Revista Cultura y Ocio

9 palabras que nos han llegado del japonés

Publicado el 12 noviembre 2018 por María Bravo Sancha @Labocadellibro

9 palabras que nos han llegado del japonés
10 645 kilómetros. Esa es la distancia que separa Madrid de Japón. Una distancia considerable si solo se quiere pasar un fin de semana, y más para practicar el japonés que hemos aprendido en la Escuela de Idiomas o para tener un acercamiento con el idioma. Pero no hay que preocuparse, si lo que quieres es conocer un par de palabritas en japonés, lo más cómodo es que acudas el diccionario de español. ¡Sí, como lo oyes! En el Diccionario está la clave. Si no podemos aprender japonés en Japón, nosotros iremos a él. Esto es, sin duda, una pequeña muestra de los extranjerismo que nos han llegado del japonés.
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  • caqui. A nosotros nos ha llegado del japonés kaki. No hace referencia al color marrón de algunas prendas de vestir, sino al fruto caqui, dulce y carnoso. En nuestro Diccionario de la Lengua, apareció por primera vez en 1925. 
  • futón. Del japonés nos ha llegado futón, esta cómoda colchoneta de algodón que sirve como asiento o como cama, típica del país. Vamos, lo que viene siendo un sofá de toda la vida. No apareció hasta el año 1918, en el diccionario de Manuel Rodríguez Navas. 
  • geisha. Esta palabra nos llegó del inglés, y esta, a su vez, del japonés geisha, de gei 'artes' y sha 'persona'. En nuestra cultura, no hay ningún equivalente a su significado: «Mujer instruida para la danza, la música y la ceremonia del té, que se contrata para animar ciertas reuniones masculinas». Puede que la palabra se popularizase con el libro de Arthur Golden, Memorias de una geisha.
  • haikú. Me encanta esta palabra. Quizá no sea la más característica en esta lista, ya que puede ser la más desconocida por muchos; de hecho, a nosotros nos ha llegado del inglés, y este del japonés. Un haikú es una composición poética de origen japonés que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Una cucada de palabra.  
  • kamikaze. Esta palabra significa 'viento divino'. Todo comenzó en Japón en la Segunda Guerra Mundial, cuando se popularizaron los pilotos (kamikazes) que tripulaban un avión con explosivos con el que se lanzaban contra un objetivo. Hoy en día, se entiende kamikaze como a una persona que se juega la vida realizando una acción temeraria.  
  • mikado. Palabra real donde las haya, ya que designa el título de un emperador en Japón. Nos viene del japonés como mikado, de mi- 'sublime' y kado 'puerta', pero nosotros no empleamos esta palabra para tal cargo. ¿Se os ocurre en qué la utilizamos? ¡Correcto! En los palitos chinos Mikado, divertido juego de familia (amén del parchís, la oca y el dominó), y en los palitos de galleta recubiertos de chocolate. ¿Alguien se atreve a buscar el simil? 
  • samurái. Esta palabra me recuerd a la película de Kurosawa, Los siete samuráis, quizá se hizo popular a raíz del largometraje (como para olvidarlo, dura 207 minutos). Como curiosidad, también se puede escribir con y final. Apareció en el diccionario en 1956, y su acepción es la misma que en la actualidad: «En el antiguo sistema feudal japonés, guerrero perteneciente a una clase inferio de la nobleza, y que estaba al servicio de los daimios»
  • sumo. Este arte marcial de origen japonés viene de
    sumō. ¿Sabéis que los luchadores deben excender los 100 kilos para poder practicar este arte marcial? Eso sí que es un arte.
  • yudo. Esta palabra nos viene del japones judo, de 'amable', 'discreto' y 'camino'. En el colegio, o se practicaba yudo o ballet (ahora, por suerte, hay más opciones). Su significado lo tenemos claro en el diccionario: «Sistema japonés de lucha, que hoy se practica también como deporte, y que tiene como objeto principal defenderse sin armas mediante llaves y movimientos aplicados con destreza». Hasta 1970 no apareció por primera vez en el diccionario.
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Vistas estas palabras, podemos intercambiar alguna frase con el camarero del restaurante japonés de la esquina, todo es cuestión de poner empeño y no hacer el ridículo. Todo sea por esas adorables palabras que no entienden de kilómetros ni de fronteras geográficas, y que vuelan en el tiempo para que nuestro diccionario sea, cada día, un poquito más intercultural.

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