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6 Cosas Que Me Ha Enseñado La Maternidad

Publicado el 28 septiembre 2021 por Mamatienemuchosueno

Hace 5 años que soy madre. Bueno, a decir verdad, 5 años y 9 meses, porque me considero madre desde el primer momento en que supe de mi embarazo. No obstante, mi deseo de serlo se remonta a años atrás, cuando mi idea de la maternidad era otra cosa bien distinta y bien alejada de lo que actualmente es. 5 años y 9 meses en los que he tenido que cambiarme, reinventarme, mejorarme y un largo etc de cambios forzados por las circunstancias que toda madre, antes o después, ha tenido que vivir.

Lo cierto es que una puede ser madre toda la vida, y sin embargo, nunca deja de aprender. Desde que se queda embarazada empieza a vivir etapas que mezclan la novedad, con la sorpresa, el sufrimiento, el miedo y un sinfín de ingredientes más que permanecen durante toda nuestra vida. Porque da lo mismo si estamos embarazadas, si tenemos a un recién nacido o si nuestr@ hij@ es adolescente o adult@; cada etapa posee sus batallas y todas ellas las descubrimos sobre la marcha, por lo que nunca dejamos de aprender. Tengan los años que tengan nuestr@s hij@s.

Actualmente, como digo, Bicho tiene 5 años. Desde el primer momento en que supe de mi embarazo, la maternidad se encargó de hacerme ver, algunas veces poco a poco y otras de repente, que iba a ser mi mejor maestra. Para mi, para mi hijo y para mi familia; para la manera en la que me relaciono con mi entorno más próximo, y para no volver a ser la que era hace tan solo 5 años atrás.

Durante todo este tiempo he reflexionado mucho acerca de lo que la maternidad me está enseñando. Si tuviera que resumir todos estos aprendizajes en una única frase, diría que ha sido la mayor maestra que he tenido en mi vida. Me siento maravillada de todo lo que me ha aportado. Y, por ello, hoy quiero compartir todas estas enseñanzas con vosotras. Porque creo que, por muy diferentes que sean nuestras familias y nuestr@s hij@s, todas hemos recibido cosas muy parecidas de la maternidad. Y, por tanto, si hay por aquí alguna mamá embarazada por primera vez que me esté leyendo, puede empaparse de estas reflexiones marcadas por la experiencia, y hacerse a la idea de lo que le espera.

6 cosas que me ha enseñado la maternidad

1-A ser más empática

Yo siempre he sido una persona muy empática. Mi alto nivel de empatía me empujó a estudiar la licenciatura de psicología y a dedicar mis primeros años profesionales a empatizar con todo aquel que entraba a mi consulta. Digamos que mi empatía ha tenido una repercusión total en mi vida.

Y sin embargo, cuando me convertí en madre (hablo del mismo momento en que supe que estaba embarazada), mi nivel de empatía creció hasta límites increíbles e insospechados. Y este nivel volvió a crecer en el momento en que mi hijo nació, y todavía hoy, 5 años después, su crecimiento no se ha detenido.

Cuando una persona tiene un hijo/a conoce un nivel de sufrimiento muy superior al esperado, que incluso no sabía ni que existía. Y sabe que la madre que viaja a su lado en el transporte público también lo tiene, lo que le permite empatizar de manera especial con ella. Y sufre de una manera muy intensa cuando se cruza con un@ niñ@ llorando por la calle, porque su nivel de empatía es muy superior al que tenía antes de tener hijos, y por tanto, es mucho más de lo que puede sufrir una persona que no es mamá/papá al encontrarse con esta misma situación.

A mi me gusta observar desde la distancia cómo se relacionan las familias. Me gusta ver cómo unos padres/madres tratan a sus hij@s, porque esto me dice mucho la clase de personas que son. Y lo cierto es que últimamente me estoy encontrando con situaciones que me aprietan el alma. Algunas de ellas me han afectado tanto que las he tenido que contar por aquí, como la que os conté en mi entrada “Educar en positivo: Sigue siendo una asignatura pendiente“; otras, directamente, no han visto la luz porque me cuesta relatarlas.

Sin ir más lejos, estas situaciones son las que me impulsaron, en su día, a crear el blog que estás leyendo. Mamá tiene mucho sueño es un intento de gritar al mundo que l@s niñ@s necesitan buenos modelos; familias empáticas, afectuosas y respetuosas con l@s más pequeñ@s. Que la infancia es vulnerable y los/las adultos somos los/las únicos que podemos dar respuesta a esta vulnerabilidad. Muchos de mis posts han salido desde la desesperación de observar escenas denigrantes e irrespetuosas de familias hacia sus pequeñ@s. Son el caso de “20 frases que tu hijo/a NO debe escuchar” y “20 frases que mejoran la confianza de tus hijos/as“, entre otros.

2-A descubrir que lo verdaderamente importante no es lo que yo antes creía importante

Como bien os conté algún día, antes de ser madre tenía una idea totalmente diferente de la maternidad a lo que en verdad está siendo. No era mala, ni mucho menos; pero no imaginaba el torrente emocional que verdaderamente supondría tener hijos. Sabía a la perfección que mi amplia formación en crianza me daba una ventaja a la hora de educar, me sabía la teoría de pe a pa… hasta que nació mi hijo. Con solo deciros que creía que el parto sería lo más difícil de la maternidad… ¡Que ingenua era!

Cuando Bicho nació, todas mis estructuras se tambalearon y descubrí que la maternidad no era como la hacían ver en los libros. Por suerte, por aquel entonces empezaban a florecer publicaciones que no solo resaltaban lo bueno de tener hij@s, sino también lo malo. Las dificultades para conciliar, el rechazo social, los malabares que la familia necesita hacer para salir airosa de cada jornada… Todo ello lo descubrí de repente, me dio una bofetada que cambió, de un plumazo, mi sistema de creencias, de importancias y de urgencias. Descubrí que lo urgente no siempre es lo más importante, y mi lista de tareas importantes cambió totalmente hasta casi invertirse. Desde hace 5 años, mis necesidades han quedado relegadas por las necesidades de otra persona, y aunque sé que debo ocuparme de las mías, creo que ya nunca estarán en primer lugar. He descubierto que merece más la pena guardarme un par de tardes a la semana para irme al parque con mi hijo, que trabajarlas para cobrar un poco más de dinero a fin de mes. Estas importancias dependen, lógicamente, de cada persona y sus circunstancias, pero de igual manera suponen aprendizajes derivados de la maternidad.

Hace unas semanas, fruto de este cambio de creencias y de la reflexión que esto me ha traído, escribí mi post “Cosas que dije antes de ser madre y que ahora me como con patatas“, que te invito a leer.

3-Que la intuición de una madre es extremadamente poderosa

Antes de saber de mi embarazo, cuando alguien me hablaba del enorme poder de la intuición de una madre, me daba la impresión de que exageraba demasiado. No obstante, cuando me quedé embarazada, empecé a tener ciertas intuiciones tan, pero tan fuertes, que llegaban a asustarme y todo.

La primera intuición fue sobre el sexo del bebé. Siempre he tenido claro que era niño, desde el principio de mi embarazo. Pero es que no era simplemente una sospecha, ni un deseo (os confieso que no era lo que deseaba); era una palpitación, una creencia mayor, una seguridad casi absoluta. Y, por si nadie me creía una vez nacido, lo dije a familiares y conocidos mucho antes de que pudiera apreciarse en la eco de rigor.

Fue niño, claro.

Desde entonces, mi intuición ha sido siempre cierta. Lo fue cuando tuve que abandonar la lactancia materna por la salud de mi hijo (esto os lo contaré algún día); lo fue cuando se le detectaron las necesidades educativas especiales; y lo fue cuando en el campus de verano tuvo ciertos problemas que ya conté aquí. Lo fue también en muchas más cosas. Y lo sigue siendo; a día de hoy, por poneros un ejemplo, me maravillo al intuir que Bicho va a pasar una mala noche y al descubrir que, evidentemente, así ha sido (desde el confinamiento dormimos todos genial, por lo que las malas noches no son nuestro plan habitual).

Y es que, pensándolo bien, tiene su lógica; el cuerpo de una madre ha creado a su bebé; le ha servido de cobijo para crecer, y ha nacido de sus entrañas. Es un trozo suyo, al fin y al cabo, que separaron en el paritorio. Y, además, el embarazo crea cambios hormonales y neuronales en la mamá, adaptando su cerebro al cuidado de su bebé. ¿Quién mejor que ella es capaz de intuir todo lo que le ocurre?

La intuición de una madre prevalece, en muchas ocasiones, a un diagnóstico médico, a una enfermedad y/o a muchas suposiciones. Debemos aprovechar este superpoder que nos ha dado la naturaleza.

4-A querer a alguien como no me creía capaz de querer nunca en la vida

A lo largo de mis treintaytantos años he querido mucho. A rabiar. He querido hasta depender de más de una persona. Pero nada, absolutamente nada, se puede comparar al amor que descubrí cuando supe que Bicho estaba en camino, cuando nació y al amor que sigo sintiendo por él.

Quiero de tal forma que muchas veces me he sorprendido pensando que he tocado techo, que ya no puedo querer más. Y sin embargo, constantemente me toca volver a reformular estos pensamientos, porque noto que mi capacidad de amar se ha superado una vez más, hasta el punto de hacerme llorar de amor, de dar todo lo que esté en mi mano para hacer feliz a esa pequeña persona que ha puesto todo mi mundo del revés. Y cuando digo todo, lo hago con todas las letras, con todo su significado, con toda mi vida.

El amor que se siente por un hij@ es muy diferente del que se siente por unos padres, por un@s sobrin@s, por un@s niet@s, por un amig@; mucho más poderoso, sin excluir otras formas de amor; mucho más fuerte, más animal, más bestial. Es un amor que sobrepasa todas las barreras, muy relacionado con la necesidad de sobreprotección por encima de todo, e incluso de cualquier vida.

5-El sentido y la necesidad de la corresponsabilidad

¿Qué decir de la corresponsabilidad? Se trata de un término que esconde muchos problemas en su interior; que actualmente se está poniendo de manifiesto (que no de moda) debido a la necesidad de conciliación y de igualdad.

La corresponsabilidad supone compartir la responsabilidad del cuidado de un hij@ a sus dos progenitores, quienes deben ocuparse de sus cuidados y tareas de manera equilibrada, porque los dos poseen el mismo papel de madre/padre.

Aunque la teoría nos la sabemos, en la práctica encontramos muchas familias en las que la mujer es la cuidadora principal del bebé/niñ@, asumiendo la mayoría de las tareas del cuidado y de la casa, así como la gestión del día a día de la familia. En muchas ocasiones, esta mujer también posee su empleo fuera del domicilio. Mientras, el hombre debe despegar de su sofá, asumir su parte de responsabilidad y entender su parte activa en la crianza, en el hogar y en la gestión familiar.

No ocurre en todas las familias; por suerte, cada vez son más las familias que practican la corresponsabilidad, aunque también es cierto que aún existe mucho machismo encubierto en los sistemas familiares actuales.

Uno de los aprendizajes que me ha dado la maternidad es que la corresponsabilidad es necesaria, por diferentes motivos:

  • Porque la madre que se ocupa de todo termina quemada, y probablemente con trastornos del estado de ánimo que merman su capacidad de seguir sacando adelante a su familia.
  • Porque el padre es padre, y su hijo posee el mismo porcentaje de cromosomas maternos que paternos, por lo que la responsabilidad debe estar equilibrada.
  • Porque l@s niñ@s necesitan un padre presente, que les enseñe los valores de la igualdad y la corresponsabilidad, para que ell@s mism@s puedan aprender de él el día de mañana. Solo así erradicaremos el machismo. Nuestro ejemplo mueve montañas.
  • Porque llevar a cuestas la gestión familiar y diaria, el cuidado de un@ niñ@ y las tareas de la casa demanda un sacrificio que no puede sostenerse por mucho tiempo (y volvemos al primer punto).

Así que, PAPÁ: No dejes de asumir tu parte de responsabilidad.

MAMÁ: Reclama tu espacio, delega a quien corresponda.

6-Que el sistema, en muchas ocasiones, castiga a quien decide tener hij@s y trabajar

La palabra conciliación está cada vez más presente en nuestro sistema, y es algo de lo que me alegro. No obstante, todavía nos queda mucho por recorrer en materia de conciliación, porque a día de hoy, pienso firmemente que la conciliación no existe para muchas familias.

Como os contaba en mi entrada “Hablemos de conciliación“, para mi, la conciliación no es tener un centro infantil abierto todo el día al lado del trabajo para poder dejar a mi hijo en él e irme a trabajar. La conciliación, para mí, es que mi empresa me permita pasar algunas tardes con mi hijo, sin tener que disfrutar de él tan solo media hora antes de acostarlo.

Yo tengo la suerte de poder conciliar casi siempre que lo necesito, pero sé que no es lo normal. En otros momentos lo he tenido verdaderamente difícil para hacerlo; he hecho malabares para poder trabajar y ha habido veces que he tenido que rechazar trabajos por no poder hacer magia. También he tenido que escuchar juicios y preguntas como “¿Y qué vas a hacer con tu hijo cuando te pongas a trabajar?” “¿Tu hijo será un impedimento para realizar tu horario de trabajo?”

Además, como ya conté en alguna ocasión, perdí mi trabajo poco antes de dar a luz, cuando en él me pidieron volver a trabajar nada más naciera mi hijo y lo rechacé, pues como buena parturienta y madre que iba a ser, quise disfrutar de toda mi baja maternal, porque era mi derecho y porque me lo merecía.

En definitiva, en mis pocos años como madre he vivido claras situaciones de discriminación, precisamente por mi papel de madre, que nadie me contó (al contrario, entonces ya se hablaba de conciliación).

Os diré más; uno de mis frenos a la hora de darle un hermano a Bicho es el miedo a tener que renunciar y/o perder futuros trabajos por ello. Ya sé que tener un hijo es una experiencia muy gratificante, pero comer hay que comer.

Y no, no hay derecho que en el terreno laboral se castigue así a las madres. Algo tiene que cambiar, y no solo de boquilla, también de verdad.

Y estas son mis 6 aprendizajes que me ha generado la maternidad, mi mayor maestra en la vida. ¿Estás de acuerdo con ellos? ¿Has aprendido algo más? Compártelo conmigo en comentarios, o si lo prefieres, puedes hacerlo de manera privada a través de contacto. ¡Me encantará leerte!

6 Cosas Que Me Ha Enseñado La Maternidad
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