Revista Cultura y Ocio

"2010: Odisea dos" de Arthur C. Clarke (1982)

Publicado el 06 octubre 2014 por Tomas

Título: 2010: Odisea dos (2010: Odyssey two)
Autor: Arthur C. Clarke, a quien ya conocemos bien. 
Género y estilo: Al igual que su predecesora "2001: una Odisea espacial", es una novela de Ciencia-Ficción dura y de Anticipación, que conjetura sobre un posible futuro y sus hipotéticos avances tecnológicos y científicos. 
Argumento: Han pasado nueve años desde que la Discovery llegase a Júpiter, y Dave Bowman, el único superviviente de la tripulación, desapareciese sin dejar rastro. Los detalles del fracaso de la misión siguen siendo una incógnita. Con la Discovery orbitando en torno a Júpiter y el panorama sociopolítico de la Tierra en máxima tensión, las dos grandes potencias, los EEUU y la URSS, se unen en una expedición conjunta para recuperar la Discovery. La nave rusa Alexei Leonov, con Heywood Floyd (responsable de la anterior misión) y el Dr. Chandra (creador de HAL9000) a bordo, viajará al gigante gaseoso para intentar comprender qué ocurrió e investigar el monolito que sigue flotando en el espacio, ocultando sus misterios a los ojos de la Humanidad. 

"2010: Odisea dos" recupera la historia tras nueve años, con el doctor Heywood Floyd (quien, pese a ser el responsable de la anterior expedición, tuvo un papel discreto en el texto) ejerciendo de consultor en la Universidad de Hawai, después de que el fracaso de la misión Discovery le costase su puesto en la NCA ("Consejo Nacional de Astronáutica", un trasunto de la NASA que emplea Clarke). En un acto del SETI en el radiotelescopio de Arecibo, durante una conferencia de Carl Sagan que Floyd "se sabe de memoria", es abordado por un colega ruso, que le informa que la Discovery está cayendo sobre Júpiter, y que la Unión Soviética está construyendo una nave, la Alexei Leonov, para enviarla en busca de la Discovery. Finalmente, acuerdan una expedición conjunta: La misión será rusa, pero a bordo irán tres estadounidenses: el propio Heywood Floyd, el ingeniero Walter Curnow y el doctor Sivasubramanian Chandrasegarampillai (en adelante, Dr. Chandra). 
Y aquí llega la curiosidad: en la reseña de "2001: una Odisea espacial" vimos que, en la película, el planeta de destino era Júpiter, mientras que en la novela era Saturno. En esta continuación, el destino será específicamente el gigante gaseoso, y la Discovery estará orbitando en torno a él, y no a Japeto, el satélite de Saturno donde la dejamos al final de la primera novela. 

La novela está dividida en seis partes, con un total de 55 capítulos y un epílogo, ubicado en el año 20.001. El grueso de la acción transcurre a bordo de la nave Alexei Leonov, y la presencia de un mayor número de personajes que su predecesora permite a Sir Arthur hacer una obra más conversacional, con mayor cantidad de líneas de diálogo, que aprovecha para explicar datos técnicos.
Porque "2010: Odisea dos" está, una vez más, al servicio de la divulgación, y de nuevo Sir Arthur acerca al lector cuestiones científico-técnicas, deliciosas para los aficionados a la astronomía, como datos sobre la composición y naturaleza tanto de Júpiter como de sus distintos satélites: Europa con sus océanos de hielo, Io inhóspito, cubierto de volcanes y ríos de lava, el coloso de gas (una "estrella fallida" con mil veces el tamaño de la Tierra) con su núcleo de diamante... Incluye un homenaje al gran divulgador Carl Sagan, ubicando en el gigante joviano una serie de formas de vida, que Sagan había propuesto como posibles, y que se mostraban (en ilustraciones, por supuesto) en su serie documental "Cosmos: un viaje personal", de 1980, en concreto en el capítulo 6, "Relatos de viajeros".
Clarke se recrea en otros conceptos atractivos, como las máquinas de Von Neumann (capaces de autoreplicarse) o el motivo por el cual las astronaves usan motores de propulsión líquida y no nuclear. 
Además del propio monolito, que sigue igual de enigmático e inasequible, habrá una dosis extra de misterio, de mano de Europa, el satélite joviano. Una expedición china, a bordo de la nave Tsien, que disfrazaron de estación orbital mientras la construían en el espacio, adelanta a la Leonov y aterriza en dicha luna. Ha agotado su combustible en una compleja maniobra de aerofrenado, pero no importa: en los océanos de Europa hay agua de sobra para los modernos motores, que la emplean como propulsora. Pero la suerte de los chinos cambia... atentos a esto, porque Europa estará en el meollo de la historia. 

En "2010: Odisea dos", Sir Arthur recupera a Dave Bowman, el protagonista de "2001", que sus compañeros consideran desaparecido o muerto, pero a quien los lectores (y/o espectadores) de la entrega anterior sabemos convertido en un ser inmaterial, pura consciencia, sin limitaciones corpóreas, y que aquí será empleado por sus creadores como sonda, viajando a la Tierra, registrando datos sobre la Humanidad, visitando a aquellos seres amados de su vida anterior, y alertando a Floyd y el resto de la tripulación de la Leonov de la necesidad de abandonar la órbita de Júpiter, ante la inminencia de los espectaculares acontecimientos que servirán de clímax a la novela. 
Y hay espacio también para otro viejo conocido: el bueno de HAL9000, el ordenador que vuelve a la vida gracias a la labor de su creador, el Dr. Chandra, un personaje apasionante, en cuya elaboración Clarke se muestra especialmente inspirado. De origen hindú, es un hombre ascético, silencioso, introvertido, minucioso y metódico, discreto y de comportamiento casi mecánico. Se siente mucho más cómodo en compañía de HAL que del resto de la tripulación, y tiene auténticos sentimientos por su creación, sufriendo por la decisión final necesaria para escapar de Júpiter, pues implica la destrucción de HAL. [Tranquilos todos, el destino de HAL no será tan triste finalmente ;)]. 

Siguiendo con el tema, "2010: Odisea dos" es una novela con mayor peso de los personajes que "2001" y, si bien la construcción de los mismos tampoco es compleja, sí están lo bastante perfilados para permitir que los lectores empaticemos con ellos, destacando el americano Walter Curnow, un hombretón jovial y amigo de las bromas, con quien rapidamente se encariñan los rusos; y los mismos soviéticos, para quienes Clarke huye de prejuicios y estereotipos, mostrándolos como profesionales eficientes y prácticos, sin caer en la imagen de "robots carentes de sentimientos y sentido del humor" que daban de ellos muchas produciones estadounidenses de la época. La capitana, la brillante Tatiana Orlova, y su marido el astrónomo Vasili Orlov, lucen un poco más que sus compañeros. Tal vez el autor estuviese homenajeando a colegas de profesión a través de ellos. 
El mensaje de Clarke está claro, y es hermoso: los científicos deben estar por encima de las diferencias políticas de los Gobiernos, y trabajar juntos en camaradería. El autor muestra una Tierra en situación muy delicada, con los EEUU y la URSS en tensión, y de hecho cuando Floyd es sacado de su hibernación se encuentra con poca colaboración de los rusos, y parte de su labor es romper esa falta de confianza inicial y lograr un entendimiento, una cordialidad que se muestra en los "Soviets de las seis" (una reunión diaria de todos los integrantes, rusos y americanos por igual) o en el nacimiento del rusglés, un pastiche de ruso e inglés, que todos se esfuerzan por desterrar. 
Comentar que, de hecho, Clarke dedica la novela a dos soviéticos: Alexei Leonov, cosmonauta, que da nombre a la nave, y que fue el primer hombre en hacer un EVA (un paseo espacial, fuera de una astronave, en traje protector); y el científico Alexei Sakharov, ganador del Premio Nóbel de la Paz. 

Marvel Comics realizó una adaptación de la película
al cómic, publicada en España por Cómics Fórum. 


En esta "2010: Odisea dos" a Sir Arthur C. Clarke se le nota más relajado que en "2001", más distendido, probablemente por trabajar a su propio ritmo, y se permite bromas a cuenta de otras obras populares de Ciencia-Ficción, como "Star Trek" (cuando planean el regreso a la Tierra, Floyd comenta lo conveniente que sería tener un teletransportador como el de la serie) o "Star Wars" cuando, en medio de la fiebre por los OVNIs motivada por la aparición de Bowman en nuestro planeta, un arqueólogo aficionado "descubrió los restos que un conocido productor de películas de ciencia - ficción había abandonado en el desierto de Túnez, hacía casi cuarenta años".
Estos locos por los OVNIs no se escapan del humor británico de Clarke, con un aluvión de avistamientos por todo el mundo, a cada cual más estrambótico. Esta me gustó especialmente, por proximidad:
"Esta vez era un pastor vasco en una misión tradicional; se había sentido aliviado cuando los que él creía guardias fronterizos resultaron ser una pareja de hombres encapuchados de mirada penetrante, que le preguntaron cómo llegar a los cuarteles generales de las Naciones Unidas. Hablaban un vascuence perfecto: una lengua extremadamente difícil que no tenía conexión con ninguna otra del mundo. Evidentemente, los visitantes del espacio eran notables lingüistas, aunque sus conocimientos de geografía eran extrañamente deficientes."


Por último, merece la pena el Epílogo, pues pese a su brevedad introduce una perspectiva muy interesante sobre el relativismo de nuestra idea, como especie, de nuestro papel en el cosmos. ¿Recordáis que dije que Europa, el satélite joviano, tendría importancia en la trama? Será en el epílogo donde Clarke le otorgue todo el sentido. Más aún, repite literalmente párrafos ya escritos en la novela anterior, para reforzar su idea, la parte más metafísica si queremos llamarla así, sobre la vida en el Universo, los creadores del monolito, su naturaleza que ha trascendido la forma física y su papel en el desarrollo de nuestra especie. 
Así que, en resumen, "2010: Odisea dos" es una digna sucesora de la obra maestra, y su lectura es más que recomendable para concluir la historia iniciada nueve años literarios( y catorce reales) antes. 
La película: En el año 1984 se estrenó la adaptación cinematográfica, titulada "2010, The year we make contact". En Iberoamérica se tradujo literalmente, como "2010, el año que hicimos contacto", mientras que en España se utilizó el mismo título de la novela: "2010, Odisea dos"

Dirigida por Peter Hyams, volvió a contar con Keir Dullea como Dave Bowman, mientras que el doctor Heywood Floyd es interpretado por Roy Scheider, a quien ya vimos en "Tiburón", y Helen Mirren se encarga de dar vida a la capitana Tanya Kirbuk (en la novela, Tatiana Orlova). Douglas Rain repite como voz de HAL9000. 

Al fondo, la Casa Blanca. Mientras Floyd decide el futuro de la misión,
Sir Arthur, a la izquierda, le da de comer a las palomas tan tranquilo. 


Es una cinta más convencional que su predecesora. Menos personal, menos artística si queremos. Es decir, que resulta en un visionado más cómodo, tanto por su menor metraje (1h55' frente a 2h38') como por su producción. No tiene el rigor que le impuso Kubrick a la primera entrega, y se nota la pauta marcada por "Star Wars": sonidos en el espacio, búsqueda de la espectacularidad, o música efectista.
Tiene detalles cuidados, como las conversaciones en ruso, el acento impostado adecuadamente por los autores, los controles y monitores de la Leonov en cirílico, el uso del sistema métrico decimal y los grados Celsius en vez del sistema anglosajón, y a la vez algún desliz notorio: ¿Por qué la cuenta atrás de la maniobra de aerofrenado es en inglés? El único angloparlante en ese momento es Floyd.

Rusos y americanos, en el soviet de las seis


Existen ciertos cambios con respecto a la novela. La expedición china desaparece de la trama, siendo sustituida por una simple sonda enviada desde la Leonov. El personaje de Max fallece en una EVA que en la novela no existe. Hace también hincapié en la tensión política en la Tierra y el enfrentamiento entre las dos naciones, llegando a una situación de guerra que en la novela no se produce. Caso particular el del doctor Chandra, que es un hombre occidental, no hindú. 
Esto permite que la película tenga un trasfondo conciliador, pacifista, en el cual el acontecimiento final se convierte en un mensaje de hermanamiento de las naciones enfrentadas, invitándolas a dejar de lado sus diferencias y unirse para el progreso de la Humanidad. A bordo vemos como los personajes se tratan con camaradería, pese a la enemistad de sus naciones, como el americano Walter Curnow y el ruso Max Brajlowsky, que se hacen inseparables tras ayudarse mutuamente en la complicada maniobra de alcanzar la Discovery en sus trajes espaciales. 

Las dos líneas finales no están presentes en la novela. 


En cuanto al apartado técnico, los efectos especiales han mejorado notablemente, como es lógico, pues dieciséis años separan ambos filmes. Tanto el diseño (interior y exterior) de la Leonov como los trajes espaciales o las sondas muestran los avances logrados en los nueve años de distancia entre ambas misiones. 

La Leonov, en la órbita de Júpiter


El resultado final es una cinta muy entretenida, con momentos emocionantes, y unas interpretaciones bastante implicadas, con los actores que encarnan a los personajes rusos siendo creíbles, y una buena química general entre todo el reparto. No está al nivel artístico de la obra maestra de Kubrick, pero en cambio es más accesible para todos los públicos y se disfruta sin hacer ningún esfuerzo extra.

Y hasta aquí llegamos. Otro dúo novela-filme recomendable, y unas dignas continuadoras de sus respectivas primeras partes. Si habéis leído y/o visto "2001" no podéis dejar pasar esta "2010". En breve hablaremos de "2061". Nos leemos!

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