Hay muchos grados de experiencia en esa multitud de seres humanos que asaltan el bosque , cada otoño, en busca de setas. La cosa va de los “másters de la seta” al “urbanita-que-se-va-con-el-cestito-sin-tener-ni-idea”.

Hay unas normas básicas de respeto al bosque, que tengas el grado que tengas, debes cumplir a rajatabla . Parece mentira que aún se deba decir que “Está prohibido” tirar desperdicios (tipo botellas de cerveza, latas de refrescos o colillas) pero aún hay quien lo hace .

También es importante no coger setas que no conozcamos ni nos vayamos a comer. Todos los hongos, incluso los más letales, tienen su función en la naturaleza (son descomponedores de materia orgánica). Básicamente, la regla de oro es: cazar las setas que necesites y sólo las que conozcas ( con cierta finura) y dejar el bosque como te lo has encontrado…

En este estado reverencial hacia la naturaleza, la experiencia de recoger setas es magnífica. Se unen la naturaleza, el deporte y la gastronomía en una sola actividad. El momento del descubrimiento de ese rovelló que asoma su sombrero, emergiendo de la tierra, se convierte en un instante de intensa emoción. Engancha. Si tienes suerte y “encuentras”, tu vista viaja por el suelo, de aquí y allá, como en estado de hipnosis, a la búsqueda del tesoro.


Total, todo esto para enseñaros mi …tesoro.

NB : Y fue aquí…

