Revista Espiritualidad

279.- “Baila como si nadie te viera; canta como si nadie escuchara; ama como si nunca te hubieran herido”.

Por Ignacionovo
Autor: Profesor Willian Purkey (North Carolina University). La cita de hoy es perfecta (de las que deberíamos llevar siempre grabadas en el corazón) e incluso no estaría de más adoptarla como cotidiana norma de conducta y teniéndola como divisa, lanzarnos a exprimir la vida hasta lograr extraer de ella todo el zumo que contenga. Hasta la pulpa. Hasta su última gota. Sacandole todo todo el partido posible y aprovechando sus infinitas posibilidades. Sin timidices, rigideces ni prejuicios.
Los convencionalismos sociales (lo que está bien visto hacer) nos encorsetan demasiadas veces y nos limitan de tal manera, que renunciamos a ser naturales, para adaptarnos a un entorno que no favorece la espontaneidad y así, vamos viviendo con el freno de mano puesto convirtiéndonos en una pálida versión de lo que seríamos… si nos dejaran demostrarlo.
No se trata de impostar una pose, porque como decía La Rochefoucauld: Nada impide tanto ser natural como el deseo de parecerlo, pero tampoco de guardarnos dentro permanentemente las expresiones más sinceras de nuestro carácter.
Si tenemos la urgente necesidad de manifestar alegría; hagámoslo. O en la vertiente opuesta no ocultemos la tristeza en lágrimas solitarias. Cuando cantemos no lo hagamos en un susurro; probemos qué tal de fuerte es nuestra voz. Bailemos las danzas o los ritmos de la vida, como lo hacemos cuando estamos convencidos de que nadie nos observa.
Una de nuestras principales misiones es la de complacernos y eso implica que no deberíamos reprimir nuestros sentimientos permanentemente, ni tampoco modularlos de tal manera que no se parezcan en nada a lo que sentimos en realidad.
Reflexión final: Los demás quizá se sorprendan si te permites liberarte de prejuicios y sacar sin contención alguna vez cuanto llevas dentro, pero admirarán tu valentía, porque ellos nunca se lo permitirían.

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