra al abismo más infernal hasta la más gentil de las personas... pero no siempre. A veces, como por milagro, el alma humana brilla con toda la fuerza del mundo, eclipsando a la muerte. Tal fue lo que pasó cuando, en pleno frente occidental, durante la Primera Guerra Mundial, la guerra paró de forma espontánea e inesperada durante la Navidad de 1914.

1914. Cuando la Navidad paró una Guerra Mundial

Zona de trincheras en Ypres

Después de cinco meses de cruenta y dura batalla, la guerra había quedado estancada en una guerra de trincheras que simplemente servía para enviar a los soldados a morir al frente. A pesar de ello, la moral de los contendientes estaba relativamente alta, ya que no esperaban que la guerra se alargara mucho más en el tiempo y los verdes campos no se habían convertido todavía en un paisaje lunar. En esta situación, las enfangadas trincheras ubicadas entre Ypres (Bélgica) y Armentières (Francia) estaban ocupadas por tropas británicas y alemanas, las cuales se hallaban separadas menos de 50 m las unas de las otras. Los soldados de uno y otro bando prácticamente se miraban a los ojos.

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Árbol de Navidad alemán

La víspera del día de Navidad, durante la Nochebuena, los soldados británicos vieron que los soldados alemanes habían improvisado árboles de Navidad con sus velas y todo, y habían comenzado a cantar villancicos típicos bávaros. Los ingleses, al escuchar a los alemanes, decidieron hacer lo mismo y se arrancaron a cantar las suyas. En la fría noche, y en medio de una brillante luna en cuarto creciente, las trincheras habían explotado espontáneamente a cantar canciones de Navidad. En un momento dado, las tropas británicas empezaron a cantar la versión inglesa del Adeste Fideles, añadiéndose inmediatamente las tropas alemanas, las cuales la cantaban en la versión tradicional latina. Los contendientes, enemigos irreconciliables hasta entonces, se unieron de esta forma en una sola voz en la gélida noche del frente occidental.

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Alemanes y británicos juntos

Los testigos cuentan que los alemanes gritaron a los ingleses que deseaban no tener que disparar y así hacer una tregua de Navidad, invitándolos a salir al medio de la tierra de nadie a saludarse. Los británicos ordenaron no disparar y uno de sus soldados salió por encima de las líneas de trincheras. Los alemanes, en viendo que los ingleses llevaban la iniciativa, un poco cautelosos salieron de sus trincheras también, dándose la mano en el centro del campo de batalla y felicitándose mutuamente la Navidad. En mitad de la Nochebuena, riendo y compartiendo cigarrillos, la humanidad había vencido a la barbarie sin sentido.

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Partido de fútbol en tierra de nadie

El día de Navidad el informal alto el fuego seguía vigente y los soldados confraternizaron entre ellos. Se aprovechó para dar sepultura a los muertos que habían quedado en la tierra de nadie, haciéndose misas conjuntas; se jugó un partido de fútbol con un improvisado balón hecho por los ingleses (partido ganado por los alemanes 3 a 2), un tenor alemán mostró su arte en medio de las trincheras e incluso diversos barberos en la vida civil en ambos bandos pelaron gratis a soldados de uno y otro bando indistintamente. Sin embargo, no todo el mundo era tan humanitario.

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Encuentro en tierra de nadie

Pronto los altos mandos de unos y otros se escandalizaron por el "excesivo" grado de cordialidad entre los contendientes, ya que ello implicaba poner nombres, caras y ojos a los enemigos y reducir la fiereza en la batalla. No es lo mismo, disparar a la cabeza a alguien que no conoces, que disparar a alguien conocido. Evidentemente, eso, a los que estaban cómodamente "atrincherados" en lujosas mansiones en la retaguardia les traía sin cuidado, porque aquello, simplemente era un matadero. La presión para suspender la tregua se transmitió a la soldadesca.

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Adolf Hitler

Hitler, el cual era un simple soldado de 25 años que formaba parte en aquel entonces del 16º Regimiento de Infantería Bávara ubicado en Ypres, no hacía más que poner de vuelta y media a los soldados que confraternizaban con el enemigo, considerándolos poco menos que traidores y granjeándose la animadversión de todos sus compañeros. La maldad y la psicopatía ya estaba larvada en su interior.
El día 26, unos tiros al aire, un cartel de "Feliz Navidad" por parte inglesa y otro de "Gracias" por parte germana, dieron por finalizada la tregua. La muerte volvía a campar a sus anchas por tierras belgas.

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Compartiendo cigarrillos

Los mandos destituyeron a mandos intermedios y desplazaron regimientos enteros a otras partes del frente para evitar que se siguieran dando los casos de confraternización, reprimiendo fuertemente cualquier familiaridad con el enemigo. A pesar de eso, no en todas las trincheras la tregua duró lo mismo. Hubo algunas partes del frente en que la tregua duró unos días más, otros llegaron incluso a prolongarla hasta enero. Y es que eran tan pocas las ganas de matarse gratuitamente que, ante la presión de los mandos por continuar la guerra, en algunas partes las tropas se disparaban a zonas donde se sabía que no había nadie. Por desgracia todo acabó por continuar, alargándose la guerra casi cuatro años más.

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Visitas a la trinchera ajena

El interés de los políticos de los dos bandos por no dar publicidad a estos casos de familiaridad entre los contendientes, hizo que fueran muy pocos los testimonios de estas treguas de Navidad que hayan llegado. De hecho, tan solo los testigos presenciales y un periódico británico, el Daily Mirror, informaron de este excepcional hecho. Hecho que, por encima de la barbarie más irracional e insensata, demuestra que el ser humano, en el fondo, lo único que quiere es paz y fraternidad. Una fraternidad en estado puro que resplandeció brevemente en aquella inolvidable Navidad de 1914.

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Cruz conmemorativa cerca de Ypres


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