Revista Ciclismo

A Bicycle Built for Brew, de Poul Anderson

Por Carlosr
A Bicycle Built for Brew, de Poul Anderson A Bicycle Built for Brew, de Poul Anderson A Bicycle Built for Brew, de Poul Anderson

A Bicycle Built for Brew es un relato largo de ciencia ficción publicado originalmente en folletín por la revista Astounding en 1958. Se reeditó como novela corta en 1962 bajo el título The Makeshift Rocket (El cohete improvisado) para que sonara más a una aventura espacial convencional, contra el criterio de Poul Anderson que quería mantener el título original. Los editores, en pro de la comercialidad, desterraban a la bicicleta del título pero no de una obra única cuya trama se desenvuelve como sigue.

Breve resumen de la trama de A Bicycle Built for Brew (Alerta: 100% spoiler)

La nave comercial de carga Mercury Girl llega al puerto espacial de Grendel, un asteroide angliano, poco después de que haya sido invadido secretamente por los entusiastas miembros de la Fuerza Expedicionaria Irredentista de la Liga del Trébol como cabeza de puente para la “gloriosa redención” del planeta Laoighise (Lois para los anglianos) y su consecuente desvío de su órbita hacia el sistema planetario de la nación Erse. Para mantener el efecto sorpresa, nave, carga y tripulación quedan confinadas en el pequeño asteroide, con sus comunicaciones destruidas, para gran disgusto de su capitán Radhakrishnan y del ingeniero Herr Knud Axel Syrup. Mientras el capitán se enfrenta a las fuerzas de ocupación y acaba encarcelado, Syrup traba relaciones con la población local, en parsimoniosa rebeldía frente a los conquistadores.

Herr Syrup, con el apoyo de la señorita Emily Croft —la “duncanista” hija del predicador de Ciudad Grendel— y el marciano regente del Alt Heidelberg Rathskeller, la taberna a la que iba destinada la cervecera carga de la Mercury Girl, toma la determinación de llevar a fin el único plan que puede evitar su ruina económica (y, de paso, una masacre en Grendel y Lois): mandar un mensaje de aviso a las fuerzas anglianas en Lois desde la Girl, reconstruyendo sigilosamente la radio. El intento es neutralizado por la intervención del Mayor Rory McConnell, pretendiente insistente y exigente de la neoclásica Emily, que ha embarcado en la nave como supervisor de las “reparaciones” tras las que Syrup intenta ocultar su plan rebelde.

El trío se ve entonces forzado a una decisión inverosímilmente enloquecida: construir una nave auxiliar (de trozos de metal, cartón, piezas de repuesto y mil soluciones ideadas por Syrup), propulsada por cuatro barriles de cerveza recalentada, con su bicicleta instalada en la cabina como parte del sistema eléctrico de refuerzo, para alejarse de la Mercury Girl y poder enviar un SOS a Lois con un rudimentario sistema de radio construido también con repuestos.

Finalmente, en un tortuoso viaje espacial en el que su destino oscila entre perderse irremisiblemente en el negro espacio, sin lograr el contacto, o ser atrapados por el mayor Rory McConnell al mando de la Mercury Girl, consiguen el objetivo de alertar a las naves anglianas, ser rescatados y acabar con la ocupación Erse de Grendel incruentamente: Todos los componentes de la Fuerza Expedicionaria Irredentista de la Liga del Trébol son enviados de vuelta al Cúmulo Erse donde el gobierno, en manos de los pactistas y cobardes Socialistas Gaélicos, promete un castigo ejemplar a la Liga del Trébol (que todo el mundo sabe que no se va a producir, of course).

La bicicleta… y la cerveza

Cerveza y bicicleta es una combinación rutilante en la vida cotidiana de los millones de lectores de este blog. Pero unirlas en un relato de ciencia-ficción es todo un hito en la historia de la literatura. Mucho más allá del doble sentido, que se intuye en el título, de que la nave es, metonímicamente, una bicicleta (por sus componentes) construida para ser impulsada por cerveza (brew). Mucho más.

Empecemos destacando que la bici es el vehículo principal de Herr Syrup en Grendel. Le acompaña desde que literalmente, tras el aterrizaje en la pista, “pone rueda” (que no pié) en el asteroide. Incluso “fumando furiosamente una pipa que habría sido prohibida bajo cualquier ordenanza de control de smog” Syrup pedalea, de acá para allá, al pub, al cuartel general del ejercito Erse, etc. Incluso llega a llevar con él al marciano de la taberna a la nave, con gran seguridad para el pasajero: “Herr Syrup detuvo su bicicleta y el señor von Himmelschmidt desató sus tentáculos del portaequipajes”.

Es la bicicleta además un componente, literal y mecánico, crucial de la trama: el ingeniero Knud Axel Syrup, en una hilarante sátira de la ciencia ficción, usa la bicicleta, cajas de pretzels y barriles de cerveza para construir su nave auxiliar de escape, una parodia de esos héroes de la ciencia ficción de la época que solucionaban problemas tecnológicos complejos poniendo en acción su ingenio básico (estilo «MacGyver» espacial). Esta es la función de la bici en la nueva nave:

Como precaución, instalo mi bicicleta en la cabina, conectada a un sencillo generador casero, apenas un pequeño motor eléctrico ajustado para funcionar a la inversa, con un rectificador. De esa manera, si las baterías se debilitan demasiado podemos recargarlas.

Y en su huida, confirmando el buen criterio del ingeniero, se ven obligados a usarla cuando las baterías exteriores se agotan:

—¿Quiere el primer turno en la bicicleta o lo hago yo? —preguntó.

—¿Quién, yo? —Sarmishkidu meneó una oreja lánguida—. ¿Qué le dio la idea de que la evolución ha preparado a mi raza para andar en bicicleta?

—Bueno… quiero decir… eso es.

—Está dejando que su danesidad se le vaya de las manos.

—¡Satan i helvede! —murmuró el señor Syrup. Se subió al sillín, puso los pies en los pedales y comenzó a trabajar.

—Y lo peor de todo —refunfuñó—, ¿quién va a creer que fui de Grendel a New Winchester en bicicleta?

Este párrafo revela que la bicicleta, además, tiene un papel cultural. Esa “danesidad” de Syrup radica en su condición de usuario de una bicicleta que bajó de una nave espacial. Y antes, el propio ingeniero ya ha advertido de su “epigenética” condición ciclista cuando afirma que “Un danés nunca es completamente él mismo sin una bicicleta, aunque no es cierto que todos duerman con sus máquinas. Menos del diez por ciento hace esto”.

En otro momento, Syrup canta una canción tradicional sobre una bicicleta recumbente o reclinada:

Du skal faa min sofacykel naar jeg dr1 —cantó el señor Syrup melancólicamente.

—¿Y qué podría significar eso? —preguntó el guardia vestido de verde apostado bajo la Mercury Girl.

Tendrás mi vieja bicicleta cuando yo muera —tradujo el señor Syrup, siempre dispuesto a complacer.

Y canta…

Tendrás mi vieja bicicleta cuando yo muera,

Porque el kilómetro final

Va en tándem con San Pedro.

Tendrás mi vieja bicicleta cuando yo muera.

Con la mitad de lo expuesto hasta aquí sería suficiente para conceder que A Bicycle Built for Brew es una obra bikefriendy. Pero es la presencia de la bicicleta en las conversaciones y cantares de los personajes principales lo que le concede a la obra, según The Bicycle Rule, la máxima calificación Bikefriendly-Godlevel. Y bien merecida.

Aunque, desde el punto de vista de la movilidad, no solo eso destaca en la obra…

Los otros vehículos de transporte

Además de las astronaves mencionadas e intuidas para todos esos viajes espaciales, hay un suceso locomotivo asombroso: no hay ningún coche en el texto. Ni uno. Se mencionan varios camiones para el transporte colectivo de soldados o materiales de construcción en Grendel pero ni un solo coche o motocicleta de ningún género. Lo cual no implica necesariamente que no existan en el asteroide: podría ser una muy loable decisión creativa del autor no describir los “dispositivos facilitadores” que sus personajes usan en sus cotidianos desplazamientos. Excepción hecha de los trayectos de Syrup, que tan honrosamente pedalea como un danés.

En las narrativas de la movilidad, lo que se nombra existe y lo que no tiene nombre difícilmente puede existir. En A Bicycle Built for Brew lo que se omite, puede desaparecer o nunca haber existido. Al negarse a «gastar palabras» en coches, el autor — mientras enfoca la atención en lo que sí importa: las relaciones, los conflictos, la ciencia y la técnica— elimina el cochismo del ethos del mundo presentado. La «ecología literaria» del autor, que solo introduce los elementos necesarios, tiene un paralelismo claro con la «ecología real» de un asteroide: recursos limitados, máximo aprovechamiento, nada de vehículos motorizados de baja capacidad.

Esta omisión literaria nos interpela directamente: El coche (ese significante universal de estatus, libertad o progreso) está tan embebido en nuestra Cultura (con mayúsculas) que muchas historias lo incluyen sin cuestionarlo. Pero Anderson nos presenta un mundo donde la movilidad activa es el default y siembra la semilla de otro imaginario de la movilidad y la ciudad, alternativo y necesario.

Y no olvidemos, el modo a pié: en el texto queda claro que Emily, Syrup o el mayor O’Connell caminan (y pasean) en diferentes momentos. Por ejemplo, cuando el capitán Radhakrishnan sale de la nave al frente de su ebria y airada tripulación, exhortando a la lucha a los grendelianos con escaso éxito, va caminando hacia el cuartel general Erse. Caminando hasta que los interceptan y el capitán se defiende diciendo “Solo estábamos paseando”. Tras lo cual, son arrestados y conducidos al calabozo al grito de ¡Media vuelta! ¡Marchen!, a patita y sin rechistar. Más movilidad activa, en este caso obligada.

Más curiosidades sobre el título y las lenguas en el relato

El título es un juego de palabras que combina el argumento de la historia con una referencia musical: parodia el estribillo de la famosa canción popular de 1892 Daisy Bell, también conocida como A Bicycle Built for Two2.

Constituye una divertida curiosidad que en Italia fuera publicado en 1966 en la revista Próxima 2 y titulado, con sorna transalpina, Razzo a tutta birra, una expresión italiana que significa ir a toda velocidad: un cohete (razzo) impulsado al máximo (a tutta birra). Precioso juego de palabras.

Un apunte personal: Todo este baile de escurridizos cambios de título me condenó a leerlo, muy trabajosamente, en su versión original en inglés (fuerte armado de diccionario Collins, IAs varias, traductor en línea y Google).

Cuando ya estaba, un servidor, acariciando la posibilidad de lucirse con una traducción «brillantísima» del endemoniado texto, descubrí (nunca demasiado tarde) el volumen en castellano Coventry. Los rebeldes del espacio (Ediciones Geminis, Barcelona, 1968) que contiene dos relatos: Convetry de Robert A. Heinlein y Los rebeldes del Espacio de Poul Anderson, que no es otro que A Bicycle Built for Brew, traducido por Jaime Piñeiro González. Y entonces se hace la magia y consigo hacerme con un ejemplar de este volumen en español, gracias a una de esas santas librerías de viejo que pueblan nuestros barrios. En este caso, en la Librería Eleutheria, en calle Abades 8 del barrio de Lavapiés.

A Bicycle Built for Brew, de Poul Anderson

Portada

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Créditos

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Pues bien, gracias a la necesidad —por suerte o por desgracia y por desconocimiento que, en este caso, no es vergonzoso hacer de la necesidad virtud— tuve de encarar su lectura en versión original y pude descubrir la verdadera naturaleza de una prosa fascinante y muy desafiante que, bueno, digamos que queda un poco oscurecida en la traducción de Piñeiro.

Desafiante por la alucinante mezcla de acentos y juegos de palabras que lo pueblan: es un relato lleno de diálogos con dialectos muy marcados (irlandés, danés, alemán marciano, …), que Anderson nos acerca con deformaciones fonéticas de las palabras en inglés, recreando con jocosa maestría la sonoridad de cada acento.

Para enriquecer la personalidad de los personajes, Poul Anderson despliega un fascinante y caótico multilingüismo. Mezcla el inglés estándar con variantes dialectales del irlandés, el danés o el marciano alemán, y añade términos del griego clásico y de otros idiomas inventados, basados probablemente en leguas ancestrales como el sumerio o el acadio (muy en línea con la formación del autor y la moda literaria de los años 50 y 60 de conectar el futuro lejano con el pasado remoto).

Y fascinante, porque, aunque el tono general es humorístico y satírico, hay una riquísima mezcla de terminología técnica y de ciencia ficción, propia de un autor que está encuadrado en las filas de la ciencia ficción dura. Anderson no renuncia en ningún momento a sus guiños científicos. El chiste definitivo es —para mi gusto—, justo al final, cuando el tabernero Sarmishkidu cambia el nombre del local de Heidelberg a Alt Heisenberg Rathskeller (referencia directa a Werner Heisenberg, el físico alemán que formuló el Principio de Incertidumbre, que establece que no se puede conocer simultáneamente con precisión la posición y el momento de una partícula). Despliega en estas últimas líneas un doble juego de palabras pero la vertiente más científica e hilarante reside precisamente en la ironía de la incertidumbre: Si el lugar se llama «Heisenberg», por definición científica, si sabes dónde está el bar (en el sótano o Rathskeller), no puedes saber cómo de rápido te vas a emborrachar (tu momento). Desopilante. Magistral.

Es tan rica la narración de Anderson que podría escribir horas también sobre el trasfondo sociopolítico de la obra (con el enfrentamiento angloirlandés bien presente); o de la cultura interplanetaria del alcohol (la dipsomanía de varios personajes es palmaria); o acerca de las cuestiones de género que suscitan las relaciones entre la señorita Croft y el mayor McConnell. Pero que queden estas reflexiones para otro foro y no nos salgamos de nuestra rodada.


Nos vemos pronto. Si crees que el tiempo y el esfuerzo que he dedicado a este post aporta algo, sigue volviendo por aquí, comparte y déjame pistas de otras obras que hagan al tema de la bicicleta en la ciencia ficción en Comentarios. Yo sigo buscando rodadas de bicicleta en este ciclo titulado «Bici-sci-fi»…

Notas:

1En realidad la traducción literal del danés es: «Te quedarás con mi bicicleta reclinada cuando yo muera.» de la canción Du Må Få Min Sofacykel. Tiene la misma melodía que She’ll be Coming Round the Mountain de Bob Dylan y mil canciones populares más.

2 La celebrada canción dice: «It won’t be a stylish marriage / I can’t afford a carriage / But you’ll look sweet upon the seat / Of a bicycle built for two«. Traducido: «No será una boda muy estilosa / ni siquiera puedo permitirme un carro / pero tú lucirás genial en el sillín / de una bicicleta hecha para dos».


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