Revista Economía
Cada día comprobamos como operaciones financieras de empresas lejanas que nunca diríamos que nos pudieran afectar, acaban por hacerlo.
Es el caso de Abertis que se ha visto obligada a cambiar su rumbo y estrategia debido a los problemas entre accionistas que se han producido en Iberdrola.
Los deseos de la constructora ACS, presidida por Florentino Pérez pero controlada por la familia March y los “Albertos”, por hacerse con el control de la eléctrica vasca le obligan a aumentar su participación accionarial. Para conseguir recursos ACS decidió que debía desinvertir en Abertis donde era el mayor accionista dando entrada a un sociedad de capital riesgo, CVC, que rápidamente ha exigido la generación de plusvalías para poder hacer frente al importante apalancamiento financiero que realizó para adquirir el 15% de la entidad, petición a la que se ha unido también ACS.
Ello ha obligado a los directivos de Abertis a buscar diversas fórmulas para cumplir con sus accionistas principales mientras La Caixa, ahora el primer accionista en importancia y ajena a esas maniobras, se lo mira con preocupación.
Inicialmente desinvirtieron en la italiana Atlantia generando una importante plusvalía. Pero no era suficiente y ante las prisas han tenido que idear una segregación de dos de las divisiones para obtener más excedentes destinados a repartir aún más dividendos.
Sin embargo, ese reparto de beneficios extraordinarios es contrario a la política de tradicional ir acometiendo más proyectos. Por lo cual, si se quiere seguir por esa vía, solo resta aumentar el apalancamiento.
Y es que las prisas de los financieros acaban por ahogar proyectos empresariales bien regidos. O dicho de otra manera, la obtención de rápidas rentabilidades a corto frena los proyectos empresariales a largo plazo. ¿Dónde queda la creación de valor? ¿No habíamos quedado que la persona debía estar en el centro y ser el objetivo básico de la economía?
Es el caso de Abertis que se ha visto obligada a cambiar su rumbo y estrategia debido a los problemas entre accionistas que se han producido en Iberdrola.
Los deseos de la constructora ACS, presidida por Florentino Pérez pero controlada por la familia March y los “Albertos”, por hacerse con el control de la eléctrica vasca le obligan a aumentar su participación accionarial. Para conseguir recursos ACS decidió que debía desinvertir en Abertis donde era el mayor accionista dando entrada a un sociedad de capital riesgo, CVC, que rápidamente ha exigido la generación de plusvalías para poder hacer frente al importante apalancamiento financiero que realizó para adquirir el 15% de la entidad, petición a la que se ha unido también ACS.
Ello ha obligado a los directivos de Abertis a buscar diversas fórmulas para cumplir con sus accionistas principales mientras La Caixa, ahora el primer accionista en importancia y ajena a esas maniobras, se lo mira con preocupación.
Inicialmente desinvirtieron en la italiana Atlantia generando una importante plusvalía. Pero no era suficiente y ante las prisas han tenido que idear una segregación de dos de las divisiones para obtener más excedentes destinados a repartir aún más dividendos.
Sin embargo, ese reparto de beneficios extraordinarios es contrario a la política de tradicional ir acometiendo más proyectos. Por lo cual, si se quiere seguir por esa vía, solo resta aumentar el apalancamiento.
Y es que las prisas de los financieros acaban por ahogar proyectos empresariales bien regidos. O dicho de otra manera, la obtención de rápidas rentabilidades a corto frena los proyectos empresariales a largo plazo. ¿Dónde queda la creación de valor? ¿No habíamos quedado que la persona debía estar en el centro y ser el objetivo básico de la economía?
Sus últimos artículos
-
¿cómo conseguir 5.000 millones de euros sin lastimar el estado del bienestar en españa?
-
PROFESIONES (CASI) DESCONOCIDAS, CON GRAN FUTUROLa escuel...
-
Alex Cruz, nuevo presidente de British Aiways
-
La Universitat de Barcelona planea edificar un inmueble de cinco pisos al lado del Palacio Real de Pedralbes
