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53 días después

Publicado el 06 mayo 2020 por Cabezabajo @blogdecomics

MARCIANOS ENTRE NOSOTROS

Imagínate que justo el sábado antes de que empezara todo esto te has enrollado, borrachera mediante, con alguien a quien acabas de conocer. Y que despiertas en su cama después de dormir la mona, por la tarde. La tajada fue tan gorda que no recordáis nada. Poco a poco, desde el balcón descubres que ocurre algo raro.

-¿No hay más gente en la calle a esta hora, aunque sea domingo?... ¿Ha pasado algo o han dicho algo?

53 días después

-Mantenga la calma y permanezcan en sus hogares-dicen en la radio.

Pronto descubres que es peligroso salir a la calle, que de hecho no debes salir a la calle. Que vas a pasar los próximos días, no sabes cuántos, confinado con esa persona con la que te has enrollado, a la que apenas conoces.

-Entonces los que nos quedamos en casa estamos... quedando bien. Nos van a dar un premio. ¿Te van a dar un premio a ti?

-Los que han salido corriendo a los pueblos están haciendo el ridículo.

Todo lo anterior lo imaginó alguien hace años. Solo que, en lugar de "pandemia", lo que llegó a la Tierra fueron inmensas naves alienígenas. Que, de momento, no parecían hacer nada. Solo flotaban ahí. Pero, quizá, lo que venía con ellas podía infiltrarse entre los seres humanos. Con el vecino de al lado.

-A lo mejor ya están haciendo algo, pero... de una manera que no nos damos cuenta. Igual son invisibles. Igual pueden colarse entre nosotros, sin que los reconozcamos.

La trama y los diálogos anteriores proceden de (2011), dirigida y escrita por Nacho Vigalondo. Una rara comedia romántica en la que, como en otras películas suyas, los géneros fantásticos tradicionales se abordan desde unaperspectiva oblicua. El foco se coloca no en lo fantástico sino en las relaciones personales; lo fantástico queda de fondo y sirve sobre todo para expresar conflictos y sentimientos. Y los códigos de ficción empiezan a mezclarse. Entre escena y escena de sitcom, un personaje hace de "héroe" precario en la "aventura de ciencia ficción" y otro cumple el rol ambiguo de "sidekick renegado / villano" (el vecino irritante que interpreta memorablemente Carlos Areces; su "arma secreta" es una máquina lanzapelotas de tenis). Casi podríamos ver a esta extraña familia como Los 3 Fantásticos y Medio enfrentados a la llegada de Galactus, solo que esta Sue Storm (Julia: Michelle Jenner) mantiene un triángulo de amor bizarro entre La Cosa (Julio: Julián Villagrán) y el "científico" cabeza de familia que intenta salvar el mundo (Carlos: Raúl Cimas). Hay hasta un "vehículo especial", un absurdo coche-taza. Como los diferentes códigos de ficción se van intercalando, la peli queda extraña y desconcertante, incluso incomprensible para según qué público. Nacho acometió parecida empresa de forma más depurada en (2016), una deconstrucción de la comedia romántica en cruce con el género de monstruos gigantes asiáticos.

Por ahí, en lo fantástico como cauce para lo personal y la tragicomedia, es por donde el cine de Nacho siempre ha conectado con , la serie de cómic que hago con Santiago García desde 2004, en la que por cierto hay una "Legión invisible"; el cómic fue adaptado en 2019 a una serie Netflix cuyos primeros episodios dirigió precisamente Nacho, que tuvo la gentileza de escribirnos un prólogo para una reedición reciente. Pero yo no he venido aquí a hablar de mi libro.

Como con otras ficciones previas, estos días estamos sorprendidos por el "parecido", acaso precognitivo, entre esas situaciones imaginadas antes y nuestra realidad presente. Redescubrir hoy las escenas y calles vacías de Extraterrestre -no la había visto desde su estreno en cine- me produjo la misma sensación de perplejidad. Pero... todo esto ya lo había imaginado alguien antes, ¿no?

53 días después
La ficción supera a la realidad (o al revés)

La prueba de que no podemos manejar lo Real (en términos lacanianos) en bruto, sin mediarlo, la tenemos en estos días de coronavirus. Para manejar lo extraordinario e inefable de la situación hemos de contarlo de alguna forma. Y para contarlo hemos de acudir, por supuesto, al registro simbólico e imaginario.

A los marcianos de La guerra de los mundos (1898) de H. G. Wells, por ejemplo. Después de invadir y someter a la Gran Bretaña victoriana, el imperio hegemónico de la época, todos los marcianos sucumben ante las bacterias terrestres, frente a las cuales no tienen la inmunidad que nosotros sí tenemos. Que nos hemos ganado a base de muchas epidemias previas. "Asesinados, después de que todos los dispositivos del hombre hayan fallado, por las cosas más humildes que Dios, en su sabiduría, ha puesto sobre este tierra". Solo que, bueno, en la historia presente los marcianos somos nosotros.

Antes del cierre de este texto, descubro que Slavoj Zizek ha establecido la misma asociación de ideas en su reciente (2020), donde señala algo interesante (el tío tira de , como podría haber hecho yo): la trama de La guerra de los mundos se le ocurrió a Wells tras una discusión con su hermano sobre el efecto del dominio británico sobre los aborígenes de Tasmania. Entre la llegada de los británicos en 1803 a Tasmania y 1831, la población estimada de cinco mil tasmanos se había reducido a unos doscientos tras la no declarada Guerra Negra; cuando esos doscientos restantes se rindieron, la gripe mató a su vez a la mitad de ellos. Dicho sea de paso, en su libro "Exterminad a todos los salvajes" (1992), Sven Lindqvist argumenta cómo las políticas de exterminio racista de los imperios coloniales fueron los precedentes que sentaron las bases para el genocidio en Europa durante la II Guerra Mundial.

Volviendo a Wells, después de discutir con su hermano, se preguntó: ¿qué pasaría si los marcianos le hicieran a Gran Bretaña lo que los británicos habían hecho a los tasmanos? La diferencia, claro, es que los tasmanos no tenían patógenos letales para derrotar a sus invasores en un final feliz. "Debemos recordar la destrucción despiadada y total que nuestra especie ha causado, no solo entre los animales, como el desaparecido bisonte y el dodo, sino también entre las razas inferiores. Los tasmanos, a pesar de su apariencia humana, fueron enteramente barridos de la existencia en una guerra de exterminio llevada a cabo por inmigrantes europeos durante un periodo de cincuenta años. ¿Acaso somos apóstoles de la misericordia como para quejarnos si los marcianos guerrearan con el mismo espíritu?" (Wells, en La guerra de los mundos, la traducción es mía).

"El que los pueblos de la Tierra no se hallasen preparados para afrontar la llegada [...] fue exclusivamente culpa suya. Debieron haber prestado mayor atención a la advertencia que supusieron los sucesos del siglo anterior y, en especial, los de las precedentes décadas. En cierto modo, se puede considerar que tal advertencia databa de mucho tiempo atrás". Así empezaba la novela de Fredric Brown (1955; traducción de Francisco Blanco para la edición de Martínez Roca). Un escritor de ciencia ficción, recluido en una cabaña, intenta olvidar la reciente separación de su esposa bebiendo whisky y pensando el argumento de su próximo libro. Imagina vagamente qué sucedería si los marcianos... Al poco, un marciano llama a su puerta y entabla conversación para insultarle y humillarle. A la mañana siguiente, el escritor cree que todo fue producto del whisky. Pronto descubre que mil millones de pequeños hombrecillos verdes han aparecido al mismo tiempo en la Tierra. Son intangibles y tienen capacidad para teleportarse, pero, sobre todo, para irritar a los humanos. Los marcianos nos insultan y cuentan chismes, bulos, verdades que no deben contarse. Arruinan espectáculos públicos, conferencias y mitines. Ante su presencia enojosa y entrometida, la economía y la política se desestabilizan. Todo el mundo, en todo el mundo, detesta a los marcianos. Pero nadie sabe cómo lograr que se marchen. Al final, el escritor protagonista de la novela, un sueño dentro de un sueño, tiene una idea solipsista. Simplemente imagina que ya no hay marcianos. "Que solo existieron, como todo lo demás, mientras yo los mantenía en mi imaginación". Para reforzar y materializar su deseo, imagina también que Margie, su ex, viene a visitarle a su cabaña, en la que lleva dos semanas aislado. No tarda en oír el coche de Margie. Cuatro minutos después, los marcianos desaparecen. "Al mismo tiempo y en todas partes a la vez. En toda la Tierra".

Tengo otra historia que contar(n)os. Imaginad que una persona recibe la visita por vacaciones de su ex, con quien aún mantiene una relación de amistad. Ha llegado en vuelo transoceánico para pasar unos días y conocer el país donde vive ahora. Al poco de llegar, se decreta un confinamiento forzoso para contener una epidemia. Ahora ambos están obligados a convivir sine die en un pequeño apartamento, sin poder salir a la calle ni coger un avión de vuelta. Lo que sucede a continuación te sorprenderá. Ahí hay un guión, ¿eh? Ahí hay otra buena comedia romántica fantástica. La película podría llamarse Cuarentena con tu ex.

Solo que no es ficción. Es estrictamente real y ocurrió el pasado marzo.


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