
En Lucas 17.32-33 el Señor Jesús nos dice: «Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará»
Tríptico de la mujer de Lot (con coda de malecón)
I
Duelen las palabras que la muerte previsible va escribiendo en el aire. Festeja la cópula rota de los amantes a los que sorprendió el ojo de Dios en el oscuro cielo. La historia luego se cuenta de otra forma, pero la vida es lo mejor que conozco, dice la mujer de Lot en el momento en el que la fulmina la mentira y los ángeles escupen lenguas de salsobre su cuerpo desobediente y limpio, obligado a correr y, en la fuga, a soñar.II
No debo mirar atrás, dijo la mujer de Lot, y advertir que nadie contempla nuestra fuga. En estas libaciones frívolas de la razón, en esta herida pura, encontrar el silencio como un bálsamo, dulce como labio que galopa y escarba y fecunda todo este entusiasmo, las tardes infinitas sin épica ni aliento en las que todavía conducirnos sin miedo por todos los venenos ciegos del mundo.III
En las calles del infierno la luz está hecha de grumos. De vez en cuando una música improvisada abastece una felicidad sencilla como de jardín victoriano al que de pronto ilumina el sol después de un fin de semana escandalosamente lluvioso. Hay un corro de mujeres que fuman tabaco negro cubano y discuten sobre la historia de la mujer de Lot. Lo hacen con ardor, pero se desapasionan sin enfado. Los ocasionales transeúntes que las miran no se detienen, pero no apartan los ojos de los cuerpos ampulosos de hembras condenadas que no saben con qué matar definitivamente el tiempo. Porque en el infierno hay que matar el tiempo y se habla casi de todo de lo que sucede afuera. En el cielo, en cambio, el tiempo no existe, la luz está hecha de luz primitiva, limpia y perfecta. En ese aburrimiento de avenidas celestiales y cánticos puros nadie cuenta la historia de la mujer de Lot ni corros de mujeres fuman tabaco negro cubano.Es un eco de otra luz. Es el libro que nadie lee. adenda:
Esmeradamente publicado en abril del 2009 por Luis Felipe Comendador, un artesano metido en poeta o viceversa o serán la misma cosa ambas, en una obra conjunta sobre la mujer de Lot, que desobedeció a Yahvé. Aquí me permito podar un verso y plantar algún otro.
