Para muchas personas, el simple hecho de ver a Jason Statham en pantalla repartiendo leña ya es suficiente para pasar un buen rato y darle un aprobado. Sin embargo, a veces esto no es suficiente y debemos exigir un poquito más a quienes le montan su particular y violento patio de recreo. Y es que este largometraje de acción goza de una coherencia narrativa cogida con pinzas y un desarrollo de acontecimientos que no se sostiene por ningún lado. El protagonista debe salvar a una chica, y como es de esperar, por el camino reventará todo lo que se le ponga por delante, aunque menos de lo esperado, todo sea dicho. El problema radica en que las oportunas casualidades, los comportamientos ilógicos de los villanos y la inexplicable divagación en algunas situaciones son los medios usados para mantener la tensión. Esto alarga la trama de un modo tan artificial que te acaba sacando de la película.
Mi puntuación: 3/10

