Revista Ciencia

¡68 años con hipo!

Publicado el 19 agosto 2010 por Suso

Me parece inaudito lo que algunos son capaces de hacer sólo para que su nombre aparezca en la recopilación de decadencia que se publica anualmente con el nombre de Libro Guinness de Récords Mundiales (Guinness World Records). Me imagino a quienes son capaces de arriesgar su propia integridad persiguiendo el sueño de efímera y extravagante fama que obtienen quienes entran a formar parte del libro, como sujetos con algún tipo de problema afectivo o emocional... Porque, sinceramente, no logro racionalizar porqué alguien se propone (y consigue!!) batir el récord de mayor peso levantado por una lengua humana (en poder del neozelandés Alastair Galpin, con unos atroces 1,7 kg!!).

La desdichada vida de Charles Osborne

Tampoco alcanzo a entender los motivos que, seguramente, tendría el alemán Dutchman Wim Hoff para permanecer en un recipiente lleno de cubitos de hielo durante más tiempo (1 hora, 42 minutos y 22 segundos). Ni soy capaz de comprender a Danny Higginbottom (EE.UU.), poseedor del récord inmersión a poca profundidad más elevada, gracias a un salto realizado desde una altura de 8,86 m a una piscina hinchable de sólo ¡¡25 cm de profundidad!! (imagen de la derecha).
Reconozco que, quizá, no sea demasiado justo con los calificativos usados en esta entrada para referirme al Libro Guinness. No todos los nombres que contiene pertenecen a gente tan... especial, ni las marcas batidas son tan... peculiares. También incluye récords de carácter científico, tecnológico o artístico, cuyo espíritu se encuentra en el polo opuesto de los ejemplos del párrafo anterior. Sin olvidar los casos más amargos: los de aquellos protagonistas involuntarios, cuyo nombre forma parte del Libro Guinness muy a su pesar, y que, si estuviera en su mano, cambiarían esa sombría referencia por el discreto anonimato que disfrutamos la mayoría de nosotros.

La desdichada vida de Charles Osborne

El mejor ejemplo de este último grupo, su más ilustre componente, podría serCharles Osborne (la imagen que tenéis a la derecha es una de las pocas que he encontrado sobre él), ya que está registrado en el Libro Guinness desde 1992 comola persona que ha sufrido durante más tiempo seguido un ataque de hipo (cuyo nombre científico es singultus). Nacido en 1894 en Anthon (Iowa, Estados Unidos), y fallecido en 1991, comenzó a padecer los incómodos espasmos una mañana de 1922, mientras pesaba un cerdo antes de proceder a su matanza. Pero, en lugar de que éstos finalizaran tras varios minutos, como nos sucede al resto de mortales, el americano puso en marcha el cronómetro de una marca inalcanzable, no pudiendo dejar de hipar durante los siguientes 68 años de su vida.
La cadencia de las contracciones comenzó siendo, aproximadamente, de 40 al minuto (o lo que es lo mismo, ¡¡un hipo cada segundo y medio!!). En julio de 1986 se supo que este ritmo había disminuido hasta los 20-25 hipos por minuto, finalizando repentina y misteriosamente el 5 de junio de 1990. A partir de estos datos, alguien pensó que merecía la pena calcular el número de veces que hipó durante los más de 68 años que padeció el
singultus. El resultado alcanzó la increíble cifra de 430 millones de hipos
Y aunque nunca encontró una cura, el caso es que Charles Osborne pudo llevar una vida más o menos normal. Se casó dos veces, tuvo ocho hijos y pudo trabajar para ganarse la vida y sacar adelante a su numerosa familia. La fama que fue adquiriendo con el paso de los años, le llevó a ser invitado a varios programas de televisión de Estados Unidos, donde confesó que su mayor
preocupación era que, en un espasmo se le saliera de la boca su dentadura postiza, cayera al suelo y se rompiera. Y si alguno de vosotros os habéis preguntado qué sucedía con el hipo mientras dormía, parece ser que su diafragma no le concedió tregua alguna, manteniendo fijo el ritmo de las contracciones, independientemente de su estado onírico...

La desdichada vida de Charles Osborne

"¡¡Hipar o no hipar, esa es la maldita cuestión!!"
Y tras una vida tan poco envidiable, supongo que a la mayoría de vosotros (entre los que yo también me incluyo...) os gustaría que la historia de Charles Osborne tuviera un final feliz, ¿verdad? Pues no sabéis cómo lamento tener que contaros su desenlace... Como ya sabéis, el 5 de junio de 1990, su hipo, simplemente, finalizó. ¡¡No alcanzo a imaginar el grado de satisfacción que debió sentir al verse, por fin, liberado de tan incómodo compañero de viaje!! Y aunque en ese momento ya contaba con 96 años de edad, pocos humanos sabrían apreciar mejor y podrían disfrutar más de un placer tan elemental como es... no hipar. Pero Charles Osborne no estaba destinado a disfrutar de su inmensa felicidad durante mucho tiempo. El 1 de mayo de 1991, menos de un año después de que concluyera su singultus, nuestro desdichado protagonista fallecía debido a complicaciones sufridas una cirujía realizada en unas úlceras.
No logro encontrar mejor forma de ilustrar la sensación de amargura que me produce este desenlace, que mediante la letra de una canción de la que no conozco ni el título ni quién fue su autor. Hablaba sobre el monólogo de desgracias, infortunios, traiciones y contratiempos que formaban la vida de un pobre hombre, quien lo sobrellevaba con estoico tesón. Un día que iba a la iglesia
"a dar gracias a dios", un trozo de cornisa sobre él se desplomó. En su última agonía, se le oyó insultar a su dios con un sonoro hijo de puta!! Fue el único pecado de su vida y el que le condenó. La canción termina así: Y allá desde el infierno, se le oye decir "¡¡Esto es vida!! ¡¡Esto es vivir!!". Imagino que si existieran cielo e infierno (¡¡que no existen!!), fuera posible preguntarle y tuviera ánimo para respondernos, Charles Osborne se descolgaría con unas declaraciones parecidas, ¿no creéis? Por cierto, casi se me olvida deciros que cuenta con una pregunta propia en el Trivial Pursuit, aunque supongo que este honor tampoco le serviría como consuelo...

Y como estoy convencido que los más fieles seguidores (y también alguno que no lo sea tanto...), hace rato que habéis recordado una famosa escena incluida en un capítulo de de Los Simpsons que parecía inspirada en el propio Charles Osborne, he buscado, he localizado y aquí tenéis el vídeo a modo de digno epílogo (sólo 10 segundos de duración).



Fuentes: wikipedia, wikilingue, Guinness World Records y youtube.


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